RetrocesoA&ONº 196/20-I-2000SumarioActualidadContinuar
Adiós a las ondas,
a Dios por las ondas
José Luis Restán, bien conocido por los lectores de «Alfa y Omega», ha sido nombrado
director del Área Socio-Religiosa de la Cadena COPE, en sustitución de José Luis Gago.
José Luis Restán, 40 años, casado y con tres hijos, es ingeniero de Caminos y Licenciado
en Periodismo por la Universidad de Navarra. Ofrecemos en estas páginas una entrevista
a José Luis Gago, y un testimonio de José Luis Restán

Dominico y periodista. Dos sustantivos con los que José Luis Gago ha deseado identificarse a lo largo de su vida. Por ese orden y en una armoniosa conjunción. El día 1 de enero, en respuesta, dice él jocosamente, a la invitación del «Jubileo del 2000», comenzó una nueva etapa de jubilación laboral en la Cadena COPE. 35 años de servicio a la Iglesia en los medios de comunicación social: recientemente, 6 años como director del programa de TVE-2 Pueblo de Dios y, sobre todo, en las emisoras de la COPE, a cuyo nacimiento puede decirse que asistió. En julio de 1964 es nombrado director de Radio Popular de Pamplona. En 1970 lo es de la emisora de Valladolid, en un tiempo en que los jesuitas y dominicos eran dueños y gestores de un buen número de emisoras diocesanas.

¿Cómo surge en usted esa segunda vocación al periodismo?

Durante los años de estudio de Filosofía y Teología, los jóvenes dominicos ocupábamos parte de nuestro tiempo libre en actividades y aficiones paralelas; un grupo lo hacíamos en una Academia de Radio. Con elementos escasos escribíamos guiones radiofónicos que realizábamos en unos pequeños Estudios montados por nosotros mismos. Fueron los comienzos. En los años 60, década del nacimiento de gran parte de las emisoras diocesanas, aquellos estudiantes estábamos ya en la pista de salida hacia nuestro primer trabajo y destino. A mí, y a otros diez compañeros, nos tocó en suerte esta coincidencia y comenzamos nuestra andadura pastoral y apostólica en las emisoras de los dominicos: Salamanca, Pamplona, Málaga, Valladolid, Ferrol, Zaragoza... Pero no fue únicamente por la coincidencia cronológica. Ya por entonces entendíamos que la comunicación social contemporánea era la nueva versión y el soporte moderno del carisma dominicano: el ministerio de la Palabra. Dicen las Constituciones de los dominicos: Para difundir la verdad y formar correctamente la opinión pública, los frailes utilicen con diligencia los diversos medios de comunicación social. No tuvimos que convencer a nuestros superiores...

Desde los años 70 hasta hoy la COPE ha evolucionado espectacularmente en muchos aspectos. ¿También en lo pastoral?

Hasta el año 1981 y poco más, las emisoras de Radio Popular fueron diocesanas, limitadas en potencias y frecuencias, autónomas y con corto recorrido potencial en su desarrollo. Realizaron, no obstante, un trabajo evangelizador y pastoral extraordinario que hoy no es fácil apreciar. Muchos sacerdotes, religiosos y seglares cristianos respondieron a la llamada de la Iglesia en el ámbito de la comunicación social, en unos años de dificultades económicas, en los que primaba la generosidad sobre los derechos laborales. Esto es justo recordarlo hoy. Tuve el privilegio de formar parte de lo que yo llamo el triunvirato de la transición: don Bernardo Herráez, como Delegado de la Conferencia Episcopal Española y Consejero Delegado; el padre Francisco Pérez Ontiveros, jesuita y presidente del Consejo de Administración de la recién creada Sociedad Anónima; y yo mismo, como Director General. Fue el momento del lanzamiento de COPE al inevitable campo competitivo de la radiodifusión española. Si queríamos sobrevivir —y queríamos—, no teníamos otro camino que actuar con cierta audacia... Fue el momento de competir por las audiencias incorporando a algunos de los grandes comunicadores de aquella hora: Luis del Olmo, Encarna Sánchez, Alejo García, etc., etc. A partir de ahí COPE refuerza su presencia social. Nunca se perdió de vista la razón fundacional de ser, ni su identidad eclesial. No es menos cierto que tampoco hemos logrado todavía el punto óptimo de este difícil reto de ser un medio de masas, no sólo para católicos, sino misionero ad gentes, y una nítida y perfecta identidad evangelizadora. Ese punto de equilibrio y proporción entre ser un medio profesionalmente competente, empresarialmente sólido y pastoralmente coherente, no se se ha conseguido aún. Constituye la lucha y tensión diarias.

La COPE, sin embargo, tiene un Ideario del que todos ustedes alardean...

Efectivamente. El Ideario de COPE es un texto magistral, un marco insuperable de principios, pensamiento y criterios para un gran medio de comunicación social de la Iglesia. En su aplicación cotidiana está la dificultad. Si he afirmado que todavía no se ha conseguido una aplicación perfecta a la comunicación radiofónica de la COPE, tampoco sería justo negar los intentos y logros alcanzados. A lo largo de los años ha habido etapas mejores y etapas peores en esa tensión por mejorar coherencia e identidad. Siempre hemos confiado en que la próxima temporada radiofónica será mejor... Con todas las limitaciones y defectos, como cualquier institución incluso más eclesiástica que la COPE, esta Cadena ha marcado siempre la diferencia con otras del dial. Deseamos, sin embargo, más clara definición en todos los programas, y no sólo en los del área socio-religiosa.

Después de 35 años de trabajo en la Cadena COPE, ¿qué destaca de su propia labor como sacerdote y periodista?

El privilegio de haber trabajado en un mundo apasionante como el del periodismo y, más aún, el radiofónico. Satisfacción y responsabilidad al llegar a cientos y miles de personas con el mensaje más provocador, esencial y esperanzador como es el Evangelio de Jesucristo. Es estupendo, a la vez que comprometido, saber que lo que dices y cuentas, lo que transmites y propones es la palabra de Dios; no hay mensaje que se le iguale ni propuesta más valiosa. Uno no se avergüenza jamás de la calidad de su producto; sí de la propia torpeza al describirlo o proponerlo. En radio hay que hacer de todo. Recuerdo haber transmitido encierros de los Sanfermines, programas de música ligera, popular o clásica, concursos, radioteatros, tertulias de omni re scíbili... En cualquier espacio radiofónico has de poner, sin alardes, el tono y el acento de tus convicciones. Pero donde se siente más ajustado y gratificado el sacerdote periodista es en los programas de transmisión de la fe, de iluminación evangélica de la sociedad, con testigos de vida cristiana, de iniciación espiritual o de servicios cultuales a los creyentes. Esto no tiene ningún mérito profesional; es consecuencia de la norma dominicana: transmitir los frutos de la propia contemplación.

¿Se atreve a pronosticar el futuro de la COPE desde cualquier punto de vista?

Estabilidad, consolidación, tensión entre S.A. y evangelización. Los obispos españoles saben prefectamente el tesoro que tienen en las manos. Como toda empresa, ha sufrido y sufrirá crisis de uno u otro tipo. Pero la COPE es una empresa muy peculiar... Estoy convencido de que el Espíritu Santo tiene un despacho en Alfonso XI, 4.

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