|
|
Los muchachos, cuya edad media era de 20 años, fueron acogidos por la gente de Varsovia en su propia casa. De hecho, la convivencia con las familias fue uno de los momentos más importantes del encuentro. A veces los muchachos no pudieron ni siquiera intercambiar dos palabras con sus anfitriones, pues no hablaban un idioma común; sin embargo, hay gestos que no olvidarán: como el comprobar que les dejaron las mejores camas de la casa y que el padre y la madre se fueron a dormir a un sofá en el salón. El encuentro de este fin de año buscaba encontrar una manera de afrontar con la solidaridad y la oración los desafíos que se presentan a los jóvenes en este inicio de milenio. Entre los chicos y chicas presentes había, entre otros, 2.000 croatas, 1.500 franceses, 2.000 lituanos, 2.000 alemanes, 400 rusos, 2.140 rumanos, 3.000 italianos, 300 bosnios.Por la mañana, los jóvenes vivieron momentos de oración en las parroquias de Varsovia. Los encuentros comunes se tenían en el palacio de los deportes de Towar, cerca del centro de Varsovia. A las 13.30 h. se reunieron en una oración común de los muchachos de todos los países que aquí están representados. La novedad de este año es que la oración fue seguida de una introducción bíblica y una oración del Hermano Roger de Taizé. En la tarde vivieron momentos de encuentro y de testimonio. Concluyeron cada uno de los días del Encuentro con una vigilia de oración de los jóvenes con las familias en diferentes lugares de la ciudad. Juan Pablo II quiso hacerse presente entre estos muchachos enviando un mensaje en el que desea que esta iniciativa sea un momento privilegiado de acogida recíproca y de fraternidad, de oración y de contemplación, que lleve a una apertura cada vez más grande a Dios y a los demás. El Santo Padre alentó a los jóvenes, en este Año Jubilar que comienza, a hacer del lugar de su Encuentro lo que la Escritura dice al hablar de Jerusalén: Un lugar de alegría y de acción de gracias allí donde se sabe que Dios está presente y donde es bueno ponerse bajo su mirada con confianza de hijos, estando totalmente disponibles a hacer su voluntad; un lugar en el que se toma conciencia de que Dios es un Padre amoroso y misericordioso, que hace de la Humanidad una sola familia. |
|
En estos momentos en que muchos de nuestros contemporáneos están marcados profundamente por la violencia, por el miedo al mañana y por un interrogante angustiante sobre el sentido de la vida explicó el Papa en el mensaje dirigido al Hermano Roger, Prior de la Comunidad de Taizé, los cristianos deben ser más que nunca testigos ardientes y vigorosos de la esperanza de la que viven.
Y añadió: ¡Que los jóvenes no tengan miedo de dejarse poseer por Cristo y encontrar en su palabra el dinamismo que les ayudará a construir su vida interior y que les llevará al encuentro con sus hermanos para construir con ellos un mundo nuevo, fundado en el amor mutuo y en el perdón! Y dirigiéndose a los jóvenes, particularmente a los que se sienten más heridos por la vida, concluyó: A cada uno de ellos, les digo con fuerza: donde quiera que estéis, en vuestras familias, en vuestras escuelas, en vuestros lugares de trabajo o de descanso, sed siempre servidores del Evangelio de la esperanza! La Comunidad acoge a jóvenes cristianos de varias confesiones. Fue fundada en 1940 en Taizé, Francia, por el Hermano Roger. Jesús Colina |