RetrocesoA&ONº 240/28-XII-2000SumarioTestimonioContinuar
Cuento para estos días
El mensajero
Desde luego, es que esto sólo se le ocurre a Paco. Sin preguntar, sin decir una palabra, va y lo suelta: Esta Nochebuena, todos a mi casa. ¡A mi casa! Quiere decir nuestra casa; o sea: mi vajilla, mi mesa, mi cena, mi trabajo, mi dinero, mi desesperación…

Como que no reaccioné, y así me va. Por Dios, ¡qué ojeras horrorosas, voy a estar buena por la noche! ¿Y el pelo, cuándo me lo arreglo? Porque todos iban a ayudarme…, todos; pero ¿dónde se han metido? Y eso que casi es mejor; en la cocina no hacen más que estorbar.

¿Qué hago con los langostinos? Si los pelo, no abultan nada en el plato. Y si no los pelo, me ponen las servilletas perdidas. ¿Qué más me queda? Partir los turrones, el puré de manzana, la mahonesa a última hora, los canapés y montar la nata. El asado no quiero ni mirarlo.

¿Y ahora, por qué no funcionan las luces? ¡Zas!, otra bola al suelo, y que se hacen añicos las condenadas… Si las hubieran comprado de plástico, pero no, no, de las de antes; las bolas de vidrio, el árbol de verdad —todo el día echando agujas—; el musgo, musgo; el pavo, pavo; la biblia en verso. ¿Quién llama ahora?

Mensajero.

—¿Mensajero? Suba.

¿Qué traerá? ¿Una cesta de ésas con lazo, jamón y peladillas? Sería la primera vez. Y, sobre todo, ¿quién iba a mandarla? ¿El Banco?…, no; el Banco, más bien, la cuenta corriente, con el christmas va que se mata. ¿Un detalle de los cuñados para la cena? Champán francés, caviar, ostras… Menudos son; las gracias, dos besitos y ¡qué precioso todo! ¿Un ramo de flores de los sobrinos? Los chicos de ahora no saben lo que es un ramo de flores. Acaso un chal elegante de parte de la suegra con una notita: Gracias, hija. Anda ya.

Mensajero.

—Ya va.

José vino a Belén de Judea para empadronarse, con María su esposa, la cual estaba encinta.

—¿Cómo dice?

Y sucedió que, hallándose allí, le llegó la hora del parto.

—Perdone, pero tengo una tarde… Doce a cenar, la mesa a medias; no tengo cubiertos iguales para todos; copas, sí, pero las buenas, y cada vez que saco las buenas caen una o dos; si saco las de duralex, no hay problemas, pero dirán mis cuñadas que para qué quiero las buenas, ¿comprende?

Y dio a luz a su hijo primogénito, y envolvióle en pañales y recostóle en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en el mesón.

—Es tremendo, ¿eh? Hace quince años que tuve yo a la pequeña. Me acuerdo como si fuera ahora mismo, y eso que fue en la Seguridad Social, pero vaya guerra que dio la chica. Por cierto, que ya debería haber venido; es que ayer les dieron las vacaciones y hoy tenían fiesta. El mayor, igual; reunión de amigos. Y Paco, copa con los de la oficina. Aquí la única que no está de juerga soy yo. Y usted, claro.

Estaban velando en aquellos contornos unos pastores y haciendo centinela de noche sobre su grey. Cuando de improviso un ángel del Señor apareció junto a ellos. Díjoles entonces el ángel: "No tenéis que temer, pues vengo a daros una nueva de grandísimo gozo para todo el pueblo: os ha nacido el Salvador".

—No, si bonito, es bonito. Acompáñeme a la cocina; que tengo que salsear el pavo. Maldito pavo, ¿lo está viendo? Tres horas lleva en el horno a ciento ochenta grados y está más tieso que al salir del congelador. Verá mi suegra, la perfecta, como no lo encuentre en su punto…

Sírvaos de señal que hallaréis al Niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.

—¡Qué rico!, ¿verdad? Aquí le tengo, no se vaya a creer, que somos muy cristianos. Lo tenemos todo, porque cuando los niños eran pequeños poníamos todo el belén en la terraza, pero hay que comprender que es una trastería; no he encontrado mejor sitio que encima de la tele, así que no he sacado los pastores ni las lavanderas…, sólo el Misterio, con ese adorno que he copiado de Telva, ¿a que queda mucho más fino que el lío del musgo, la harina y el papel albal?

Al punto mismo se dejó ver con el ángel un ejército numeroso de la milicia celestial alabando a Dios y diciendo: "Gloria a Dios en lo alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

—Lo mismito que dice Elcorteinglés. Claro, que ellos lo dicen por los regalos. Otra cosa, lo de los regalos; porque, antes, cuando era en Reyes, ponías un juguetillo a los niños y listo. Pero ahora hay que poner a todos… Mire, mire; en esta cesta los tengo. Con sus lazos y sus nombres; no le digo lo que me han costado, porque, cuando llegue el cargo, me voy a desmayar; pero, en fin, un día es un día. Y estamos en Navidad.

Luego los ángeles se apartaron de ellos y volaron al cielo; los pastores se decían unos a otros: "Vamos hasta Belén y veamos este suceso prodigioso que el Señor nos ha manifestado". Vinieron, pues, a toda prisa y hallaron a María y a José y al Niño.

—Oiga, ¿y Papá Noel? ¿Qué pinta en todo esto Papá Noel? A mí me cae bien. Si le digo que el año pasado me disfracé de papánoel…; es que vestir tres reyes es un lío, pero de esto otro, con un almohadón, algo rojo y una barba cumples. Mire, mire estos papanoelitos del árbol qué monos, son de Nueva York, no crea.

Y todos los que supieron del suceso se maravillaron igualmente que los pastores que lo habían presenciado.

—Bueno, pues tengo que terminar la mesa. Los langostinos no los pelo; decidido. Pero tengo que ducharme y ponerme los rulos. Qué pereza. ¿Sabe lo que le digo? Que lo que de verdad, de verdad, me apetece es echarme a dormir… hasta el día siete de enero, que empiezan las Rebajas. Así que, buenas tardes. Y feliz Nochebuena, después de todo. Por cierto, ¿cómo se llama?

Lucas.

—¿Lucas? Qué nombre más curioso. Yo me llamo María.

María conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón.

Isabel Torres
del Informativo Santa Rita