RetrocesoA&ONº 196/20-I-2000SumarioIglesia en MadridContinuar
Apertura del Año Jubilar en la comunidad castrense
Operación conversión
El arzobispo castrense, monseñor José Manuel Estepa Llaurens, acompañado de un nutrido
grupo de capellanes, y con la asistencia de numerosos fieles, así como de diversas autoridades,
entre las que cabe destacar a los señores ministros de Defensa e Interior, presidió
la solemne ceremonia de la apertura del Año Santo Jubilar y de la Jornada de la Paz,
que tuvo lugar en la iglesia parroquial castrense de Santa María de la Dehesa, de Madrid.
En su homilía, en la Eucaristía celebrada la víspera de la fiesta del Bautismo del Señor, dijo:

Quiero, ante todo, alabar la firmeza de vuestra fe y el sentido de vuestra pertenencia a la comunidad católica castrense, que os han animado a aceptar nuestra invitación a celebrar juntos esta significativa apertura del Año de gozo con que deseamos conmemorar el cumplimiento del segundo milenio de la Encarnación y del Nacimiento del Hijo de Dios. Esta celebración litúrgica responde a la petición que el Papa Juan Pablo II ha hecho, a todas las diócesis de la Iglesia, de señalar el comienzo del Año Jubilar. Dadas las peculiaridades de esta porción del pueblo de Dios, nos pareció más conveniente escoger este atardecer en que la Iglesia universal inicia su conmemoración del domingo del Bautismo de Jesús.

Por disposición de Juan Pablo II, caminando en el surco de renovación eclesial abierto por el Concilio Vaticano II, obispos castrenses, capellanes y militares católicos con un sentido activo de su pertenencia eclesial, han sido llamados a tomar una nueva conciencia del significado de la presencia de la Iglesia católica en el seno de las Fuerzas Armadas. Así se ha pasado de los antiguos vicariatos castrenses, que eran un servicio de Iglesia prestado a los militares, en nombre del Papa, a una Iglesia de servicio o Iglesia diocesana, con su obispo no ya como Vicario del Papa, sino como obispo propio, con su presbiterio y con los fieles que viven su vocación profesional y pertenencia en el mundo militar, y que son llamados a ejercer su condición y compromiso bautismal dentro también del propio ámbito.

Llamar a vivir el presente Año Santo es convocar a lo que, en un momento difícil de su pontificado, el Papa Pablo VI llamó Operación-conversión. Dios vive, está cerca y nos ama; ha venido y continúa viniendo a nuestro encuentro. No hay futuro para el hombre sin Dios. No busquéis razones para la esperanza en otra parte, ni os construyáis dioses que mueren. Es necesario rehacer la persona humana desde dentro. Es un momento de gracia que ordinariamente no se obtiene más que con la cabeza inclinada.

Es un tiempo nuevo para mirar al mundo y decidir cómo servir mejor al proyecto de Dios y amarle más a Él, amando y sirviendo mejor a nuestros hermanos, los hombres. La realización de esa imperiosa tarea es imposible si no nos despojamos de somnolencias y miedos.

NI PEREZA NI MIEDO

Dicho de otro modo, y en referencia concreta a los católicos en España: si por pereza y descuidos nuestros, por miedos o por una tolerancia mal entendida en cuanto a otras convicciones y estilos de vida, no hacemos frente evangélicamente a la cultura que propugna el silencio público sobre el acontecimiento específicamente cristiano y reclama la privatización de la vivencia cristiana y eclesial, buscando que se diluyan y liquiden sus referentes esenciales y sus signos, llegaremos entonces a una verdadera catástrofe respecto al futuro del cristianismo en nuestro pueblo, dejando hundirse a las jóvenes generaciones de españoles en el más total desamparo en cuanto a las razones para vivir y las razones para esperar.

Y quiero referirme a una perspectiva que para nosotros, comunidad católica castrense, constituye privilegiado campo de cumplimiento de nuestra específica misión: la defensa y edificación de la paz. Es fundamental para un cristiano que ha sentido la vocación militar y ejerce esta profesión conocer las enseñanzas de los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, pues a ellos les ha correspondido formular con autoridad en nuestro tiempo un magisterio sobre la paz. Las Fuerzas Armadas están llamadas a ser instrumento de paz y concordia entre los pueblos y de apoyo a los más débiles. A este propósito, cómo no recordar las misiones militares para prestar generosa ayuda a poblaciones civiles damnificadas por calamidades naturales, o realizar una obra de pacificación en los países devastados por absurdas guerras civiles.

Un punto esencial del Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz, de este año 2000, es el llamamiento a pasar de la globalización económica y técnica (proceso no exento de riesgos) a la globalización de la fraternidad de todos los hombres. De este salto de cualidad que tiene que dar la Humanidad de comienzo del milenio depende, según el Papa, la estabilidad y la paz en el mundo.