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Tres artistas y tres maneras de entender el arte. Así podría llamarse la nueva exposición que acoge el Museo del Prado, siguiendo con los actos de celebración del cuarto centenario del nacimiento de Velázquez. Una muestra comparativa que, dividida en cinco capítulos, nos brinda la oportunidad de conocer la sociedad en especial, el mundo cortesano del siglo XVII, y la percepción de la religión por parte de tres de los más grandes pintores del Barroco.
Como no podía ser de otra manera en este año, es Velázquez en quien recae el mayor protagonismo. El primer objetivo de esta exposición, en palabras de José Antonio Fernández, presidente del Real Patronato del Prado, es contextualizar la figura del pintor sevillano en el contexto que le es propio: el ambiente cortesano de la primera mitad del siglo XVII. Situado además frente a otros dos genios de la pintura de su tiempo, resalta, si cabe aún más, su originalidad a la hora de plasmar motivos de muy diferente temática. Las obras de carácter religioso expuestas no son muy mumerosas, en consecuencia con la escasa producción de Velázquez en este campo, motivada quizá por el hecho de que Felipe IV no fuera un mecenas entusiasta del arte religioso. Así, el número de obras religiosas pintadas por Velázquez, por encargo de la Corona, se reduce a dos lienzos: San Antonio Abad y san Pablo, primer ermitaño; y la Coronación de la Virgen. Por otro lado, sólo aceptó dos encargos privados de obras religiosas: Cristo crucificado; y la Tentación de santo Tomás de Aquino. A pesar del carácter ocasional de este género de obras, los especialistas las califican como excepcionales en su ejecución. Muestra de ello es el Cristo crucificado, en el que Velázquez introdujo modificaciones sutiles para lograr un Cristo conmovedor, cuyo rostro semioculto por la caída del cabello transmite con elocuencia el sufrimiento del Hijo de Dios. |
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Frente a Velázquez, la pintura religiosa de Rubens y de Van Dick responde a imperativos más apremiantes, como fue la campaña en favor de la Contrarreforma. En concreto, Rubens pintó una serie de grandes obras para las instituciones católicas de los Países Bajos, pinturas que exponían la doctrina y explicaban la fe, ya que junto a la demanda renacentista de narrar una historia, además de instruir, debía persuadir buscando una respuesta emocional en el espectador. Sus lienzos son como sermones conmovedores y persuasivos, que hicieron de él un exponente de la defensa de la fe. Van Dyck desarrolló una veta más lírica y emotiva de la espiritualidad cristiana. En obras como el Descanso en la huida a Egipto se aprecian los ecos de Tiziano, en los colores encendidos, en la la sólida construcción y en la postura de la Virgen y de los ángeles danzantes.
Álvaro de los Ríos |