RetrocesoA&ONº 196/20-I-2000SumarioDesde la feContinuar
Dime de qué presumes
y te diré de qué careces
Don Carlos Díaz es profesor de la Universidad Complutense de Madrid, y fundador
del Instituto Emmanuel Mounier en España, México y Paraguay

Escribe A. Fierro en Sociedad, cultura y religión. Guía para profesores de Enseñanza Secundaria, que editó, en 1995, el Ministerio de Educación: El enfoque aconfesional aconseja prudencia en el uso de una expresión y denominación que alberga connotaciones ambiguas: la de la «cultura religiosa». Es verdad que el título «Sociedad, cultura y religión» se presta a la abreviatura cómoda de «cultura religiosa». Pero esta expresión corre peligro de ser interpretada en un sentido que contraviene al espíritu de la normativa reguladora: ser entendida como cultura impregnada de religión, de religiosidad, para aludir no a un credo dogmático, mas sí a un análogo, en realidad un componente, de la llamada «religión civil»: una «religión cultural», incorporada a la sociedad, a la cultura, en una incorporación que redundaría en cierta sensibilidad genéricamente religiosa, aunque sin afiliación concreta a una iglesia o a una religión.

Palabras tan equivocadas constituyen el trasfondo ideológico que alimentaba el área de Sociedad, cultura y religión de la Enseñanza Secundaria en el Ministerio de Educación en 1995, año en que se publica una Guía para el profesorado con el ánimo de defender una enseñanza neutral y no partisana, presidida por la más exquisita aconfesionalidad, esto es, sin los pronunciamientos —mudables fácilmente en catequesis— sobre la «verdad» o «falsedad» de las afirmaciones de creencia religiosa; no es prudente que en esta enseñanza lleguen a adoptarse tesis o tomas de posición últimas acerca de Dios, de la vida futura, del espíritu o del alma: acerca de su realidad y de su naturaleza, pues —se añadía— no hay versión ortodoxa o sello de autenticidad.

PRETENDIDA NEUTRALIDAD

Tan insistente defensa de los dogmas laicos de la tolerancia y el pluralismo (aunque por paradoja esa tolerancia no tolere tan fácilmente la afirmación de fe, ni la crea compatible con el respeto a otras plurales afirmaciones de fe) desemboca tan sólo en una apología de la religión civil al uso, destruyendo de ese modo fácticamente toda enseñanza religiosa que pretenda ser realmente religiosa, y no meramente sociológica.

Lo que hay tras el sociologismo religioso de nuestros días es simplemente una operación metarreligiosa claramente financiada por Europa en un Estado —Estado, no Gobierno— que, so capa de laicidad, manifiesta una hostilidad antirreligiosa y laicista, una operación que tras el alibí de su pretendida neutralidad no da tregua en su propia beligerancia, y que —como es habitual— carece más de lo que más presume: de tolerancia. El resultado es la pérdida para la real sensibilidad hacia el hecho religioso, lo que —sin duda— redundará en detrimento de la España del siglo XXI.

Por lo que se ve, el hombre es el único capaz de tropezar dos veces en la misma piedra: otra vez el tropiezo en la misma piedra de la Ilustración, sólo que ahora —por darse en segunda instancia— en su formato de caricatura regeneracionista y librepensadora. Avergüenza, de todos modos, bastante que desde el Ministerio de Educación se haya podido llegar a presentar el área de sociedad, cultura y religión como una alternativa ¡a la religión! (Eso sí, con su poquito de fariseísmo: Con razón mayor se descartarán otras denominaciones quizá correctas, pero en negativo, tal como sucede si se dice sólo que es una enseñanza «alternativa» a la religión. Por muy cierto que así sea, no es el modo mejor de denominarla). Pero no importa: estas cosas se corrigen levantándose un poco más temprano, volviendo a cantar salmos y a sembrar vides cada mañana.

Por lo demás, ¿cómo podría entenderse civilización y sabiduría alguna al margen de sus impregnaciones religiosas concretas? Las cosmovisiones históricas de la Humanidad en cada una de sus vertientes científicas y artísticas resultarían de todo punto inexplicables sin la presencia en ellas del hecho religioso en mayor o menor grado.

EL EJE DE LO SOCIOCULTURAL


Esto hace de la religión el eje de lo cultural y de lo social. Cualquier exposición confesional, si es seria, debe tener a la vez carácter fenomenológico, no sólo porque pueda ser disfrutada por creyentes (aunque también por creyentes), sino además por rigor de objetividad y asepsia: los cristianos somos los primeros interesados en la verdad, es decir, en la vida, y en su caminar.

Y, aunque tampoco pretenda la religión el monopolio de la tolerancia ni de los valores humanos (solidaridad, paz, etc.) que ha de caracterizar a toda agrupación humana plural, ha de salvaguardarlos de una forma muy especial haciendo explícitos, cuando sea necesario, su carácter sociohistórico institucional, sus manifestaciones literarias, musicales, poéticas, filosóficas, plásticas, audiovisuales. Y ello, desde el corazón del acontecimiento y desde la experiencia, sin diluirlos. Como todo aprendizaje, ha de ser significativo, y además en conexión con la vida.

Todo esto confiere a la presente disciplina un carácter fuertemente interdisciplinar. La religión es el más representativo punto de encuentro y lugar de cruce entre las distintas áreas educativas, y podría servir como banco de pruebas de toda auténtica Bildung (cultura y formación).

Carlos Díaz