Páginas imprescindibles
Jacques Le Goff, uno de los mayores estudiosos de la historia medieval ofrece en estas sugestivas páginas, editadas por Paidós, un análisis riguroso y sistemático sobre una civilización que, como la medieval, está beneficiándose de los enriquecedores efectos de una creciente investigación. Rinde un justo homenaje, con este libro, a sus maestros, y expone las inmensas conquistas ya alcanzadas en el terreno de la investigación, especialmente sobre el período de los siglos X al XIII, en los que ha centrado este trabajo.
Es un momento decisivo en la evolución de Occidente, como él mismo escribe en la introducción: el de la elección de un mundo abierto frente a un mundo cerrado, a pesar de los titubeos de la cristiandad del siglo XIII entre los dos modelos. Fue un tiempo que vio el nacimiento de la ciudad, el auténtico comienzo de una economía monetaria, el artesanado pre-industrial, la construcción a gran escala, la aparición de rudimentarias máquinas utilitarias y el final de la oposición entre clérigos y laicos, gracias a un nuevo tipo de enseñanza y de ciencia, la Escolástica, apoyada en una institución nueva, la Universidad. Pero no todo es de color de rosa en el florecimiento de la Edad Media: el hambre es una amenaza permanente, la violencia está omnipresente y Occidente experimenta una conversión esencial, pasado el terror del milenarismo. La Iglesia desempeña un papel central fundamental: la religión cristiana jamás se redujo al papel de una ideología o de una policía de la sociedad establecida. Son páginas de las que difícilmente podrá prescindir quien desee un conocimiento completo de aquella época.
Los capítulos dedicados a la formación de la cristiandad y a la sociedad cristiana son particularmente interesantes para un lector cristiano, aunque no se esté de pleno acuerdo con todo cuanto dice al respecto.
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Recadera en el cielo
Dicen escribe José María Javierre en la contraportada de este libro tan original y maravillosamente escrito como todos los suyos, que acaba de editar Desclée de Brouwer que Ángeles atiende los encargos, graves o chicos que sean, porque prometió servir de recadera en el cielo para peticiones de la tierra, y parece, ya digo, que efectivamente atiende los encargos. En la primera línea de la primera página del libro dice: Aquí va el retrato de una mujer extraña.
En realidad ahí está dicho todo: es mucho más que una biografía a las que Javierre nos tiene acostumbrados; es el retrato cabal de una vida apasionante, de la historia humana, humanísima, de una mujer extraña, porque su santidad de vida estaba fuera de lo común: una monja, Dolores Dávila, a la que Javierre llama la monja de la noche clara. Nacida en Vigo, concretamente en Lavadores, en 1899; en un Vigo que todavía no era Vigo, sino poco más que el puente del Berbés
y la prodigiosa bahía hasta las Cíes.
Javierre, como todos los buenos biógrafos, se enamora de los personajes cuya biografía cuenta y va pasando los avatares las alegrías, las ilusiones de una niña invadida por Dios, el monasterio de San Agustín, de Canónigas Regulares Lateranenses, en Palencia, el tumor en el cuello, la lepra y la muerte el 15 de julio de 1988 de la vida de Dolores (Loliña), sor Ángeles del Niño Jesús desde el año 1924, por el tamiz generoso de su indisimulado afecto y admiración.
Una sola frase final, la que ella pronunció antes de entregar su alma al Creador: Quisiera volar a la gloria sin que nadie viese el color de mis cenizas. Una metáfora genial, dice Javierre. Por eso ha titulado el libro: Ni el color de mi ceniza. Y la monja de la noche clara porque para los peqeños no hay noches oscuras del alma.
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