RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioEn portadaContinuar
«No podemos celebrar
la Misa cuando queremos»

El testimonio que publicamos, servicio de la agencia «Fides», fue entregado por un obispo
de la Iglesia no oficial a un amigo que le visitaba, en un momento de menor control por
parte de la policía. Los arrestos domiciliarios, a los que son sometidos no pocos obispos
de la Iglesia clandestina, consisten en una serie de controles cotidianos, que se convierten
en verdadera y propia detención en algunos momentos delicados para la imagen
internacional del régimen como, por ejemplo: el retorno de Hong Kong a China (1997),
la visita de Clinton (1998), los recientes festejos por el 50 aniversario de la República Popular.
A estas ocasiones, «externas», hay que añadir también la práctica «interna» de
secuestrar a un obispo para convencerlo a abandonar la Iglesia no oficial

En China no podemos celebrar la Misa cuando queremos. No podemos emprender ninguna actividad como, por ejemplo, la orientación de sacerdotes o abrir un nuevo seminario. La libertad del sacerdote de la Iglesia oficial es todavía menor que la del sacerdote clandestino: se les controla cualquier movimiento, cuándo entran y salen de casa. Para cualquier actividad es obligatorio pedir permiso. Un sacerdote de la Iglesia clandestina puede al menos visitar a los fieles en secreto.

Yo, sin embargo (encontrándome en arresto domiciliario), no tengo libertad par visitar a mis fieles. A veces hago alguna misión a escondidas, pero es dificilísimo. Cuando Hong Kong retornó a China, y en las solemnidades de la Iglesia, me encuentro siempre bajo arresto domiciliario. Me han encerrado en casa, sin poder tener contacto con los fieles. Sacerdotes o religiosas pueden venir a verme sólo de dos en dos, o individualmente, pero siempre a escondidas. Si por casualidad se les descubre, son castigados y secuestrados sus objetos religiosos y dinero. Cuando digo que voy a la ciudad para consultar al médico, no me creen y me dicen: Seguramente vas a visitar a tus fieles...

Los funcionarios del Gobierno nos dicen que podemos sólo rezar por el Sumo Pontífice, pero no obedecerle. Yo les digo: Vosotros no profesáis ninguna religión. Nuestra fe es una, santa, católica y apostólica; nuestra relación con el Papa es como la relación entre el tronco de la vid y los sarmientos...

Los seminarios de la Iglesia católica disponen de formadores provenientes del extranjero. Esperamos que estos formadores enseñen también en los nuestros. Ciertamente existen dificultades como, por ejemplo, respecto a la seguridad. Tenemos dificultades también desde el punto de vista financiero, pero podemos resolverlas. En nuestra diócesis clandestina tenemos actualmente 40 sacerdotes, 50 seminaristas, 100 religiosas...