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Monseñor John P. Foley, Presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, ha salido al paso de las críticas que el periodista Vittorio Messsori ha hecho, en la prensa italiana, respecto a la espectacularización de la retransmisión litúrgica de la apertura del Gran Jubileo; un debate que no debe sustraerse a la fecunda y clásica discusión teológica y pastoral sobre lo que significa la espectacularización de la liturgia católica a la hora de su transmisión televisiva.Monseñor Foley ha señalado, en declaraciones concedidas al periodista Luigi Accattoli del diario Il Corriere della Sera, que los posibles defectos no justifican una crítica frontal. La abundancia de la oferta televisiva se explica por el escrúpulo de llevar a todos, en todo el mundo, un acontecimiento verdaderamente importante, que tenía su valor espectacular antes de que las televisiones lo espectacularizasen. Ofrecer mucho no significa imponer, añade el arzobispo, quien ha invitado a los intelectuales a no pretender hablar en nombre de los telespectadores. Si hay un fenómeno mediático al que no podemos sustraernos es el de la globalización. El Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales insiste en que el acontecimiento quería ser un mensaje para todo el mundo, y, por tanto, tenía que ser comunicado a todos, y la televisión es hoy el instrumento más eficaz para una comunicación de ese tipo. ¡Piense el señor Messori lo que significó, para los católicos de Cuba, seguir el acontecimiento en directo! Hemos recibido fax de agradecimiento desde Hong Kong, Filipinas, Hungría, Samoa: también allí era la primera vez que podían seguir en directo un acto papal. Pero, sin ir tan lejos, la televisión era necesaria también para las 56.000 personas que estaban en la plaza de San Pedro: sin las imágenes en las pantallas gigantes, ¿cómo habrían podido seguir la apertura de la puerta y la misa de medianoche? |
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Bien es cierto que no se debe confundir la dinámica propia del acto litúrgico con los aditamentos con que las cadenas de televisión acompañan el acto televisivo. Aspecto sobre el que profundiza el arzobispo Foley: Veo que Messori habla también de los conciertos y entrevistas, y por tanto se refiere también a otros momentos que no son las celebraciones en directo, y en esto estoy de acuerdo: son añadidos no necesarios que cada uno puede juzgar por lo que son. Por ejemplo, yo no estuve de acuerdo con el hecho de que la transmisión desde San Juan de Letrán para la apertura de esa Puerta Santa durase unos pocos minutos, la tarde de Navidad, para dar paso al concierto del Aula Nervi. Era más adecuado dar el rito por entero. Exacto. El resto puede sobrar, no lo sé, pero los directos son una oferta importante. En otro punto Messori puede tener razón: se insertó, en la Mundovisión de la noche, dos series de conexiones con los cinco continentes, y quizás esta ampliación fue un error, estaba fuera de contexto, no era necesaria. Era importante que en Cuba se viera lo que sucedía en San Pedro, no que en el mundo se supiera que en Cuba, o en Soweto, la gente seguía el acontecimiento.
El testimonio del responsable pontificio de la pastoral de las Comunicaciones Sociales argumenta desde la propia experiencia: Yo hice el comentario para los países anglófonos en Nochebuena, y me he metido en el acontecimiento que comentaba. Para nosotros los cristianos no hay acontecimiento más importante en la historia que el nacimiento de Cristo y, por tanto, hablar de su bimilenario no nos puede dejar indiferentes. Vittorio Messori cita, en su artículo, a McLuhan para afirmar que la sobreexposición televisiva de lo religioso favorece su disfrute secularizado. Monseñor Foley dice: Respeto pero no comparto esta opinión de McLuhan. Para mí la televisión es un medio muy potente que puede usarse para bien y para mal. Creo que usarlo para llevar a todo el mundo las celebraciones del Gran Jubileo sea usarlo para bien. |