RetrocesoA&ONº 195/13-I-2000SumarioDesde la feContinuar
El Evangelio según... Broadway
El arte, aunque hoy más que de arte se trate de artificio, no deja de estar sujeto a modas, corrientes y bandazos, tal y como siempre ha ocurrido. Los cambios se producen ahora, lógicamente, a más velocidad. Ya no hay que esperar tanto como antes para que el Renacimiento se convierta en Barroco o, en el campo filosófico, se pase del positivismo a Kant.

En sólo treinta años, en las tres últimas décadas del siglo XX, la imagen de Cristo ha sufrido sensible modificación en los medios de información y en la cultura del consumo. Sin referentes políticos, donde la figura de Jesús ha recibido trato desigual y ha brillado por su ausencia, como en el Mayo francés del 68, o por su malversada presencia, como entre los teólogos de la liberación, la Persona, el Personaje por antonomasia, en las postrimerías de este siglo ha conocido el tratamiento pasoliniano de El Evangelio según san Mateo, que convertía en cheguevarista y dionisiaco al apolíneo protagonista de Rey de reyes.

Del mismo modo, el Jesucristo Superstar de los años setenta, precedente de Evita y secuela de Hair y de otras óperas rock, se ha convertido en un Personaje asequible que, por ejemplo, en la obra Una vida solitaria, es descrito con esta semblanza, prodigio de franciscanismo que se opone de manera frontal al movimiento New Urban Christmas que inunda no solamente Nueva York sino todas las colonias del imperio. Frente a un Cristo urbanita, triunfador y global, el Cristo de Una vida solitaria presenta este perfil, dentro de estos parámetros, como dirían los posmodernos que nos invaden.

Les invito a que contemplen este revelador retrato de Cristo según Broadway.

Nació en una pobre aldea, hijo de una campesina.

Creció en otra pobre aldea donde trabajó en una carpintería hasta los treinta años.

Entonces, y durante tres años, se puso a predicar por los caminos.

Nunca tuvo una familia ni contó con un hogar. Nunca puso los pies en una gran ciudad, ni viajó doscientos kilómetros más allá de donde había nacido.

Nunca escrbió un libro ni ocupó un despacho. Nunca hizo las cosas que suelen hacer las gentes importantes.

Cuando aún era un hombre joven, la opinión popular se volvió contra Él, y hasta sus amigos le abandonaron.

Se entregó a sus adversarios que le sometieron a una farsa de juicio. Fue clavado en una cruz entre dos ladrones. Mientras agonizaba, sus verdugos se jugaron la única propiedad que tenía:su túnica.

Después de muerto bajaron su cadáver y lo metieron en una sepultura prestada.

Han pasado diecinueve siglos y hoy es, sin discusión, la figura central de la raza humana.

Todos los ejércitos que han desfilado y todas las naves que han surcado los mares y todos los parlamentarios que se han constituído y todos los reyes que han reinado en el mundo; todo el poder, la fuerza y la riqueza unidas, no han afectado a la vida del hombre sobre la tierra tanto como esta «vida solitaria».

Como ven, poco o nada se puede añadir a esta maravilla de biografía, naif y profunda al mismo tiempo.Infantil y radical.Clásica y moderna. Un prodigio, sobre todo, por venir de donde viene, de Broadway, donde a lo mejor han descubierto que es rentable y que puede ser comercial contar la verdad, la pura verdad.

Alfredo Amestoy