RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioDesde la feContinuar
El tema ha abierto un interesante debate en la prensa italiana
Montanelli pide que,
en su momento,
le apliquen la eutanasia
El famoso periodista agnóstico italiano Indro Montanelli, noventón, según él, ha pedido
públicamente que, en su momento, le sea aplicada la eutanasia, en medio de una Conferencia
organizada por la Fundación Floriani de Milán. Me tengo por moderado en todo, pero
en este tema soy un radical absoluto. Y reivindico como sagrado mi derecho a elegir
el cuándo y el cómo
. El tema se desliza a lo religioso: Soy un laico envidioso de quien cree.
No temo a la muerte, sino al miedo de morir
. El asunto ha provocado un interesante
debate en la prensa italiana, en el que, curiosamente, Indro Montanelli expresa su enorme
respeto hacia la doctrina de la Iglesia. Reproducimos aquí algunas de las cartas de sus lectores

Querido Indro Montanelli: La visión cristiana de la vida y de la muerte es muy diversa de la del hombre que se cree, a veces serenamente, a veces desesperadamente, solo: desligado de todos y de todo, si no en el nacimiento, al menos en la posibilidad de elegir cuándo y cómo morir: Hay quien distingue entre un día y otro, y quien, en cambio, los juzga todos por igual; pero que cada uno intente profundizar en sus convicciones personales... Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo, porque si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor, escribía Pablo a aquellos cristianos, ya problemáticos, que vivían en Roma.

Querido Montanelli, quizá no sepa cuánta gente le quiere a usted; cuántos de nosotros recordamos aún con admiración lo que usted escribía como enviado de guerra, o desde Budapest, invadida por los carros soviéticos, y lo que usted pasó en la cárcel, y en otras horas de su vida. Ninguno de nosotros tiene la pretensión de enseñarle nada a usted. Si acaso, nosotros los cristianos mediocres, que por otro lado creemos estar en manos de Dios no sólo desde el origen de nuestra vida, y que pensamos en la muerte como un trasplante a una vida nueva, tenemos la obligación de recordarle a un Dios que Jesús nos muestra como padre, cuando le pedimos una cosa difícil: que se haga su voluntad. Para usted pedimos sólamente una gracia: que usted también se deje elegir, también respecto al cuándo y al cómo, con ese humilde abandono cuyo mejor maestro dijo, incluso en el patíbulo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Créame, con respetuoso y cordial afecto, suyo.

Pietro Nonis, obispo, en Avvenire

* * *

Querido Montanelli: Yo no estaba en la Fundación Floriani donde usted tuvo esta conferencia sobre la muerte y la eutanasia, que le ha procurado esas duras críticas por parte de la Iglesia, incluso de las más altas jerarquías. Y por tanto no puedo decir si las merece o no. Pero me gustaría saberlo. ¿Puede resumirme en pocas y sencillas palabras su discurso sobre el derecho a elegir el cuándo y el cómo morir?

S. B. Roma

Parto de una premisa: de los hombres de Iglesia y de sus periódicos —Osservatore Romano y Avvenire— no he recibido ninguna crítica dura. Su desacuerdo —que no podía faltar— ha sido expresado por todos, prelados y laicos, de la forma más respetuosa, e incluso afectuosa, de lo que no puedo menos que estar agradecido. Quiero decir que, si todos los desacuerdos que he provocado en mi larguísima carrera como periodista hubiesen sido expresados de forma tan civilizada, mi vida hubiera sido mucho menos atribulada de lo que ha sido.

Quizá, por culpa mía, mis palabras hayan sido un poco equivocadas. Yo no entiendo la eutanasia como la entendían los nazis de Auschwitz. Simplemente defiendo el derecho del hombre, cuando está condenado por un mal inexorable a la pérdida de su autonomía y memoria, en resumen, de su identidad, decoro y dignidad, a una muerte que ponga fin sin sufrimiento a ese inútil calvario sin esperanza.

Esto es lo que me ha provocado los amorosos baquetazos por parte de hombres de Iglesia y laicos creyentes, y que encuentro no sólo legítimos sino incluso obligatorios. Pero me quedo en mi opinión. ¿Es una blasfemia esto? Si lo es, es justo que pague el precio en el infierno, donde me encontraré en buena compañía, porque lo imagino muy poblado.

Indro Montanelli, en Il Corriere della Sera

* * *

Querido Montanelli: Mi impresión, es más, mi certeza es que de vez en cuando el Vaticano debería estarse callado y mudo. Cansado o incapaz de sugerir, con un golpe de genio, la novedad que todos esperan, el Vaticano, aunque no recline la cabeza, debería estar callado y meditar. Las crisis de nuestro tiempo no implican sólo a los hombres de la política, sino también a los hombres de la religión.

Te escribo a ti, querido Montanelli, que nunca has sido cobarde, para que escribas y digas qué deberían hacer esos que tienen en la cabeza sólo la religión y no otra cosa.

G.S. Milán

Estoy de acuerdo contigo, excepto en esa perentoria intimación a la Iglesia a que, en ciertos casos, se calle. Creo que ella no pediría otra cosa, pero el problema está en que en los grandes temas de la vida y de la muerte, no puede callar, y su respuesta está condicionada por el dogma, al que no puede contradecir.

Hoy la Iglesia debe buscar y encontrar un modus vivendi con una sociedad en la que los métodos del Santo Oficio, es decir, los del autoritarismo, ya no son aplicables. Yo, como tú, o más quizá que tú, los rechazo. Pero sin olvidar que la Iglesia es depositaria de algunos valores fundamentales, y por tanto hay que ayudarla a defenderlos.

Indro Montanelli, en Il Corriere della Sera