RetrocesoA&ONº 240/28-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Debates públicos: la eutanasia
Si estoy asomado en un acantilado y sostengo con mi mano derecha a mi padre y con la izquierda a mi madre, y no puedo alzarlos a ambos, toda la sociedad debe opinar acerca de a cuál de ellos debo soltar para salvar al otro y a mí mismo. Los expertos sobre el tema se multiplican en los medios de comunicación; las encuestas de opinión pública se suceden sin cesar, y pocos están tranquilos si no llegan a formarse una idea completa del problema moral. Sin embargo, la moralidad de los casos límite económicos o políticos no se discute ampliamente; sólo se trata de los que se relacionan con los débiles.

Hay debates que nunca se abren, o que se hacen de manera que es imposible opinar de otro modo. En parte ello es bueno: el rechazo al nazismo es abrumador; pero a veces el sesgo mediático es criminal: ¡otro gallo les hubiera cantado a los millones de camboyanos asesinados por Pol Pot si no se hubiese presentado al mundo su régimen como un compañero más de viaje socialista!

Otro aspecto del tema es el que concierne a la Iglesia, objeto ella misma de debates hueros sobre los temas más nimios o anecdóticos. Y si sus representantes opinan sobre moral, aunque sea esto parte de su oficio, los tachan de confesionales. Pero, no nos engañemos: siempre, detrás de una idea hay un credo. El que afirma, por ejemplo, que abortar es un derecho de la mujer está ejerciendo la siguiente profesión de fe: No creo que lo que hay en el seno de la embarazada sea un ser humano distinto de sus padres y sujeto del derecho a vivir. Así pues, todos somos confesionales en una medida u otra.

La eutanasia en España la ha movido un pequeño grupo de personas de una asociación de la muerte, de Cataluña (sí, el mal nos viene de aquí). Cuando empezaron, cabían en un sidecar. Manejaron magistralmente el caso Sampedro, por entregas, calculando bien todos y cada uno de los movimientos en los medios de comunicación, utilizando la inteligencia y apelando al corazón, llegando al todo de cada persona. Pero no podrán con Aquel que confunde a los sabios y poderosos, y que es el Camino, la Verdad y la Vida. La marcha hacia una sociedad que cuide escrupulosamente a los seres humanos débiles, enfermos, ancianos o deprimidos, ha recomenzado ya. Aunque todos dispongamos de esa terrible arma que es el mal uso de la libertad, la vida supera a la muerte.

La opinión pública persistente y mayoritaria es cambiante, como lo demostró el famoso referendum sobre la OTAN. Dadme mil millones y cambiaré la opinión pública, dijo uno entonces. Simplemente hace falta que libremente dejemos que el Dios Omnipotente, que nunca actúa como un dictador y que siempre nos pide colaboración, conquiste para siempre nuestros corazones.

J. María Simón Castellví
Presidente de Médicos Cristianos de Cataluña