RetrocesoA&ONº 194/6-I-1999SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS AL DIRECTOR
Sobre la comunión en la mano

Recientemente se ha presentado a la Congregación para el Culto Divino, el siguiente dubium: Si en las diócesis donde es posible distribuir la comunión en las manos de los fieles, el sacerdote o el ministro extraordinario de la Sagrada Eucaristía puede constreñir obligatoriamente a los fieles a tomar la comunión en las manos y no también en la lengua. La respuesta ha sido ésta (publicada en la revista 30 Días, nº 9, 1999, p. 35):

Los mismos documentos de la Santa Sede dicen con claridad que en las diócesis en que el pan eucarístico se da en las manos de los fieles, éstos siguen teniendo el derecho a recibirla en la lengua. Van, pues, contra la norma tanto los que obligan a los fieles a tomar la sagrada comunión sólo en las manos, como los que niegan a los fieles la posibilidad de recibir la comunión en las manos en las diócesis que gozan de este privilegio. Según las normas sobre la distribución de la sagrada comunión los ministros ordinarios y extraordinarios deben cuidar de modo particular que los fieles tomen la hostia inmediatamente, de modo que nadie se aleje con la especie eucarística en la mano. En cualquier caso, recuerden todos que la tradición secular de la Iglesia es recibir la hostia en la lengua. El sacerdote celebrante, si hubiere peligro de sacrilegio, no ha de dar la comunión en las manos de los fieles y los informará del motivo de su proceder.

Sobre la distribución de la Comunión a los fieles existe una Ley y un Privilegio. La Ley, que manda comulgar en la lengua y el Privilegio que autoriza y da derecho a comulgar en la mano. La Ley: Teniendo en cuenta las observaciones y el parecer de los obispos, de acuerdo con la gravedad del asunto y con el valor de los argumentos aducidos, el Sumo Pontífice ha decidido no cambiar el modo, hace mucho tiempo recibido, de administrar a los fieles la sagrada comunión. En consecuencia la Santa Sede exhorta calurosamente a los obispos, sacerdotes y fieles a que se conformen diligentemente a la ley vigente y nuevamente confirmada, tomando en consideración el juicio dado por la mayor parte del Episcopado católico. El Privilegio de dar y recibir la comunión en la mano se concede en esta misma instrucción Memoriale Domini. Supone ciertas condiciones que deben ser conocidas por los fieles para formar su conciencia.

Baltasar Pérez Argos S.J.

¿Qué hay que revisar?

Me dirijo a usted por la necesidad de mostrar mi desacuerdo con la opinión vertida en la Carta al Director, la titulada Recristianización, del nº 189. Es evidente que el escaso número de confesiones no es debido, como en la misma se manifiesta, a que los cristianos actuales no tengan conciencia del bien y del mal y tampoco a que no pidan perdón de sus faltas a Dios. Muchos cristianos pedimos perdón de manera sincera mediante el diálogo con Dios, si bien no seguimos la praxis actual de la confesión. Es sabido que dicha praxis no ha sido la misma a través de la historia de la Iglesia católica y puede que ya vaya siendo hora de cambiarla. Diversos sacerdotes e incluso el obispo de Milán, Carlo M» Martini, han manifestado recientemente la necesidad de revisarla, supongo por entender que la misma no es la más provechosa para el cristiano actual. Creo que cristianizarse es volver al origen de la enseñanza de Cristo, intentar seguirle por amor y no por miedo al castigo. Dejemos al demonio en su lugar, que debe ser el olvido.

Narcís Viader i Rovira

 

N. de la R.

Decir, arrepentido y con propósito de enmienda, los pecados al confesor, tras el examen de conciencia, y cumplir la penitencia es lo que corresponde hacer a quien ha tenido la gracia inmensa de conocer al Hijo de Dios que —hace ahora ya dos milenios— se hizo carne; y escuchar, por tanto, de unos labios de carne —precisamente los del sacerdote: «A quien perdonareis los pecados les serán perdonados...»— las palabras de perdón que redimen y salvan. ¿Qué hay que revisar, de todo esto, vivido desde los comienzos de la Iglesia? ¿Acaso es preferible olvidar que Dios se ha hecho carne y volver a un Dios imaginario como aquel a quien los fariseos creían honrar crucificando al Dios encarnado que tenían delante de sus ojos? En cuanto a olvidar al demonio, ¿no nos enseña el Señor a rezar cada día «líbranos del Maligno»?

«Secularización interna»

Quisiera agradecerles la publicación de la Relación antes del debate del Sínodo de los Obispos de Europa, especialmente por la escasa atención que los distintos medios de comunicación le han dedicado. Me ha resultado muy significativa la expresión secularización interna que nuestro arzobispo utiliza para describir la situación de la vida cristiana en Europa, secularización que ha llevado a un debilitamiento de la Verdad de la fe y de la conciencia moral cristiana y, en consecuencia, un debilitamiento de la capacidad evangelizadora de la Iglesia. El uso de esta expresión secularización interna nos debe llevar, por lo menos a mí me lleva, a hacer un examen personal de nuestra vida cristiana. Europa necesita nuevos santos, tú y yo, mujeres y hombres pecadores pero que, con la gracia de Dios, quieren hacer presente en nuestro mundo, con las palabras y sobre todo con la vida, el Evangelio de la esperanza.

Mario Fernández Torres

¡Gracias, misioneras!

Después de haber pasado tres meses en una misión en la selva amazónica, me veo en la obligación moral de agradecer públicamente a la Congregación de las Hermanas misioneras del Sagrado Corazón de Jesús su labor callada que, durante años, realizan en muchas zonas donde la evangelización todavía no ha comenzado.

Blanca de Mesa Alcalde


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