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Desde la reanudación de las clases en los colegios, tras el paréntesis vacacional navideño los alumnos españoles disfrutan durante el año de más vacaciones que días de clase, en el botiquín de las escuelas de Francia, los alumnos pueden encontrar junto a las aspirinas la píldora del día después, que como todo el mundo sabe es un abortivo. Al dar la noticia los periódicos franceses, dicen una cosa curiosísima: que, a partir de ahora, la enfermera de las escuelas puede distribuir directamente la píldora a las muchachas que se encuentran en graves dificultades, «sin tener que informar a la familia». No sé que entenderán las enfermeras francesas por graves dificultades, pero sí sé lo que quiere decir ese elocuentísimo sin tener que informar a la familia. Es todo un reconocimiento de culpabilidad y de mala conciencia, en Francia, en España y en Acapulco
El vergonzoso y alarmante récord, que España bate, de menor índice de natalidad, y el hecho de que haya tantos niños sin hermanos, que cuando sean mayores no sentirán la necesidad de tener hijos, deberían exigir una cuota mínima indispensable de responsabilidad a los legisladores y a los gestores de la vida pública. No hace muchos días El País, en otro clamoroso reconocimiento de mala conciencia, titulaba: El Estado sólo financia tres píldoras anticonceptivas anticuadas y de poco uso. Ese sólo de excusa no pedida es una acusación manifiesta, aunque quien ha titulado así no se haya enterado. Y además, ¿el Estado financiaría cualquier otra cosa anticuada y de poco uso? A lo peor es que, como estamos en época de rebajas, lo que dice Mingote, en la viñeta que ilustra este rincón, vale para otras rebajas mucho más peligrosas que las de los grandes almacenes comerciales. Revistas y periódicos, en especial las del corazón y otras vísceras, han lanzado estos días, a bombo y platillo, la gran noticia no sé como podíamos dormir sin conocerla de que Catherine Zeta Jones no podrá exigir dinero a Michael Douglas en caso de divorcio. ¡Vaya par de pobres seres humanos, propuestos, encima, como ejemplos a seguir por todo el rebaño de pobres seres humanos que se toman el amor y el matrimonio como si fuera un kleenex de usar y tirar. Si hay periódicos, como El Mundo, que, entre sus cien propuestas para el siglo XXI, ofrecen concretamente la 46: Divorcio sin trámite previo de separación, nada tendrá de sorprendente, por triste que sea, que lo de esa pareja se ponga de moda y la gente se case pensando ya en divorciarse. Luego se quejarán de las consecuencias. Es como eso otro que he leído estos días de que, en las narcosalas, los drogadictos se podrán pinchar con dignidad. A este paso la gente va a poder asesinar y suicidarse con dignidad. A quienes protestan contra eso, el señor Ruiz Gallardón les dice que tienen prejuicios ideológicos. ¡Toma castaña! Oigan
y qué emocionante ha sido eso de escuchar, la noche de Reyes, el fallo del Premio Nadal de Literatura, cuando el secretario del Jurado sale a los micrófonos para desvelar el nombre del ganador, abriendo el sobre con la correspondiente plica, y dice que el ganador ha sido el que ya aparecía en las primeras ediciones de los periódicos del día siguiente. ¡Viva la ética! Gonzalo de Berceo
Leo en un titular de un periódico español: El Presidente de los obispos alemanes pide la dimisión del Papa. Como me resulta difícil de creer, tal cual, voy al Corriere della Sera y leo nada menos que en portada más o menos lo mismo, aunque luego, en la información de páginas interiores empiezan las precisiones, los matices, y hasta los desmentidos que, naturalmente, de acuerdo con la más elemental ética periodística, tendrían que haber aparecido también en la portada. Porque no es verdad: ni el arzobispo de Maguncia, monseñor Karl Lehmann, es cardenal, ni ha dicho lo que ha dicho en nombre de los obispos alemanes, ni, como él mismo ha precisado, ha pedido que el Papa dimita, sino que, en respuesta a una pregunta que le hacían en una emisora de radio alemana, concretamente sobre la posibilidad teórica de que el Papa pueda dimitir, había respondido que sí. Así pues, no se ha tratado de una petición de dimisión, sino de una hipótesis. Monseñor Lehmann añadió que está seguro de que, si el Papa tuviese la impresión de que debería dimitir, por razones de salud, él mismo tendría la fuerza de decirlo y hacerlo. Me he encontrado con él varias veces en los últimos meses y siempre he tenido la impresión de que es un hombre plenamente lúcido, y estoy convencido de que es precioso el ejemplo que da al mundo de un hombre que sigue en su puesto a pesar de la fatiga que ello le produce. Los enfermos de espíritu, que abundan y que inmediatamente tratan de ensuciar lo limpio, son los que deberían dimitir. Juan Pablo II, de todos modos, ha dicho en varias ocasiones que Dios no pide a nadie más de lo que cada uno puede dar.