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Poco antes de que Juan Pablo II se dirigiera a los más de cien mil pequeños que se reunieron en la plaza de San Pedro, tomó la palabra el obispo de Makeni, en Sierra Leona, monseñor Sergio Biguzzi, rodeado por diez niños-soldado. Llegados a Roma en representación de los centenares de niños-soldado a los que ha liberado la Iglesia en aquel país, ensangrentado por uno de los conflictos armados más largos de África. El Comité vaticano para el Jubileo ha lanzado la iniciativa de comprar la liberación de estos pequeños reclutas. Como ellos, en el mundo (especialmente en África, Asia y Iberoamérica) hay 300 mil soldados con menos de 18 años. El precio de la liberación de cada uno de ellos es de cien dólares. La Iglesia ha lanzado una campaña mundial, en vísperas de esta fiesta, para tratar de rescatar al mayor número de pequeños soldados. Se calcula que podría llegar a liberarse a unos 6.000.
Estos muchachos son muy codiciados en numerosos países en conflicto, tanto por los guerrilleros como por los ejércitos regulares. Su fuerza está precisamente en su fragilidad: es muy fácil drogarlos o emborracharlos y de este modo alcanzan una audacia feroz, superior a la de cualquier soldado. Monseñor Biguzzi, que hace unos meses fue secuestrado por los guerrilleros durante unos días, revela la situación que han tenido que vivir estos muchachos y cuáles son las iniciativas que ha lanzado la Iglesia en Sierra |