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Anoche, Señor, los Reyes Magos, al visitar nuestros hogares, nos dejaron a todos su mejor regalo: su propia presencia y, con ella, la estrella maravillosa e inextinguible del amor, ese amor a Ti y entre nosotros que la verdad, no sé por qué vamos dejando, reservando cada año sólo para estos días. Bueno, decimos, qué sé yo... allá para el 2000, para el siglo XXI... El caso es que has querido que el 2000 haya llegado ya para nosotros, y que, mira por dónde, en cada Navidad acertamos, a trancas y barrancas, medio acomplejados unos, como de puntillas casi todos, a reiventarnos un poco ese amor de verdad que, a este paso, Señor, de usarlo tan poquito, se nos va a olvidar...Quería yo, Señor, esta tarde de Reyes, antes de quitar el Belén de la chimenea de casa, acercarme, con el permiso de tu Madre y del señor san José, a tu Portal para recordar otra vez más lo que me río yo de las altísimas, sesudas teologías nos decía mi madre, de pequeñitos, a mí y a mis hermanos, al colocar, en Nochebuena, la última figura del Belén: ¿Sabéis, hijos? Es que nace el que nos da la vida. Jamás se me ha olvidado, ni se me podrá olvidar... Y quería, ya digo, con permiso de tu Madre y de José, y sin dar demasiado la lata, adorarte otra vez más, Señor y Dios mío, y rezarte esta plegaria para después de Navidad, para el siglo XXI y para siempre: Gracias, porque Tú eres la Vida y naces para dárnosla a todos, incluso a los que refunfuñan y rezongan que no la quieren, y que ni puñetera falta que les hace, y que tal y que cual... pero ellos, allá dentro, saben bien y Tú, mejor que no es verdad. Perdona, ya me voy, pero no sin darte las gracias, porque, al final, la nevada en las bordas de los puertos pirenaicos permitió a los pastores bajar a la Misa de Gallo; y porque las señoras del 2-B y 2-C, que ni se miraban a la cara, por fin este año se han dicho buenos días y felices Pascuas, con sonrisa incluida; porque, aunque abandonada en una carretilla ¡pobres padres!, junto a los cubos de la basura, ha nacido en Madrid Esther, que pesa tres kilos y se recupera bien en el hospital, gracias a Miguel, el portero, que anda loco de alegría, el hombre, y que ya se ha recuperado de la temblaera que me entró en las piernas, y a los del Samur que llegaron enseguida. |
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Gracias, Señor, porque Cabodevilla Te ha escrito una cosa preciosísima en tu 2.000 cumpleaños y dice que Santa María, después de haber dado a luz al Hijo de Dios, está como un pimpollo, y se va a tomar una taza de caldo, pero no porque lo necesite, y que en la biblioteca de Lovaina van a sustituir un mamotreto por un liviano tratado de mariología escrito por san José...; y gracias, porque no permitiste que dos toneladas de odio estallaran en Madrid. ¿Qué tal, Señor, si les echas una mano de ternura a los pobres ciegos de ETA y de sus alrededores y les convences de que no hay peor ciego que el no quiere ver?
Perdona, Señora, pero tengo que reiterarte la enhorabuena y decirle a tu Niño (¿permites?: a nuestro Niño) que eso de que los últimos trenes del Metro salgan a las 9,30 de la noche para poder reunirse todos en familia no hay economía, ni política, ni sindicatos que lo consigan. Sólo Él, en su Nacimiento, que para nosotros deberían ser todos los días. ¿Has leído lo que Le han escrito los niños, esa sonrisa de Dios, en Alfa y Omega? Digo yo que a los de Venezuela habrá tenido que escucharlos algo más este año, ¿no? Tu Juan Pablo II, ¿sabes?, ha conseguido ¡total nada! que durante tres años toda tu Iglesia haya preparado lo mismo, y nos ha dicho que de todos los millones de niños de la Historia sólo el tuyo (el nuestro) es el Hijo de Dios, y que Tú nos Lo has traído hecho carne, y que eso es lo queremos transmitir al tercer milenio. Y nuestro cardenal de Madrid nos ha hecho pensar: ¿Qué hubiera sido de este mundo, durante estos 20 siglos, sin Él, sin Ti, sin el cristianismo? El Señor te perdona, le ha dicho un confesor a un pecador empedernido. Y éste contestó: Bueno, en el fondo, ése es su oficio, ¿no? ¡Gracias, Señora, por habernos traído la Esperanza! Que sí, José, que ya me voy: no sé si sabrás que el Ayuntamiento de Milán paga 90.000 pesetas mensuales a las que no aborten. ¿Cómo lo ves? Y he visto, en ABC, la esquela de Modesto Vidal, hombre de bien. ¿Te suena? Oye, José, que ya te digo, que enhorabuena, y que si te puedo echar una mano en algo... Y la Fundación Carlos III, Señor, ha decidido dar todo el dinero que se iba a gastar en regalos navideños este año a las víctimas de Venezuela. Y luego dicen que en el mundo se ha acabado la fuerza irresistible de tu prodigiosa ternura. ¿Verdad que no, Señor? Bueno, me gustaría seguir haciéndote sonreir. Podría, porque en Navidad pasan cosas que no pasan casi nunca; pero adiós, hasta otro rato, Señor. Miguel Ángel Velasco |
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