RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioEn portadaContinuar
El Papa pide que las dos «Iglesias» se reconcilien en el 2000
China: La Iglesia católica,
en la encrucijada

Juan Pablo II sorprendía al mundo, el pasado 8 de diciembre, con un mensaje dirigido a la Iglesia
católica en China, en el que pide la reconciliación de la Iglesia clandestina, fiel a Roma, y de la
Iglesia Patriótica controlada por el régimen, durante este Año Jubilar. Durante 1999 se han
producido diversos contactos diplomáticos entre la Santa Sede y la China Popular para
sentar las bases de un posible reconocimiento internacional. La delicada situación
de esta Iglesia sufriente podría cambiar en los próximos meses

El Santo Padre se dirige en el mensaje, de modo especial, a los pastores y a los fieles de China continental, los cuales no pueden manifestar aún, de manera plena y visible, su comunión con esta Sede Apostólica, y afirma: He sabido con alegría que comprendéis que el don más precioso de la celebración del Gran Jubileo es la unidad entre vosotros y con el Sucesor de Pedro. Tal propósito puede ser sólo fruto del Espíritu, que conduce a la Iglesia por los nada fáciles caminos de la reconciliación y la unidad.

Según la agencia vaticana Fides, los obispos oficiales chinos, con el obispo de Pekín a la cabeza, se han lanzado a los preparativos del Jubileo, cuyo símbolo oficial ha sido colgado en todos los templos católicos del país, gesto que en la práctica reconoce oficialmente que las indicaciones pastorales del Papa valen también para la Iglesia en China. Muchos católicos chinos han pedido pasaportes y visados para poder peregrinar a Roma, pero aún no han recibido respuesta del Gobierno. El obispo de Xian ha pedido a todos los fieles vivir el perdón recíproco como signo de la novedad traída por Cristo.

El 15 de diciembre, el South China Morning Post publicaba una información según la cual se ha dicho a los obispos del continente, así como a los de Hong Kong y Taiwán, que esperen novedades a principios de este año, y que estén preparados para una convergencia entre la Iglesia oficial y la no oficial. Durante 1999, representantes de la Santa Sede y de China Popular han mantenido, que se sepa, hasta 20 encuentros diplomáticos con vistas a un reconocimiento entre ambos Estados, aunque oficialmente no se han confirmado. Según este periódico, el Vaticano habría aceptado cortar relaciones diplomáticas con Taiwán, a cambio de adoptar el sistema vietnamita en la elección de obispos (el Gobierno propondría una terna y la Santa Sede elegiría al candidato). Por su parte, el Papa viajaría a la República Popular tan pronto como su salud se lo permitiera. Ninguno de estos extremos ha sido confirmado oficialmente.

China quiere que el Vaticano deje de reconocer a Taiwán, en una maniobra calculada para rehacer la unidad territorial tras la anexión de Hong Kong y Macao, mientras que el Vaticano quiere que desaparezca la Asociación Patriótica. El tira y afloja no ha hecho más que comenzar. De hecho, no puede olvidarse la negativa de China a que el Papa pasase por Hong Kong, en su último viaje a la India; tampoco puede olvidarse la prohibición del Gobierno a que los obispos de Wanxian, monseñores Matías Duan Yinmin y José Xu Zhixuan, participaran en el Sínodo de Asia el pasado año. No obstante, el Gobierno chino ha permitido tímidos gestos de apertura: en octubre, por primera vez, un periódico oficial de Pekín publicaba una imagen del Papa, explicando que era el primero por la izquierda; actualmente se permite que se incluya la plegaria por el Santo Padre en las misas oficiales, y que los seminaristas estudien fuera de China (excepto en Hong Kong). De establecerse relaciones diplomáticas, China Popular enviaría un embajador al Vaticano en sustitución del actual de Taiwán, ya que el Vaticano es hasta ahora el único Estado soberano de Europa y uno de los pocos del mundo que no reconoce oficialmente a China desde 1951.

¿Hasta qué punto se trata de los primeros pasos de una apertura, y no de gestos simbólicos? El mismo 15 de diciembre, la agencia vaticana Fides filtraba un documento secreto del partido comunista chino, con fecha del pasado agosto, en el que se dicta la política del partido hacia la Iglesia con vistas a un posible restablecimiento de las relaciones diplomáticas, pero en el que también se fijan etapas para acabar con la Iglesia no oficial. Se afirma que toda comunidad cristiana debe ser guiada por un comité democrático, que administra la vida de los cristianos según las directivas del Gobierno; que el Consejo de los Obispos debe someterse a la Conferencia de los Representantes Católicos (órgano oficial), y que la Iglesia subterránea debe desaparecer a través de la destrucción de seminarios y conventos, la reeducación, los trabajos forzados, el retiro y aislamiento de sacerdotes y obispos irreductibles. De hecho, algunos representantes de la Iglesia no oficial se muestran contrarios a este acercamiento diplomático, ya que, aunque desaparezca la Asociación Patriótica, el Gobierno crearía algún otro tipo de control para eliminar la indeseada «influencia extranjera», y se obligaría a los católicos de la Iglesia no oficial a salir a la luz y, por tanto, a caer bajo el control de las autoridades. Muchos prevén una auténtica purga de la Iglesia subterránea en los próximos meses. Según Giancarlo Politi, director de la revista italiana Mondo e missione, hay un temor que fue expresado hace ocho o nueve años, tras la desintegración de la Unión Soviética: se piensa que Juan Pablo II es la figura de desestabilización de todos los regímenes comunistas. El mismo Papa lo recuerda en el mensaje a los católicos chinos: ¡Parece que el tiempo de la prueba, en algunas regiones, no ha terminado todavía!

LA CUESTIÓN DE TAIWAN


Por otro lado, un posible acercamiento entre la China Popular y la Santa Sede coloca en una situación delicada a la Iglesia en Taiwán, aunque todos los expertos están de acuerdo en que, para la Iglesia, el problema de Taiwán es secundario respecto a la cuestión del control del Gobierno sobre la Iglesia. Según Bernardo Cervellera, director de Fides y gran conocedor de la realidad china, en una entrevista para Alfa y Omega, Taiwán no es un problema para la Iglesia; el verdadero problema es el nombramiento de los obispos, que deben ser libres para decidir qué hacer en la vida de la Iglesia, y no los funcionarios de la Asociación Patriotica. Para China, oficialmente el problema es Taiwán, pero en realidad el problema es el control sobre la Iglesia. La Iglesia, en los años 70, redujo el nivel de su presencia en Taiwán, de Nunciatura apostólica, a una simple Delegación; por tanto el problema de Taiwán por parte de la Iglesia está resuelto desde hace mucho tiempo. Monseñor Duan Yinmin comenta, al respecto: La Asociación Patriótica es una barrera para la comunión de la Iglesia.

Giancarlo Politi apoya esta tesis: El gran obstáculo entre China y el Vaticano no es el reconocimiento de Taiwán, como quiere hacer creer el aparato de propaganda del partido y los periódicos oficiales. No se puede decir que el problema no sea relevante, pero sí se admite que su importancia es secundaria. En 1985, en una visita ad limina, los obispos de Taiwán hicieron un histórico gesto de apoyo al Santo Padre por boca del arzobispo de Taipei, monseñor Kia, que anunció: Santo Padre, en lo relativo a las relaciones con la República Popular, haga lo que crea necesario para el bien de la Iglesia. Aceptamos su decisión. Los obispos han dejado muy claro que una modificación de las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Taiwán no modificará en nada las relaciones eclesiales, ya que se trata de un problema de naturaleza exclusivamente política. De hecho, parece ser que la Santa Sede ha encomendado la mediación en la evangelización de China continental a la Iglesia en Taiwán.

UNA «ÚNICA» IGLESIA


El fenómeno de la llamada Iglesia subterránea se remonta a finales de los años 70. Antes, quienes no deseaban formar parte de la Asociación Patriótica (que proclama una Iglesia independiente de Roma y sometida al Partido Comunista) eran simplemente encarcelados o asesinados. La liberalización efectuada por Deng Xiaoping, la apertura de las primeras iglesias, el retorno de muchos sacerdotes y obispos de los campos de concentración, después de los excesos de la Revolución cultural de Mao (1966-1976), pone al clero ante una decisión: o aceptar el estrecho control del Estado sobre los ritos y actividades pastorales, o huir del control creando estructuras paralelas (iglesias domésticas, seminarios, etc.) Estas estructuras son oficialmente ilegales desde 1994, cuando el primer ministro Li Peng aprobó los Reglamentos para las comunidades religiosas que obligan a inscribir y someter al control para el Departamento de Asuntos Religiosos los lugares de culto, los celebrantes, los fieles participantes, los horarios, finanzas, etc. Desde entonces se ha desencadenado en muchas zonas de China una verdadera campaña para eliminar a la Iglesia subterránea, absorbiéndola en la oficial. Los métodos van desde los arrestos domiciliarios, violencias físicas y psicológicas y chantajes económicos.

Cuando el Papa se dirige a los católicos chinos, lo hace considerándolos una única Iglesia. De hecho, el panorama ha cambiado en los últimos años, ya que muchos obispos oficiales han pedido secretamente su reconocimiento por parte de la Santa Sede. Lo confirma el padre Bernardo Cervellera: En la Iglesia oficial hay muchísimos, probablemente más de la mitad de obispos y de sacerdotes, que están en comunión profunda con toda la Iglesia. Por esto, el Papa está trabajando desde hace mucho tiempo por una reconciliación. Pide a los obispos de la Iglesia subterránea, que han sido perseguidos, que sean misericordiosos y amen a los obispos de la Iglesia oficial, que quizá no hayan sufrido esas persecuciones. Y a los obispos de la Iglesia oficial les pide que sean más explícitos en su relación de comunión con Pedro y con los otros obispos.

Según fuentes no oficiales, las relaciones entre las dos Iglesias varían según las provincias o regiones. En algunas, la clandestina predomina, mientras que en otras al revés. No se puede hablar de reconciliación en sentido estricto —los fieles simplemente conviven—. Entre los ministros esa relación tampoco existe, aunque sí cabe hablar de reconciliación de los obispos con la Santa Sede, en la medida en que la piden y consiguen. Pero, debido a esta situación, hay entre los obispos situaciones de todo tipo: legítimos pero no realmente fieles a la Santa Sede; ilegítimos pero reconciliados secretamente; ilegítimos no reconciliados; legítimos y reconciliados, pero secretamente. En cuanto a los obispos clandestinos, todos son legítimos.

Según las mismas fuentes, respecto a la asistencia a Misa, en provincias donde la persecución no es fuerte, conviven más o menos en paz la Iglesia clandestina y la oficial. Los oficiales pueden ir a la Misa sin ningún problema, en tanto que los clandestinos tienen que ir a escondidas, y dependen de si tienen pastores que les administren los sacramentos o no. En regiones donde la persecución es intensa, no es posible ningún tipo de culto.

LA PERSECUCIÓN CRECE


Según el informe de Amnistía Internacional La represión religiosa en China, publicado en julio de 1996, las medidas represivas aplicadas a los miembros de grupos religiosos que no se han registrado oficialmente se han intensificado desde 1994. Para los fieles de estos grupos, el hostigamiento a menudo se ha concretado en detenciones repetidas y multas muy elevadas. A los identificados como dirigentes de los grupos religiosos ilegales se les han impuesto sanciones más severas, entre ellas, largos períodos de prisión. Las autoridades han confiscado las propiedades de algunos grupos y les han demolido sus casas y sus lugares de culto. También ha habido muchos informes según los cuales la policía infligía fuertes palizas a los creyentes durante redadas policiales en reuniones religiosas pacíficas. El hostigamiento normalmente se ha incrementado antes y durante acontecimientos importantes o fiestas cristianas como Navidad o Pascua.

Desde 1994, muchas provincias han aprobado disposiciones que regulan la administración de los asuntos religiosos. Así se da la circunstancia de que, dependiendo de la provincia, la legislación tanto religiosa como en política familiar es más o menos restrictiva.

Según el informe de Amnistía Internacional, en enero de 1996 tuvo lugar una importante Conferencia sobre la Religión, en Pekín, en la que las autoridades chinas expresaron su preocupación de que la religión constituya una amenaza para la unidad nacional. Se determinaron tres tareas necesarias para suprimir los problemas religiosos: ordenar que se registren oficialmente todos los lugares de culto, abordar los difíciles problemas religiosos de interés público y educar contingentes de predicadores religiosos jóvenes y patriotas. El 14 de marzo de 1996, el periódico oficial Renmin Ribao publicaba un artículo en el que se citaban las tres máximas de Jiang Zemin en materia de religión: Aplicar de forma completa y correcta la política religiosa del Partido, reforzar la gestión de los asuntos religiosos de acuerdo con la ley, y guiar a la religión para que se pueda adaptar a la sociedad socialista. La represión se extiende a todos aquellos grupos que no están registrados oficialmente, sean de la religión que sean (budistas, musulmanes, protestantes y católicos), sobre todo desde 1994, fecha en que las autoridades anunciaron que era ilegal celebrar actividades religiosas en lugares de culto no registrados. Dos obispos no oficiales de Hebei, monseñor Su Zhimin y su auxiliar An Shuxin, permanecen en paradero desconocido, retenidos por las autoridades desde hace tres años. Este año han sido detenidos centenares de fieles, según datos de la Fundación Cardenal Kung, entre ellos monseñor Jia Zhiguo, obispo de Zhengding detenido el pasado 14 de agosto.

MÁS CONVERSIONES


En China el número de los católicos está creciendo. Las cifras rondan, según diversas fuentes, entre los 10-12 millones de católicos. Según Fides, en 1995 la Comisión Central para la Disciplina y el Control, del Partido Comunista, decía que el 9% de los miembros del Partido pertenecían a asociaciones religiosas. El mayor número de conversiones (hasta el 18%) se ha registrado en las ciudades: Tianjin, Dalian, Qingdao, Xian, Chongqing, Wuhan, Fuzhou, Haikou y Shenzhen. Los miembros del Partido que se convierten son expulsados, y los soldados tienen prohibido llevar objetos religiosos y rezar, aun en privado. Según el mismo informe, ser miembro de una religión constituye un obstáculo en cualquier carrera.

Según fuentes no oficiales, en general, la Iglesia clandestina es mucho más floreciente y activa que la oficial. Muchas veces son los mismos fieles laicos quienes evangelizan, y gracias a su celo apostólico los cristianos van aumentando a gran paso con los años. Lo mismo pasa también en el sur. El pueblo chino, generalmente hablando, está muy abierto a la religión cristiana; los jóvenes buscan con gran inquietud la verdad religiosa, y la religión cristiana es valorada por ellos mucho más que el budismo Pero existen dificultades de todo tipo. En general, no tienen fácil acceso a la Iglesia católica, bien porque los protestantes son más influyentes, bien porque el Gobierno tacha de la Iglesia católica de rebelde en el sentido de que anda siempre al margen de la ley nacional. Y la mayor dificultad estriba, por supuesto, en que la Iglesia fiel a la Santa Sede sigue siendo perseguidísima; no tiene apenas posibilidad de desarrollar su actividad apostólica.

El lugar fundamental de la evangelización en China ha sido siempre la familia —afirma el padre Cervellera—. Aunque la ley prohibe profesar cualquier credo antes de los 18 años, de hecho la vida en familia lleva siempre a muchos a transmitir la fe y a aceptarla. Por tanto la familia constituye la espina dorsal de la evangelización en China. En las ciudades la misión depende mucho de las relaciones internacionales, sobre todo en las ciudades de la costa, entre los intelectuales, profesionales liberales, etc. que encuentran personas de fe cristiana que vienen del extranjero.

Según Cervellera, para celebrar las fiestas religiosas, a veces los católicos se encuentran fuera, al abierto, lejos de la ciudad, y otras veces en cambio se encuentran en las casas. Claro que siempre existe el riesgo de que la policía les detenga, o que disturbe tanto la celebración que tengan por fuerza que irse. Los católicos son arrestados por «daños al orden publico». Ha habido casos de malos tratos por parte de la policía: a muchos católicos se les ha pegado hasta el punto que les han roto huesos, les han roto las piernas a golpes. Otras veces han profanado la Eucaristía, destruido los libros sagrados, confiscado dinero, etc.

Los seminarios clandestinos son casas privadas donde acuden los seminaristas; no viven juntos, sino que acuden de noche para estudiar, hablar con los sacerdotes y directores espirituales, etc. Pero quienes llevan una vida verdaderamente dura son los sacerdotes, que cada noche cambian el lugar en que viven para no ser descubiertos; no pueden trabajar y por tanto no tienen dinero. Es impresionante verlos, delgadísimos, demacrados, con riesgo de coger todo tipo de enfermedades, añade Cervellera.

TENER HIJOS: UNA AVENTURA

Según Cervellera, los católicos pueden tener más de un hijo en la medida en que pagan un impuesto. El problema es que a menudo los católicos son perseguidos también aunque tengan un solo hijo. Por ejemplo, en el norte de China hay gobernadores locales que obligan a los católicos a tasas enormes, aun sabiendo que los católicos estaban ya penalizados por el Gobierno, y ponen tasas falsas que luego se quedan ellos. Los católicos son una minoría a la que extorsionar. Hay que decir que son los que más se ofrecen para adoptar a niños abandonados. Muchos han creado pequeños orfanatos donde acogen a los niños abandonados a causa de la política del hijo único; a veces con el apoyo del Gobierno, otras no.

Según fuentes no oficiales cercanas a China, los recursos de los matrimonios católicos para tener más hijos pueden ser tantos cuantas provincias hay en toda China. Algunos escapan a provincias vecinas donde el régimen del Gobierno local no es tan rígido. Otros, a zonas montañosas o a pueblos pequeños donde puedan trabajar como campesinos, y así, como pueden tener más alimentos y no depender de la ración contada y controlada, pueden tener más hijos, con tal que se resignen a pagar enormes multas. Los que viven en ciudades más o menos centrales no tienen la más mínima posibilidad, ya que la ración de alimentos está bajo control, y las mujeres casadas están bajo la vigilancia del órgano sanitario de cada zona. Una vez que se les ve embarazadas por segunda vez, se las llevan al hospital para abortar. En algunos pueblos algunas mujeres pueden intentar escapar a las montañas o zonas apartadas para dar a luz a sus segundos hijos, pero casi siempre acaban mal. Pueden comprometer a toda la familia: los funcionarios locales pueden torturar a sus familiares, mayores o pequeños, quemar sus casas, ponerles multas equivalentes a sus salarios anuales, etc., y finalmente las mujeres reciben la operación de aborto por igual. Esta brutal política de control de la natalidad podría suponer también un problema en las relaciones con Pekín.

FUTURO INCIERTO


Según fuentes no oficiales, la persecución contra los católicos está agravándose. Las persecuciones no siempre son de la misma intensidad en todo momento; son como olas que van y vienen. Y eso depende de la presión internacional sobre el Gobierno, así como de la táctica o actitud de los funcionarios de cada Gobierno local, y en último término del Buró Central de Asuntos religiosos. Es difícil saber qué ocurrirá en los próximos años. Si la Santa Sede no logra establecer relaciones oficiales con el Gobierno, las persecuciones seguirán como siempre, con más o menos intensidad. Pero si se logra, otro tipo de problemas surgirán en la Iglesia en China como, por ejemplo, cómo se reconcilian las dos Iglesias a todo nivel, cómo fomentar la confianza mutua, los sacerdotes ordenados en la clandestina necesitarán algún tipo de reconocimiento de parte del Gobierno o no, y qué hacen si no quieren exponerse al peligro de ser conocidos personalmente por el Gobierno por falta de confianza, etc.

Según el padre Bernardo Cervellera, actualmente, según las últimas noticias de China, la Iglesia oficial está cada vez más controlada por el Gobierno. Algunos sacerdotes oficiales están controlados «a la vista» por miembros de la Asociación Patriotica que escriben todo lo que hacen, con quién se encuentran, dónde van, qué dicen, etc. Hay curas tan asustados que incluso se niegan a predicar por miedo a decir algo no permitido; se trata de una Iglesia prisionera. En la Iglesia subterránea se han registrado muchísimos arrestos de laicos, de obispos y sacerdotes... en un intento de convencerles para que entren en la Asociación Patriotica. Quienes no aceptan son retenidos.

No se pueden hacer previsiones, porque China hace muchas veces golpes de escena que no son posible prever. Pero yo temo, tal y como están ahora las cosas allí, que para la Iglesia subterránea, pero también hacia la Iglesia oficial, se prevé un aumento de la persecución y sobre todo del control. Parece que se cumple la sentencia dada por el periódico oficial Xinjiang Ribao del 18 de mayo de 1995: La libertad de creencia religiosa no significa libertad para la religión. Será el escollo más grande en las relaciones entre China y la Santa Sede.

Inma Álvarez