RetrocesoA&ONº 196/20-I-2000SumarioEn portadaContinuar
El alcoholismo, entre los más jóvenes
Esta noche, «botellón»
Según datos de la Oficina del Defensor del Menor, el 71% de los jóvenes madrileños afirman
que beben habitualmente: cerca del 25% consume alcohol todos los fines de semana, el 32%
se declara consumidor esporádico, y el 14% lo hace sólo en ocasiones especiales.
El alcohol cada vez está más presente en sus planes de ocio,
y cada vez empiezan a beber con menos edad

LLidia tiene 14 años. Son las siete de la tarde, y espera a sus amigos en un punto céntrico de Madrid. Poco a poco van llegando. Después de ir a comprar bebida, bajarán al parque del Oeste, donde pondrán música en el radiocasete portátil y beberán hasta hartarse. Como ella, muchos adolescentes y jóvenes, cada noche del fin de semana, centran sus diversiones en torno a la botella, y sin ella no saben divertirse. Hablo con Lidia y sus amigos y les pregunto el por qué este plan: Estamos hartos de ir a merendar —contestan—, o al cine, y en las discotecas no nos dejan entrar. El protagonista de la noche es el alcohol: Bebemos —me explican entre risas— hasta que estamos borrachos, y empezamos a desparramar: chistes, bromas… ¿Por qué bebemos? Para estar bien y para olvidarnos de todo. Es muy bueno para ligar.

El Samur informa: en 1999 se han producido 3.887 casos de intoxicación etílica en Madrid, de los cuales 800 ocurrieron en el distrito Centro (Barceló, Dos de Mayo) y 168 en Moncloa, las zonas más frecuentadas por el botellón. Es el alcoholismo de fin de semana.

Según la última encuesta sobre drogas realizada por el Plan Nacional de Drogas, un 81,7% de los estudiantes españoles de 14 a 18 años bebe alcohol. De ellos, más de un 40% lo hace al menos un día a la semana, preferentemente los fines de semana. La intensidad de consumo durante esos días es mucho más alta, y el 27% de los jóvenes encuestados declaró que en el último mes habían bebido cinco o más copas en menos de tres horas.

Me entrevisto con la psicóloga Carmen Bermúdez, terapeuta en ITAD (Instituto de Tratamiento de Alcoholismo y Drogodependencia). Entre otros, trabaja con jóvenes con problemas de alcoholismo.

NUNCA ME HABÍAN DICHO «NO

La mayoría de los alcohólicos dicen: «yo también fui alcohólico de fin de semana». El problema —afirma Carmen— es que muchos adolescentes y jóvenes no son capaces de divertirse durante el fin de semana sin alcohol. Muchos, además, consumen otras drogas: el alcohol tiene primero un efecto euforizante, pero más tarde tiene un efecto depresor. Para contrarrestarlo recurren a la cocaína, que les obliga, al tener un alto efecto euforizante, a consumir más alcohol. Muchos salen de casa el viernes y no vuelven hasta el domingo. Atendí a una chica que estudiaba Economía y tenía 20 años. Durante la semana llevaba una vida de estudiante normal, y el fin de semana desaparecía de casa. Se tomaba una botella de whisky cada día del fin de semana, mezclado con cocaína. Ella buscaba desinhibirse porque era muy tímida y tenía problemas para relacionarse con los demás, y «para ligar». El fenómeno del «alcoholismo de fin de semana» se produce porque el alcohol es un refuerzo. Los chicos creen que sin alcohol no pueden salir. La presión social también es culpable: en general son chicos muy vacíos, con familias rotas y desestructuradas. Se sienten presionados, no han alcanzado la madurez, y no saben enfrentarse a las situaciones, porque no se lo han enseñado. Un chico, una vez, me decía: «Yo me creía como un dios, nadie se había enfrentado nunca conmigo. En casa nunca había oído la palabra "No". El alcohol es lo primero que me ha vencido en la vida». Los chicos —sigue diciendo Carmen— suelen venir a terapia porque les traen sus padres, porque han desaparecido temporalmente de casa; por fracaso escolar; porque tienen problemas familiares; porque han sufrido algún accidente de tráfico o porque suelen llegar a casa con marcas de violencia (la violencia está relacionada con el alcohol).

Según datos de la asociación Alcóholicos Anónimos, Francia, España, Italia y Portugal son los mayores productores y consumidores mundiales de alcohol. En consecuencia, también son los países con el mayor índice de alcoholismo del mundo. En las últimas décadas, nuestra sociedad ha experimentado un espectacular aumento en su problema alcohólico.

El factor decisivo es la aparición de nuevos estilos de vida, basados en la hegemonía de los ideales hedonistas y de las ambiciones económicas. Nuestro comportamiento social es competitivo y agresivo, y el consumo se ha convertido en el más alto valor. Éstos son algunos datos que aporta Alcohólicos Anónimos:

- El consumo de alcohol puro por habitante y año en España ha pasado de 7,86 litros en 1955, a 17,10 en 1977, es decir, se ha más que duplicado.

- La producción estatal de vino ha pasado de los 1.684 millones de litros en 1955, a los 4.900 millones de litros, en 1979. Prácticamente se ha triplicado.

- La producción de licores ha experimentado un aumento aún más espectacular: de los 73.195.000 litros en 1955, se ha pasado a los 341.400.000 en 1977. Se ha quintuplicado la producción.

- La producción de cerveza se ha multiplicado per diez: de los 168 millones de litros en 1955 hemos pasado a los 1.727 millones de litros en 1977.

- El año 1977 las empresas de alcohol se gastaron 1.100 millones de pesetas en publicidad televisiva.

LOS QUE PAGAN EL PATO

Las consecuencias de todo ello las pagan los más débiles: el consumo, en la población general, ha aumentado y, con él, los costes sociales de dicho consumo: mortalidad, accidentabilidad, absentismo laboral, hospitalización, etc. La prevalencia de la enfermedad alcohólica ha aumentado alarmantemente, reduciéndose cada vez más la edad de comienzo en la ingesta, y alentando a nuevos grupos de población: jóvenes y mujeres. El tratamiento y la rehabilitación del enfermo alcohólico es cada vez más difícil por la carencia de recursos y el no reconocimiento de la enfermedad por la Administración española.

El alcoholismo está reconocido como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud. En España, según datos de la UGT, un millón de trabajadores se encuentran cada día en situación de riesgo por el consumo de bebidas alcohólicas; 4 millones de personas en situación de alto riesgo alcohólico; y 12 millones de personas afectadas directa o indirectamente por el alcoholismo y por las consecuencias socio sanitarias derivadas de su consumo.

Es un problema presente en la sociedad, y en las manos de todos está luchar contra él, ayudando a los jóvenes a buscar sentido a su vida para que no tengan que, como dicen ellos, olvidarse de sus problemas. Así habló Juan Pablo II, en el Discurso a la Conferencia sobre drogadicción y alcoholismo, el 23 de noviembre de 1991:

Ante la manipulación de la que puede sentirse objeto, el joven cristiano no caerá en la inseguridad y la desmoralización, ni se refugiará en vacíos paraísos de evasión o de indiferentismo. Ni la droga, ni el alcohol, ni el sexo, ni un resignado pasotismo acrítico —eso que vosotros llamáis pasotismo— son una respuesta frecuente al mal. La respuesta vuestra ha de venir desde una postura sanamente crítica; desde la lucha contra la masificación en el pensar y en el vivir que, a veces, se os trata de imponer; que se ofrece en tantas lecturas y medios de comunicación social.

La drogadicción y el alcoholismo, por su gravedad intrínseca y por su devastadora difusión, son dos fenómenos que amenazan a la raza humana, resquebrajando en el individuo, en el ambiente familiar y en el tejido social, las razones más profundas de aquella esperanza que, para ser tal, tiene que ser la esperanza en la vida, esperanza de la vida. Los fenómenos de la droga y del alcoholismo no se combaten si antes no se restauran los valores humanos del amor y de la vida; especialmente si se iluminan con la fe religiosa, de dar un sentido pleno a nuestra existencia. La drogadicción y el alcoholismo van contra la vida. No se puede hablar de la «libertad de drogarse» ni del «derecho a la droga» porque el ser humano no tiene el derecho de dañarse a sí mismo. Estos fenómenos no solamente perjudican el bienestar físico y psíquico, sino que frustran a la persona precisamente en su capacidad de comunión y de donación.

Coro Marín