RetrocesoA&ONº 195/13-I-2000SumarioIglesia en MadridContinuar
María de las Mercedes,
madre del rey

La llegada del año 2000 ha sorprendido a toda España con la triste noticia de que la augusta señora S.A.R. doña María de las Mercedes moría en Lanzarote. A la vez se anunciaba que este gozoso descanso en el Señor tuvo lugar rodeada de los que más quería: su familia.

A partir de este momento, prensa, radio y televisión se hicieron eco de la noticia; pienso que ha tenido una repercusión profunda en el corazón de millones de españoles.

Tanto se ha escrito que es muy difícil resumir algo como un balance histórico de su gran personalidad. Nos la presenta la Historia como una mujer que fue capaz de vivir con generosidad en situaciones profundamente difíciles. Ha tenido el dolor y la dicha de vivir en el siglo XX, en el entorno de su prehistoria familiar, en el ambiente de la familia que creó y en los caminos que se trazan en su vida. Todo ello la acerca cada día más al pueblo que ama, a la familia para la que vivió y a los grandes intereses que fueron el objetivo de su vida: Dios, España y su familia.

Los que la hemos conocido, al escuchar la radio, al leer la prensa y al ver la televisión no llegamos a poder encuadrar su figura, aunque todos los medios han dado una visión cierta de su vida.

Hemos quedado admirados todos del respeto y cariño con que ha sido tratada. Tengo una pregunta obligada desde el primer momento que pude asomarme a su vida, a la trayectoria de su exilio, a la presencia espiritual que constantemente mantuvo en España aunque vivió fuera, a la fuerza de madre que la hizo creadora de una familia que hoy admira España. ¿Cuál es el hilo conductor, cuál es el motor que tenía la augusta señora doña María de las Mercedes para vivir esta entrega sin límites permaneciendo siempre inalterable y portando siempre, desde su maternidad, el amor a los niños y a los mayores?

Se interesó por la Universidad hasta el extremo de ser doctora Honoris Causa por la Universidad Pontificia de Salamanca y el Angelicum de Roma, estuvo ocupada en el mundo del deporte, cercana como nadie al ambiente nacional del mundo de los toros, implicada en infinidad de obras sociales.

Siempre en pie de servicio en aquellas obras a las que dedicó los últimos tiempos: los mayores. Unas veces personalmente, otras a través de sus hijos y sus nietos, no cabe duda que como madre ella hacía suyas las presencias sociales, que tanto sus hijas, entre ellas la Reina de España, sus nietos y nietas han vivido comprometidos al servicio de las necesidades de los niños y niñas hasta los mayores...

Ella sabía que el mundo de los mayores era el único que puede, en el milenio que se inicia, dar desde la experiencia testimonio a las nuevas generaciones para una convivencia llena de paz, justicia, de amor y de esperanza.

Pienso que la personalidad entrañable para todo el mundo ha tenido un motor, un camino y un estilo que ha hecho atrayente su figura hasta sus casi noventa años. Su amor incansable sólo se explica desde una profunda fe que vivió desde niña en el entorno de su familia, cuando Dios la hizo suya por el Bautismo recibido en el Palacio Real. En ese momento vivió la gracia de tener como todos los católicos, el amante, el amado y el amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Esta fe creció en el entorno familiar, siguió en el colegio de las Madres Irlandesas, en el ambiente familiar de Madrid y Sevilla, en los caminos difíciles de Francia, Italia y Portugal, donde creó una familia en la que no faltaron cruces que perfeccionaran y purificaran su fe, que consolidó en el momento en que participaba en la última Eucaristía de su vida en Lanzarote, en una isla símbolo de lo que fue su vida muchos años, pero en la tierra de España que tanto amó, para llegar a El Escorial con honores de Reina, como le correspondía en la tierra, lo mismo como su augusto esposo, don Juan, al que tanto amó, haciendo de su familia la obra más preciosa de su existencia.

Hoy, en la espera de la Resurrección final, en la que siempre creyó, se convierte en ejemplo de muchos, todos, españoles que comenzaron como ella el milenio, de lo que estoy cierto desea el camino del Amor y de la Paz que ella vivió.

Su nombre, doña María de las Mercedes, seguirá impreso en el recuerdo de las generaciones como aquella mujer que ha pasado a la Historia de España por ser madre ejemplar de un Rey, esposa ejemplar de un Rey que reinó sin reinar, y por ser madre de una familia que supo ser el centro del amor, la paz y la alegría.

La señora vivió en la tierra el nacimiento de su cuarta generación, y hoy le pedimos que ejerza en el Cielo su protección maternal en las familias españolas. Que sus tres grandes amores, Dios, España y la familia, los participen los españoles al ejemplo de sus gestos (no importa cuáles) lo mismo cuando era deportista, cuando era amazona, cuando asistía a las plazas de toros, cuando visitaba la Virgen de Triana, cuando visitaba la catedral de la Almudena, cuando asistía a ver el Cristo de Medinaceli, que cuando presidía y trabajaba en las obras sociales, porque siempre llevó el motor de ese Cristo del que participó horas antes de morir. Entró en el año 2000 después de recibir a Jesús por la Comunión, que da la fortaleza para ser forjadora de las mujeres que necesita España.

No puedo resistirme a una frase que ella pronunció solemnemente en el Paraninfo de la Universidad Pontificia de Salamanca el día que el Rector de esta Universidad le hizo entrega del título Doctor Honoris Causa el día 19 de octubre de 1993:

Al padre Bartolomé le agradezco que el resultado de los forums Generación de la Experiencia que desde 1988, año a año, viene realizando con los mayores, haya servido al pensamiento de «escuchar al ser humano es ayudarle a ser y creer en los mayores, y aprovechar su experiencia es sembrar el futuroª.

Padre Bartolomé Vicens Fiol, O. P.