RetrocesoA&ONº 195/13-I-2000SumarioMundoContinuar
El vocabulario cristiano
para el nuevo milenio

Los mensajes del Papa en las últimas semanas han estado llenos de un contenido muy rico. Presentamos algunos de los conceptos claves, en el campo de la doctrina social.

CARIDAD


El magisterio entiende la caridad en su dimensión social como un vínculo abierto a toda la comunidad. La caridad es como el alma de la sociedad y su fuerza de cohesión interna: no puede faltar sin grave deterioro del orden social mismo. La caridad no destruye las virtudes naturales de la amistad y la justicia, sino que las eleva. Actuar por amor significa que no somos subyugados por la ley. Para vencer las injusticias sociales hace falta una energía espiritual que encontramos en la caridad. Esta energía está en la base de nuestra vida moral.

JUSTICIA


Juan Pablo II insiste en la necesidad de encontrar modelos de desarrollo que respeten en mayor grado la justicia social: El amor rebasa la justicia, pero al mismo tiempo encuentra su verificación en la justicia. Hasta el padre y la madre al amar a su hijo deben ser justos con él. Si se tambalea la justicia, también el amor corre peligro.

Un cristiano que ama a los demás cumple con sus responsabilidades sociales.

La caridad, expresada dentro del concepto de la civilización del amor, y la justicia social están relacionadas entre sí. La vida social tiene necesidad de las dos virtudes. Los deberes de la justicia y de la caridad se complementan. La caridad sobrenatural empuja al cristiano hacia una justicia más abundante y superior y le ayuda a sobrepasar las barreras del egoísmo. A su vez la caridad tiene necesidad de la justicia porque no sería caridad si fuera injusta. La caridad pide el respeto a los derechos del otro y, a la vez, da un nuevo espíritu a la justicia. La justicia se debe cumplir con amor, y el amor se debe realizar de un modo justo.

SOLIDARIDAD

La solidaridad no es una actividad sólo al nivel humano. Juan Pablo II habla de ella como una categoría moral y como una virtud. Dice: A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de las dimensiones específicamente cristianas de gratitud total, perdón y reconciliación. El prójimo no es sólo un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo.

El principio de la solidaridad es uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política.

BIEN COMÚN


Ante todo, debe prevalecer el bien de la Humanidad y no el bien particular de una comunidad política, racial o cultural. ¿En qué consiste este bien común? Los que gobiernan tienen su razón de ser precisamente en el bien común. Todos los miembros de la sociedad deben participar en el bien común, aunque esta participación no tiene que ser exactamente igual para todos, sino proporcional a la condición de cada uno. Al mismo tiempo, se debe prestar especial atención a los miembros más débiles de la sociedad. El bien común no se limita a asegurar la felicidad en este mundo, sino que debe facilitar también la salvación eterna del hombre.

Juan Pablo II recuerda que no siempre existe una visión adecuada del bien común: No es simplemente una suma de los intereses particulares de los individuos, sino que implica una jerarquía de valores y una recta visión de la dignidad y de los derechos de la persona.

DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES


Aunque la Iglesia defiende la propiedad privada, también la reflexión sobre este derecho no concibe la posesión particular como algo absoluto. El Vaticano II dice así: Dios ha destinado la tierra y cuanto contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes.

El derecho del individuo a poseer bienes no está por encima de las necesidades de los demás de un modo absoluto.

Zenit/Alfa y Omega