RetrocesoA&ONº 195/13-I-2000SumarioEn portadaContinuar
El 2000, año de gracia
La reducción, si no condonación de la deuda externa del tercer mundo, es uno de los objetivos de la Santa Sede para este Año Jubilar. Es tiempo de restablecer el derecho de los pobres y marginados a gozar de la tierra y de sus beneficios, ha dicho el cardenal Etchegaray, Presidente del Comité Central para el Jubileo. No se trata de utopías ni de una labor fácil. El Papa ha advertido que los cristianos deben poner a prueba su imaginación e iniciativa para buscar soluciones de justicia y de solidaridad en favor delas realidades de hoy.

Más de 50 países han organizado campañas particulares para movilizar a la opinión pública. En la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, se aprobó una declaración acerca de la condonación de la deuda externa que denunciaba como moralmente inaceptable la presente situación de desigualdad y sufrimiento de la mayor parte de la Humanidad, mientras una minoría accede a condiciones de vida cada vez más confortables, incluso a costa de los mismos países pobres, y se aferra a ellas como algo propio. Esta minoría —sigue el texto— es incapaz de compartir los bienes, que han sido creados por Dios para el disfrute de toda la Humanidad, con los que no pertenecen a su ámbito geopolítico.

También se pide que las autoridades aseguren el buen uso de la ayuda económica, que no se repitan errores del pasado, y eviten que esta condonación total o parcial revierta en la compra de armamento, o en beneficio económico de los gobernantes de los países destinatarios, o sea utilizada en obras socialmente innecesarias que persiguen el prestigio y el afianzamiento de estos Gobiernos; al mismo tiempo, habrá que garantizar y controlar su empleo en servicio de la comunidad, especialmente de sus capas económicamente menos favorecidas.