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Este Papa ve: ve las vastas y densas sombras, las tragedias de este inicio de milenio que, casi contradiciendo el mensaje de paz del Jubileo, se dan la mano para vencer a la esperanza. Los intentos de paz en Sri Lanka, Kashmir, Molucas, Argelia, Congo, Burundi y, sobre todo, en Israel y en los Territorios Ocupados de Palestina, donde se combate la guerra más larga de todo el planeta, parecen destinados al fracaso.
Al explotar la guerra étnica en Bosnia, Samuel Huntington, profesor en Harvard, basándose en datos de Chechenia, del Cáucaso, Sudán, Medio Oriente, preveía un incremento de conflictos entre las civilizaciones a lo largo de los confines culturales, reavivados aún más por el derrumbamiento de la cortina de hierro. Con el surgir de China como gran potencia oriental, trazaba un futuro de guerra entre Oriente y Occidente. Según él, los conflictos culturales pueden terminar sólo por agotamiento de las partes, o porque se crean treguas, más o menos largas, garantizadas por terceros, más potentes que las partes en conflicto. Y así Arabia, financiadora del fundamentalismo islámico, podría garantizar la paz en Sudán: la NATO y Rusia, la del Kosovo; en todo caso, la paz del planeta puede ser garantizada sólo por los líderes políticos, espirituales, de la economía. |
| Este Papa ve la cultura y la religión como elementos ligados a la misma definición de hombre: Ser humano dice significa necesariamente existir en una determinada cultura . Por eso no tiene miedo de afirmaciones contracorriente sobre el valor de patria y de nación, vistas como el sedimentarse de la historia de un individuo en su familia y en su territorio. Y por esto Juan Pablo II ve la multiplicidad de culturas como expresión maravillosa de las riquezas de la naturaleza y de lo creado, no como el presupuesto de un conflicto. Para el Papa, las amenazas a la paz provienen tanto de la exaltación de la propia cultura contra las otras, como de la homologación, fruto de los medios de comunicación al servicio de una cultura sin Dios, es decir, una no-cultura.
Este Papa ve la cultura ligada a la verdad y a la libertad. Un cierto maximalismo dominante hace de la pertenencia a un grupo una especie de fatalidad sin salida. En esta visión determinista se inspiran tanto los fundamentalismos religiosos como la corriente mentalidad relativista, que ahoga al individuo en sus relaciones sociales. El Papa, al contrario, sugiere que la cultura es obra del hombre que busca la verdad, hasta el punto que se puede medir la autenticidad de cada cultura por su ser para el hombre y para la promoción de su dignidad en todo contexto. Se podría decir que es el sofocamiento del elemento humano el que produce los conflictos. Por lo demás, cualquiera que haya visitado países islámicos o hindúes se percata de que muchos fundamentalismos africanos, medio-orientales o asiáticos son con frecuencia una reacción precisamente contra la mentalidad relativista (atea e inmoral) de Occidente. El lazo entre cultura y verdad garantiza el diálogo, el respeto, el enriquecimiento recíproco. Y el lazo entre cultura y libertad dice que el destino del planeta no es necesariamente conflictivo, sino que se confía a las opciones y al trabajo de cada individuo. La propuesta de Juan Pablo II sobre la inmigración, que salvaguarde un equilibrio y, al mismo tiempo, la fisionomía cultural de un territorio, tiene mucha fuerza y realismo; escapa de de un universalismo sin rostro y de una defensa a toda costa de las propias fronteras. Como apoyo a la esperanza de un mundo reconciliado, el Papa cita la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, milagro de la universalidad de la Iglesia, pero también sacramento para la unidad del mundo: diferentes lenguas, culturas, mentalidades, unidas en un variopinto mosaico, que conforman el cometido alto y exaltante de construir la paz en el mundo y, al mismo tiempo, demuestran que sí, que la paz es posible. Bernardo Cervellera |