RetrocesoA&ONº 196/20-I-2000SumarioDesde la feContinuar

LIBROS
...como una de las bellas artes
Pombo merece una crónica diaria. Así comienza este maravilloso libro de Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888-Buenos Aires, 1963), cuyo primer volumen se titula Pombo, y el segundo La sagrada cripta de Pombo, y que con singular acierto y oportunidad acaban de editar la Comunidad de Madrid y Visor libros. Visor inicia, con estos dos volúmenes, una colección llamada Letras madrileñas contemporáneas, en la que, tras el indiscutible e insustituible protagonismo inicial del Viejo Café y Botillería de Pombo, de la madrileña calle Carretas, que en realidad fue la verdadera casa de Ramón Gómez de la Serna, serán protagonistas sucesivos, naturalmente, Mariano José de Larra en biografía escrita por Francisco Umbral, don Pío Baroja, don Miguel de Unamuno en nuestros días… total nada, para empezar.

Andrés Trapiello prologa muy bien estos dos Pombos: En 1912 —escribe— Gómez de la Serna instituyó una tertulia literaria, los sábados por la noche, en el Café Botillería de Pombo, en la calle de Carretas, en un costado de lo que fue Correos y después Dirección General de Seguridad, y algunas otras cosas de mucho, poco o ningún aprovechamiento público… Estas 436 páginas del primer volumen y 835 del segundo son la sugestiva, singularísima, apasionante historia de aquella tertulia en aquel café, que tan espléndidamente supo reflejar Gutiérrez Solana en 1920, que ilustra la portada del 2º tomo. Fue una tertulia inolvidable, llena de vida que funcionó siempre, incluso en las ausencias de su fundador, que aprovechaba sus viajes para soplar, por carta, sobre los rescoldos. Lo dice de modo inmejorable Trapiello: Gómez de la Serna tuvo la enorme suerte de vivir un tiempo en el que perderlo en un café podía ser considerado como una de las bellas artes.

En realidad estas páginas son un admirable retablo de aquel Madrid, de sus rincones, sus Goyas y sus Larras, su Plaza Mayor, y su legión de irrepetibles personajes: Borras, Xenius, Camba, Picasso, Gutiérrez-Solana, Carrere, Romero de Torres, Macho, la noche y el Corpus, el Sábado de Gloria y el verano, los banquetes y discursos, los otros cafés y las otras tertulias del levante, la granja del Henar, la Cacharrería del Ateneo, un Madrid rutilante y sórdido, maravilloso y de poblachón manchego venido a más; un Madrid, en suma, que se fue para nunca más volver, pero muy difícil de olvidar.

Espléndido servicio el de Visor y el de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid con estos libros.


Para madres, pero no sólo

Estas 185 páginas que acaba de editar QE (Quindici Editores) en edición patrocinada por Radio España, constituyen un libro sobre las madres, pero no sólo para ellas. Como dice en el precioso texto que sirve de prólogo Francisco Muro de Iscar, director de La Rebotica, es un libro escrito por una mujer que es madre, por otra que puede serlo en el futuro, y por varios hombres, que, objetivamente, nunca serán madres, pero que dejan testimonio de sus sentimientos. Un libro pensado, soñado, y procreado en las entrañas de «La Rebotica», el programa sociosanitario más veterano, más libre y más independiente de la radio española.

Querida Madre incluye el primer premio de cuentos Don Daniel, concedido por La Rebotica en 1999, a El flequillo de mi madre, un cuento vivo, ingenuo, inteligente y original, de Lucía Hernández-Canut; y los tres accesits, concedidos a Beatriz Navarro, Rafael W. González Cabrera e Igor Gayarre, más las colaboraciones de todos los columnistas del citado prestigioso programa radiofónico. Son cuentos, magníficamente ilustrados, por cierto, aptos todos ellos, para menores de cien años.

En una preciosa carta llena de ternura y gratitud que cierra el libro, Enrique Beotas, coautor y moderador del citado programa radiofónico, escribe a su madre que, como todas las madres, hasta consigue hacer milagros; en este caso el milagro de que llueva sobre la madrileña Plaza de España en un día plenamente radiante y despejado. Cosas de madres...