RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioMundoContinuar
Liberar a niños-soldado
Poco antes de que Juan Pablo II se dirigiera a los más de cien mil pequeños que se reunieron en la plaza de San Pedro, tomó la palabra el obispo de Makeni, en Sierra Leona, monseñor Sergio Biguzzi, rodeado por diez niños-soldado. Llegados a Roma en representación de los centenares de niños-soldado a los que ha liberado la Iglesia en aquel país, ensangrentado por uno de los conflictos armados más largos de África. El Comité vaticano para el Jubileo ha lanzado la iniciativa de comprar la liberación de estos pequeños reclutas. Como ellos, en el mundo (especialmente en África, Asia y Iberoamérica) hay 300 mil soldados con menos de 18 años. El precio de la liberación de cada uno de ellos es de cien dólares. La Iglesia ha lanzado una campaña mundial, en vísperas de esta fiesta, para tratar de rescatar al mayor número de pequeños soldados. Se calcula que podría llegar a liberarse a unos 6.000.

Estos muchachos son muy codiciados en numerosos países en conflicto, tanto por los guerrilleros como por los ejércitos regulares. Su fuerza está precisamente en su fragilidad: es muy fácil drogarlos o emborracharlos y de este modo alcanzan una audacia feroz, superior a la de cualquier soldado. Monseñor Biguzzi, que hace unos meses fue secuestrado por los guerrilleros durante unos días, revela la situación que han tenido que vivir estos muchachos y cuáles son las iniciativas que ha lanzado la Iglesia en Sierra
Leona para restituir la esperanza a estos niños: Todas las experiencias son dolorosas, pues han sido apartados de su familia contra su voluntad y contra la voluntad de sus familiares. Algunos han sufrido más que otros. Ahora que han sido liberados de la guerra y que han sido acogidos por el centro dirigido por Cáritas, tratamos de ofrecerles una vida normal. Por el momento, los hemos reintegrado en la escuela. Los que son más grandes comienzan a aprender un oficio. Tratamos de ponernos en contacto con sus familias. Luego nos aseguramos de que la familia pueda recoger al muchacho y, si es posible, les damos seguimiento ayudando a las familias respectivas y estando disponibles para escuchar a los muchachos. Si no logramos reintegrarlos en la familia por el motivo que sea, permanecerán durante un cierto tiempo en un centro de acogida y de rehabilitación.