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Siempre es un reto especial organizar una muestra de este tipo, porque la peregrinación es una vivencia, y no un objeto, reconoce Claudio Strinati, superintendente para los Bienes Artísticos e Históricos de Roma. Otros tiempos, otros caminos, otras mentalidades
y la misma peregrinación, tan difícil de entender hoy desde fuera como hace quinientos o mil años. Ésta es, por eso, una exposición ante todo de peregrinos y para peregrinos. El romero de 2000, que viaja en avión y habla por teléfono con cualquier rincón del mundo, descubre a aquel que se encomendaba al Altísimo y se lanzaba, con un puñado de monedas y un callado, a lo desconocido. No tiene que vérselas con los salteadores, ni con el frío o el hambre. Pero es en él donde encuentra sus raíces, el inicio del que tal vez sea el fenómeno de fervor popular de mayor trascendencia de la Iglesia y que al peregrino de hoy se le ha encomendado continuar. Incluso en la era de las telecomunicaciones, es, como quienes le precedieron en el camino, uno de los grandes tesoros de la Iglesia, agente privilegiado de evangelización y testigo como pocos de su universalidad.Primero, a Tierra Santa. Después, tras la caída de Jerusalén, en 640, a Roma y a Santiago, y a Lourdes, Fátima, Covadonga Todas las peregrinaciones son objeto de esta muestra. Pero, en pleno Año Santo y en la misma Roma, como no podía ser de otro modo, es la Ciudad Santa la que acapara la mayor atención. No es éste el único motivo. A juicio del director del comité científico de la muestra, Mario d'Onofrio, a diferencia de la peregrinación a Tierra Santa, y sobre todo a diferencia del Jacobeo, la romería no ha sido tomada en la debida consideración ni ha sido objeto de una manifestación expositiva adecuada que recogiera los testimonios visuales más significativos. Se viene así a hacer justicia a un tema que hoy corre el peligro de ser menospreciado frente a otros objetos de características similares. Se refiere d'Onofrio sobre todo a la romería medieval, la que precede al Jubileo, instaurado por Bonifacio VIII en 1300, y la que transcurre hasta 1400, fecha que puede tomarse de referencia para ubicar el tránsito de una romería cargada de elementos medievales a otra ya con rasgos culturales y espirituales renacentistas. Y éste es el principal reto que se han propuesto los organizadores: retratar a esos pioneros de la romería, explicar qué les impulsaba a lanzarse a una aventura no pocas veces mortal. Cartas, diarios, crónicas de viaje, piezas de orfebrería, lienzos, esculturas son los instrumentos de que se sirve para trazar este inédito retrato. Hablan los recuerdos, pero sólo a quien quiera escucharlos. No es fácil, no, organizar una muestra de este tipo. Ricardo Benjumea |