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En China no podemos celebrar la Misa cuando queremos. No podemos emprender ninguna actividad como, por ejemplo, la orientación de sacerdotes o abrir un nuevo seminario. La libertad del sacerdote de la Iglesia oficial es todavía menor que la del sacerdote clandestino: se les controla cualquier movimiento, cuándo entran y salen de casa. Para cualquier actividad es obligatorio pedir permiso. Un sacerdote de la Iglesia clandestina puede al menos visitar a los fieles en secreto.Yo, sin embargo (encontrándome en arresto domiciliario), no tengo libertad par visitar a mis fieles. A veces hago alguna misión a escondidas, pero es dificilísimo. Cuando Hong Kong retornó a China, y en las solemnidades de la Iglesia, me encuentro siempre bajo arresto domiciliario. Me han encerrado en casa, sin poder tener contacto con los fieles. Sacerdotes o religiosas pueden venir a verme sólo de dos en dos, o individualmente, pero siempre a escondidas. Si por casualidad se les descubre, son castigados y secuestrados sus objetos religiosos y dinero. Cuando digo que voy a la ciudad para consultar al médico, no me creen y me dicen: Seguramente vas a visitar a tus fieles... Los funcionarios del Gobierno nos dicen que podemos sólo rezar por el Sumo Pontífice, pero no obedecerle. Yo les digo: Vosotros no profesáis ninguna religión. Nuestra fe es una, santa, católica y apostólica; nuestra relación con el Papa es como la relación entre el tronco de la vid y los sarmientos... Los seminarios de la Iglesia católica disponen de formadores provenientes del extranjero. Esperamos que estos formadores enseñen también en los nuestros. Ciertamente existen dificultades como, por ejemplo, respecto a la seguridad. Tenemos dificultades también desde el punto de vista financiero, pero podemos resolverlas. En nuestra diócesis clandestina tenemos actualmente 40 sacerdotes, 50 seminaristas, 100 religiosas... |