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Televisión: Se quiere emitir el polémico Big Brother
¿Dónde están los límites?
Es muy posible que, si se hubiera inventado la televisión en la Edad Media, hubiéramos visto en directo la quema de brujas en la hoguera, o la tortura de los condenados en las plazas públicas. Un ejemplo actual es que en Estados Unidos se ha prohibido retransmitir ejecuciones en la silla eléctrica, pues a alguna cadena ya se le había ocurrido hacerlo.

Ahora, en el siglo XXI, el hecho real y crudo no sólo se emite en aras de la información —recordemos el triste caso del tetrapléjico Ramón Sampedro, cuyo suicidio fue ofrecido por Antena 3 TV—, sino que el reality también se crea (aunque pierda su esencia de captación de la actualidad tal como es), se filma y se difunde con el único objetivo de entretener al personal.

Algo así piensan hacer Telecinco y la productora Zeppelin, que han anunciado que adaptarán y producirán un polémico programa holandés titulado Big Brother (en clara alusión a 1984 de Orwell), que consiste en lo siguiente: varios concursantes, hombres y mujeres, se encierran durante tres meses en una casa, constantemente vigilados por cámaras de televisión y micrófonos, sin otra distracción que la mera convivencia entre ellos, ya que carecen de elementos de ocio, como libros, música, prensa o televisión. No disfrutan de intimidad alguna y no pueden conectar con el exterior. La materia prima del concurso, que carece de guiones o argumentos prefijados, son las conversaciones entre los concursantes, sus roces, peleas o relaciones varias. Eso sí, las puertas de la casa están abiertas y pueden abandonar el plató cuando lo deseen. El que mejor resista esa tensión psicológica y física tan agobiante gana una bonita suma de dinero. En Holanda, el equivalente a 20 millones de pesetas.

Son los telespectadores los que, con sus votaciones, deciden quiénes deben abandonar el concurso por no haber superado la prueba, hasta que sólo queda una persona. En el programa holandés, el ganador llegó a mantener relaciones sexuales, ante las cámaras. Una espiral de escándalo es lo que puede conducir a lo que algunos entienden por éxito.

Esto es lo que se nos viene encima. Los responsables de Telecinco pretenden no sólo experimentar con los concursantes, sino también con la audiencia, en un programa que definen como revolucionario, arriesgado y original.

El espacio no tiene aún fecha de emisión, ya que se encuentra sólo en proyecto, por lo que es de esperar que la cadena privada reflexione y ejerza eso que llama sentido de la responsabilidad. La emisión de un programa que podemos catalogar, sin ambages, de basura dañaría la imagen de Telecinco y causaría el abandono de su audiencia más familiar y quizás de buena parte de sus anunciantes, que no desearán verse relacionados con semejante bodrio.

María Mercedes Álvarez