|
|
|
|

|
La Puerta Santa está a punto de cerrarse, pero Cristo, a quien representa, es el mismo, ayer, hoy y siempre. ¡Él es la Puerta! En grandísimo número peregrinos que han cruzado la Puerta Santa de la basílica de San Pedro han ofrecido testimonios siempre nuevos de fe y devoción. La Plaza de San Pedro ha sido este año, más que nunca, un microcosmos que ha reflejado todas las situaciones de la Humanidad. En ella han tenido cabida jóvenes y ancianos, artistas y atletas, discapacitados y familias, políticos y periodistas, obispos, sacerdotes y personas consagradas. Recuerdo en particular la Jornada Mundial de la Juventud. Expreso mi grato aprecio a todos cuantos han contribuido a la buena marcha del Año Jubilar. El Año Jubilar ha sido para mí un momento en el que he advertido con más vigor la presencia de Cristo. El trabajo ha sido más duro de lo habitual, pero con la ayuda de Dios todo ha salido bien. Muestro mi cercanía a cuantos sufren en el agotador conflicto en Tierra Santa, e invocamos a Dios para que cese la violencia, y oriente los ánimos para que se encuentren soluciones y se llegue a una paz justa y duradera. El gran Jubileo también ha sido un año de una toma de conciencia más intensa de la urgencia de la caridad, sobre todo en la dimensión de ayuda que hay que prestar a los países más pobres. Ha tenido un gran significado el compromiso de la Iglesia en la reducción de la deuda internacional de los países pobres. (21-XII-2000) |