RetrocesoA&ONº 195/13-I-2000SumarioDesde la feContinuar
Juan Pablo II lamenta «la cruel muerte del teólogo checo en la hoguera»
Jan Hus podría ser rehabilitado
El famoso teólogo de Bohemia Jan Hus, que fue quemado en la hoguera en 1415, condenado
por el Concilio de Constanza por apoyar las herejías de Wycleff, recibió un castigo
excesivo, según el Papa, y podría ser rehabilitado, aunque persistiría la condena de sus
ideas. Hus ha sido siempre considerado por los checos como un héroe nacional, a pesar
de su excomunión. Su caso está siendo analizado por un congreso histórico-teológico,
similar al que examinó el antisemitismo y la Inquisición

La posibilidad de rehabilitar a Hus fue planteada ya durante las sesiones del Concilio Vaticano II por el entonces cardenal de Praga Josef Beran. Ha sido ahora de nuevo Juan Pablo II, personalmente, quien ha propuesto dar este paso, al considerar que la condena a la hoguera supuso un castigo excesivo, dado el contexto en el que se produjo el proceso, en el que se mezclaron cuestiones políticas. Esto no es aceptar ahora sus errores teológicos, ha afirmado al respecto en ABC el padre Juan Antonio Martínez Camino, Secretario de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, sino reconocer que el ser humano nunca es más fuerte que cuando sirve con honestidad y en conciencia a la verdad.

Jan Hus nació en Husinec en 1369 y murió en Constanza en 1415. Brillante teólogo, y ardiente nacionalista, fue ordenado sacerdote en 1400, y nombrado Rector de la Universidad de Praga en 1401. Bohemia, entonces parte del Sacro Imperio alemán, tenía sin embargo una identidad nacional bien definida, y el rey Wenceslao, aunque alemán, alentaba las aspiraciones checas, para lo que apoyó a Hus en sus maniobras para acabar con la preponderancia alemana en la Universidad. Lo nombró también predicador en la capilla de Belén, donde se predicaba exclusivamente en checo; y allí aprovechaba Hus para fustigar la relajación moral del clero, que, por supuesto, era mayoritariamente alemán.

Fueron los años difíciles del Cisma de Occidente, en el que el escándalo de los tres Papas convulsionó profundamente la Europa bajomedieval, ya que estuvieron involucrados en él también los poderes temporales. Por reacción, empezó a cuestionarse la autoridad del Pontífice frente al Concilio, como única autoridad que podía poner fin al conflicto. En este contexto, junto a las voces que pedían una reforma eclesiástica, surgieron también herejías y muchas veces las fronteras entre ambas eran difícilmente deducibles.

Uno de los teólogos que clamaban por la reforma eclesiástica fue el inglés Wycleff, que además ponía en duda la infalibilidad del Papa, rechazaba la Iglesia sacramental y jerárquica, consideraba la Escritura como única fuente de la fe, y, lo que produjo mayor escándalo, negaba la transubstanciación y la Presencia real de Cristo en la Eucaristía, lo que anticipaba, casi un siglo antes, la reforma luterana. Hus fue el difusor de las ideas de Wycleff en Bohemia, aunque de forma bastante más moderada que su maestro. Pero a causa de sus diatribas contra el clero, Hus empezó a tener demasiados enemigos, y cuando se pronunció contra las indulgencias, atacando duramente al Papa y negando su infalibilidad, se produjeron tales disturbios en las calles que tanto la Universidad como el rey le retiraron su apoyo. El Concilio de Constanza, reunido en 1414, además de acabar con el cisma condenó las teorías de Wycleff. Hus acudió al Concilio provisto de un salvoconducto imperial para explicar sus tesis, pero a pesar de ello, fue encarcelado. Durante el proceso, se proclamó discípulo de Wycleff, aunque le separaba de su maestro la cuestión de la transubstanciación.

Según afirma Walter Brandmüller, presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, en una entrevista para el diario italiano Avvenire, el Concilio fue conducido con mucha seriedad, con la abierta voluntad de salvarlo, y le conminó varias veces a que se retractase de sus tesis, pero Hus se negó porque no quería defraudar a sus seguidores, y finalmente fue relajado al brazo secular y quemado en la hoguera. Murió con gran entereza, pronunciando el nombre de Jesús. Según Brandmüller, su grandeza está en haberse sacrificado por su patriotismo, y aunque la investigación reconoce que fue condenado por el Derecho entonces en uso, eso no equivale a un juicio sobre su conciencia, ni impide reconocer su actitud heroica ante la muerte. Fue una gran figura religiosa, pero el Concilio de Constanza no podía dejar de condenarle.

Fue considerado por sus compatriotas un héroe nacional, y su muerte marcó el inicio de las sangrientas guerras husitas, que acabaron cuando el Concilio de Basilea permitió que los sacerdotes de Bohemia diesen la comunión bajo las dos especies, pero nunca hubo una vuelta real a la Iglesia católica. Después, los hermanos de Moravia cayeron en la órbita protestante, y Hus se convirtió en bandera anti-Habsburgo, utilizada incluso por la masonería. A principios de este siglo, esta especie de Iglesia nacional checa pidió ser reconocida por la Santa Sede, pero fue de nuevo condenada y tuvo pocos seguidores.

La actual Comisión ecuménica que estudia el caso no pretende discutir acerca de la validez de las doctrinas de Hus, sino rehabilitarlo personalmente, en un intento de cerrar las heridas que alejaron al pueblo checo de Roma.

Inma Álvarez