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Traspasdo el umbral del nuevo año -que no siglo, ni milenio- nuestros ojos no pueden evitar lanzar una mirada, aunque sea de soslayo, al que acabamos de dejar atrás. El 2000 es un año redondo. Año Jubilar y de Esperanza para todos. Año olímpico y de Eurocopa para los amantes del deporte. Año por tanto de grandes expectativas. El 99 mucho más modesto a priori ha sido un año de sorpresas.
Las primeras y probablemente las más grandes llegaron a pedales. La hazaña de Lance Armstrong, ganador del Tour de Francia 1999 tras superar un cáncer, nos dejó casi tan estupefactos como el sprint de un ciclista montañés, casi aficionado, que le llevó a enfundarse el maillot arcoiris de campeón del mundo de fondo en carretera allá por el mes de septiembre. Oscar Friere sorprendió a los especialistas y demostró que el ciclismo sigue siendo más cuestión de riñones que de patrocinadores. Junto a estos dos nombres y también en bicicleta podemos situar los de Llanera y Gálvez, campeones del mundo de ciclismo en pista, Joane Somarriba ganadora del Giro femenino, o Margarita Fullana, campeona del mundo de bicicross, ilustres compatriotas laureados con grandes triunfos, pero olvidados por falta de publicidad. Todos ellos son buena muestra de la inagotable cantera de deportistas españoles no siempre valorada en su justa medida. La prueba más llamativa de esta afirmación la encarnan los jugadores de fútbol de las selecciones nacionales sub 20 y sub 16. Jovencísimos deportistas empeñados en traerse a España los campeonatos del mundo y de Europa, negados a sus colegas profesionales, mientras los presidentes de los clubes de primera división se gastan miles de millones en futbolistas extranjeros de dudosa calidad que cierran el paso a nuestras pequeñas estrellas. El mundo del fútbol demuestra también que el deporte sigue siendo más eso, deporte que negocio, por mucho que les fastidie a quienes mueven los hilos. |
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Otros jóvenes españoles también en equipo y con un balón, pero éstos mirando hacia una canasta, se trajeron otro campeonato del mundo, el de baloncesto junior. Los chicos, que se han pasado el año empeñados en dejar mal a quienes se llevan los millones.
Entre éstos, entre la calle también nos hemos encontrado con agradables sorpresas. Un André Agassi que volvió por sus fueros sobre la tierra de Roland Garros tras varios meses flirteando con la prensa del corazón, o con una Steffi Graf a quien el premio Príncipe de Asturias reconoció su profesionalidad con la raqueta en la mano y su entrega a la colaboración con causas humanitarias. Si siguiéramos ojeando el calendario, nos seguiríamos topando con nombres como Abel Antón, Rafa Pascual, Jesús Carballo y otros muchos deportistas que llenan de sentido la palabra deporte. Nombres que, pese a sus triunfos internacionales, ven cómo a diario otros nombres, en muchos casos poco relacionados con lo puramente deportivo, les arrebatan el protagonismo en las páginas de los periódicos. Con estos antecedentes la mirada que estos días lanzamos al dos mil está llena de fundadas expectativas, esperemos que el año olímpico no nos defraude y nos siga descubriendo deportistas de verdad. Javier Bosque |