RetrocesoA&ONº 196/20-I-2000SumarioRaícesContinuar
Siete historias en miniatura
Reproducimos, recogido del diario Avvenire, el texto de algunas postales de niños que viven
en lugares donde la pobreza o la violencia está presente todos los días. También reproducimos
el de otras postales llegadas desde Italia; la última, escrita por un niño normal que vive una
vida normal en Milán, donde los juegos y la comodidad no faltan, pero le falta aquello
que podría hacerle feliz: un hermano con quien convivir

Brasil: Duermen sobre un trozo de cartón

Me llamo Jailson de Souza Santos, vivo en Plataforma, un barrio de Novos Alagados, en las afueras de Salvador de Bahía, en Brasil. Voy a la escuela por la mañana, y por la tarde voy al centro de apoyo escolar, que se llama el Centro Educativo Juan Pablo II. Amigos del mundo, no uséis drogas, decid a vuestros padres que cambien las armas por los juguetes. Veo a muchos niños por la calle sin casa, sin nada para comer: son los que fuman, roban y son los que sufren mucho… Se pelean por un trozo de cartón que usan para dormir, pero no pueden dormir porque muchas veces, mientras duermen, llega alguien, los despierta y les quita el cartón y los amenaza.

Jailson de Souza Santos, Salvador de Bahía

Sarajevo: Teníamos miedo

Somos los niños de Sarajevo. Hemos pasado muchísimas horas en un agujero de pocos metros cuadrados. Hemos pasado muchísimo miedo: sabiendo que también los otros, aquellos que hacían el mal, tenían miedo como nosotros. Y ahora, que por fin ha llegado la paz, el mundo no es mejor, porque todavía hay dolor e infelicidad.

Nosotros queremos olvidar el mal y rezamos para que el mundo vuelva a sonreír como cuando éramos niños de verdad, y no conocíamos el sufrimiento y el terror.

Los niños de Sarajevo

Uganda: No queremos fusiles

Me llamo Francis y tengo 13 años. Vivía en Pajule, un pueblo del norte de Uganda, con mis padres. Éramos pobres pero íbamos tirando. Después mi padre murió, y mi madre se volvió a casar y su marido me trataba muy mal. Me escapé de casa hace un año y viví en las calles de Gulu (ciudad del norte) junto a otros niños como yo. Un día la policía me llevó a un reformatorio. Era un sitio horrible. Estuve allí hasta que encontré a unos voluntarios de una asociación católica que me propusieron ir con ellos para que empezara a estudiar de nuevo. En la casa de acogida he encontrado a personas muy buenas, y a muchos niños sin familia. Los educadores siempre nos han dicho que no salgamos solos a las calles: están llenas de rebeldes que secuestran a los niños y los reclutan. Te ponen en la mano un fusil y ten dicen: Dispara. En el 2000 espero poder volver a jugar al balón por las calles de mi ciudad.

Francis Opio, Pajule

Palestina: No queremos guerra en la tierra de Jesús

Me llamo Marwan Masrich Hazboun y soy palestina. Tengo 10 años. Vivo con mi familia en Belén, el lugar que Tú has elegido para nacer. ¡Gracias, Jesús, por haberme hecho nacer y vivir donde Tú también has nacido, gracias porque estás siempre en mi corazón! Gracias por la familia que me has dado y que me ha enseñado a amarte también en las situaciones más difíciles.

Querido Niño Jesús, mi país, Palestina, sufre desde hace mucho tiempo. Te pido que nos des la paz y la posibilidad de vivir libremente en esta Tierra Santa. Haz que los niños como yo podamos ir a Jerusalén cuando queramos, sin permisos especiales y sin controles de la policía de Israel. Abre el corazón y los ojos de color a los que odian y no saben amar.

Marwan Masrich Hazboun, Belén

Kosovo: ¿Quién tiene miedo de un prófugo como yo?

Soy un niño kosovar que llegó a Otranto en una zodiac. En Pec ya no tenía a nadie, ¿qué otra cosa podía hacer? Tengo nueve años y me llamo Arben Skander. En Kosovo he dejado a mi hermana Aferdita que tiene sólo 4 años, y que no sé qué ha sido de ella, si está viva todavía o si está muerta como mis padres. Me embarqué hacia Italia con un primo de mi papá. En Otranto me abandonó. He vivido lavando parabrisas en los semáforos y durmiendo en una nave abandonada, con otros mayores y niños de mi país. La policía me pescó y me metieron en un orfanato con otros como yo. En Pec vivíamos todos en una sola habitación, y con nosotros había una tía muy enferma. Pero nos queríamos, aunque no tuviéramos ni dinero ni televisión. Sé que soy un niño prófugo y grande, sé que somos muchos así, pero espero siempre poder ser acogido por una familia italiana que no tenga miedo de tener a un niño como yo. Y quizás llegue a ser yo también italiano.

Arben Skander, Otranto

Rusia: Sé que allí tengo una mamá

Estaba en el orfanato, ahora tengo una mamá que se esfuerza en hablar un poco de ruso. Arthur es mi nombre. Vengo de Rusia. Tengo 10 años y vivo desde hace dos en Milán con mamá y papá. Mi casa, durante mucho tiempo, ha sido un orfanato. Era una casa muy bonita con un jardín donde jugábamos. Pero todos teníamos un deseo en común: tener dos padres que nos llevaran de allí.

Todas las veces que dos padres llegaban, pensaba que me tocaba a mí. Pero también lo pensaban mis amigos. Yo conozco muy poco Rusia, pero mi madre me dice que pronto volveremos para visitarla. Ella habla un poco de ruso y me dice siempre que no debo olvidar mi lengua. Sé que allí tengo una mamá que no podía tenerme allí viviendo con ella, y una abuela que siempre se informaba de si era adoptado. Allí estuve un tiempo hasta que me llegó el turno. En mi oración pido siempre a Jesús que encuentre dos padres para mis amigos del Instituto.

Arthur Salichov, Milán

Italia: He pedido un hermanito

Todos los días juego solo con la playstation en mi habitación, aquí en Milán. Entre mis juegos está sólo el problema de cuál elegir, como me repite siempre mi abuela. Pero lo que quisiera del 2000 —olvidé decir que me llamo Luca— es un hermanito. Incluso una hermanita me iría bien. Yo juego siempre con compañeros de mi edad —11 años— o estoy con los mayores, pero a veces me gustaría cuidar de alguien más pequeño que yo, que me chille y que necesite mi ayuda.

Ya sé que mi mamá trabaja en la oficina y que siempre está cansada y que yo le doy trabajo. Ella y papá me dicen: Figúrate, después de diez años volver a empezar de nuevo con otro, ni hablar; pero yo insisto en que un hermanito sería el mejor regalo para mí. Y además los niños pequeños no son tan terribles, yo le dejaría también un sitio en mi habitación y podría ayudar a mamá a cambiarlo. Creo que incluso no sería tampoco demasiado celoso.

Luca Artieri, Milán

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