RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioDesde la feContinuar

NO ES VERDAD

¡Hay que ver las cosas que uno ha tenido que leer estos días en periódicos y revistas, y oir en radio y televisión, con motivo del paso al 2000, en pluma o en boca de augures, agoreros, profetas del tres al cuarto, echadores de cartas, adivinos, futurólogos y similares! ¡Hay que ver qué cosas ha tenido que leer uno, por ejemplo, sobre lo que le pasará a la Iglesia en el tercer milenio! ¡Pero qué cosas …! Como, por lo visto, cuanto más adelantan las ciencias y más se desarrolla todo, más crédula es la gente y más se traga lo que le echen, cada vez son más los listos y listas que se aprovechan de la ingenuidad en unos casos, de la bobaliconería en otros, o de la estúpida ambición las más de las veces. ¿No se le ocurre pensar, incluso al más sencillo de los mortales, que si los adivinos y futurólogos adivinaran algo de verdad, se dedicarían a otra cosa, en vez de verse obligados, por aquello de que hay que comer todos los días, a aprovecharse de la credulidad de los demás? Son, como muy bien acaba de escribir Eulogio López recordando a Clive Lewis, como quienes corren con mangueras a las inundaciones y con barcazas a los incendios. Vino el 2000 y se resolvió lo del avión secuestrado, Yeltsin se blindó su futuro con una caradura escalofriante, Juan Pablo II siguió desbordando afecto y entrega, y pidió que la paz sea el lenguaje del nuevo año, los pescadores a río revuelto se hicieron de oro con el camelo del efecto 2000, los basureros de Madrid recogieron 25 toneladas de basura en la Puerta del Sol, nació en Gijón el niño al que los periódicos han llamado milagro, como si los demás niños que nacen no fueran un milagro…; en una palabra, la vida siguió exactamente igual que la del día anterior, como maravillosamente ha reflejado Mingote en ABC.

De vez en cuando me llega una hoja titulada Plataforma por la intolerancia. Excesos irrefutables de los políticamente incorrectos, según la cual la opinión pública son nueve: el que dirige y piensa, dos que hablan, otro que repite, tres que aplauden, uno que hace bulto y otro nuevo que se adhiere: nueve. Está escrita en tono irónico y desenfadado y, con ocasión de las fiestas navideñas, tuvo la idea de presentar una viñeta titulada Portal de Belén políticamente correcto. A ella pertenece este diálogo entre María y José que, en vísperas de la vuelta al cole de los chicos, puede tener su aquél: Te cuento, María: resulta que al matricular a Jesús en el colegio (perdón, en el centro) me dijeron que, por ser Dios, su orientación actitudinal tendría que ser reforzada con una transversalidad sobre tolerancia (para borrar de su mente toda articulación punitiva), y hacer una adaptación curricular para atención a su diversidad. ¿Tú lo entiendes? A lo que responde María: No muy bien, José, no muy bien, pero... ¡sácalo de ahí inmediatamente!

Una marca italiana de automóviles ha sacado al mercado un nuevo coche, y los linces de publicidad de la casa le han regalado el primer prototipo de la serie al Papa Juan Pablo II, quien sin duda sabrá qué hacer con él. Ha sido suficiente para que los periódicos se hayan rasgado las vestiduras y sacado a titulares que si el nuevo coche tiene altavoces, fax, materiales nobles, sillón giratorio, blindaje especial, y que cuesta 255 millones de pesetas —no falta quien lo redondea hasta los 300—, la cuestión es enturbiar las aguas limpias. El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido que poner las cosas en su sitio, precisando que atribuir al prototipo regalado el coste de toda la serie es erróneo e induce a confusión. ¿Queda claro?

 Gonzalo de Berceo