RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioMundoContinuar
Jubileo de los Niños
100.000 pequeños con el Papa
Roma no había visto otra cosa igual en toda su historia. El pasado domingo, unos cien mil
chavales, de entre 6 y 14 años, de cuarenta países se congregaron en la plaza de San Pedro
para celebrar con Juan Pablo II el Jubileo de los Niños

Al ver este río de pequeños, el mismo Juan Pablo II confesó su sorpresa. Dejando a un lado el texto que había preparado dijo: Hoy somos muchos. Desde aquí no logro ver a todos y no se ve hasta dónde llegan. Con probabilidad hasta el Tíber. Los niños respondieron con aplausos y gritos. Habían comenzado a llegar al Vaticano a las seis de la mañana. 13 trenes especiales, grupos bulliciosos de niños con ojeras, más de 600 autobuses procedentes de varios países de Europa.

En primer lugar, se celebró la Misa, presidida por el cardenal Etchegaray, Presidente del Comité vaticano para el Jubileo, en la Basílica vaticana, en la que sólo pudieron participar los ocho mil que más habían madrugado, pues no cabían más. Después, todos se reunieron en la plaza, soportando con serenidad las molestias de la larga espera y del frío para poder saludar al Papa.

El Santo Padre apareció poco antes de las 11, mientras la atmósfera era calentada por el sol y la música a ritmo del himno especial compuesto para esta ocasión: Apóstoles de la alegría. Su llegada desencadenó una explosión de alegría. Los pequeños llevaban viseras blancas que, al agitarse, produjeron un espectáculo realmente sugerente. El río humano no sólo llenaba la plaza de San Pedro, sino que se desbordaba para inundar la plaza contigua y la Vía de la Conciliación.

Nosotros, niños y muchachos por el Jubileo, nos comprometemos a ofrecer nuestra ayuda para que el nuevo milenio sea más bueno, más bello y más justo para todos.

Juan Pablo II denunció la abyección que supone la explotación de los niños en todo el mundo y añadió:¿Cómo podemos olvidar a tantos niños a los que se les niega incluso el derecho a nacer?

Por la tarde, en el Aula Pablo VI, hubo un precioso acto en el que se reivindicó para todos los niños del mundo el derecho a la alegría. Uno de ellos, polaco, le dijo al Papa que seguía el encuentro a través de la televisión:¿Sabes que mis ojos son como los tuyos? Otro rezó esta oración: Querido Jesús:te escribo porque ya no puedo más. Estoy harto de todos los que lo saben todo, pero en ese todo no estás Tú…

Jesús Colina. Roma