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Esta parroquia está situada al sur del Bronx, que por lo que hemos visto es lo más pobre, inseguro y deprimido de la zona; se comenzó a construir en 1900 y sólo se terminó la casa parroquial y el colegio; el templo se quedó a la mitad, sólo está construida la planta baja, que es como un semisótano. Al ser muy grande y venir poca gente, se dividió por la mitad, y se habilitó un gimnasio, que por las tardes se utiliza para recoger a los chicos, donde se les hace estudiar un tiempo y después les dejan jugar, evitando así que lo hagan en la calle y sean presa fácil para la droga y la violencia.El templo sólo se utiliza los fines de semana, donde los sábados a las 5 de la tarde tenemos la Hora Santa con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta. Los domingos tenemos Misa a las 10 de la mañana en español y a las 11,30 h. en inglés. Vemos la mano del Señor, pues empezamos con 90 personas en la Misa en español y el último domingo eran 180. A diario celebramos la Misa en casa, donde se ha habilitado una sala como capilla a la que vienen unas siete personas. Al lado del templo tenemos el convento de las Misioneras de la Caridad, que es la primera casa que fundó la Madre Teresa en Estados Unidos. Ellas han trabajado y lo siguen haciendo por la parroquia, pues nos ayudan con las catequesis de niños y algunos adultos que quieren recibir los Sacramentos. El Señor nos está concediendo una comunión extraordinaria, pues las ayudamos en el albergue de los vagabundos y celebramos alguna Misa cuando no puede venir alguno de sus sacerdotes. Vivimos en un edificio antiguo de dos plantas, que está en regular estado, ya que hace una semana se nos cayó el techo de una de las habitaciones, pero a pesar de todo es habitable. Es normal que las parroquias tengan a su cargo un colegio y su administración, pero ésta no lo tiene, pues en los últimos años no ha tenido un sacerdote fijo. La diócesis lo alquiló a una guardería privada, y parte del alquiler lo asignan a la parroquia, que es el ingreso más fuerte que tiene. |
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Nosotros estamos agradecidos de que Dios cuente con nosotros para esta misión; aunque la zona humanamente no es atrayente, vemos cómo Dios nos protege y nos da la alegría de poder ayudar a toda esta gente que tanto lo necesita.
Dentro del territorio parroquial tenemos muchos edificios que les llaman proyectos (edificios protegidos), donde el Gobierno facilita vivienda, luz, agua, calefacción a los más pobres; el entrar aquí es muy peligroso, pues se dan muchos casos de violaciones, robos, etc., dentro del mismo edificio. Siempre nos aconsejan que no entremos solos, sino con alguien que lleve tiempo viviendo allí. El Bronx no es como sale en las películas, pero muchas veces tenemos la sensación de estar en el rodaje de una de ellas. Por la mañana se puede salir con una relativa tranquilidad; por las tardes el ambiente es más conflictivo, y el salir después de las 7 de la tarde es más peligroso; es rara la noche en que no se escuchan tiros y sirenas de la policía. Delante de nuestra casa hay un parque que parece un supermercado de droga y, en el poco tiempo que llevamos aquí, ya se ha dado algún caso de asesinato con arma de fuego y algún apuñalamiento. Otro problema importante aquí es la gran cantidad de sectas que tenemos alrededor, junto con las tres clínicas de aborto que hay en el territorio parroquial. Aunque estamos en un país desarrollado, esto es zona de misión, por la pobreza moral de la gente y la falta real de la familia, pues la gran mayoría viven en situación irregular, donde los jóvenes crecen sin conciencia de pecado, siendo terreno fácil y fértil para la droga y la violencia. Queremos darle un ritmo normal a esta parroquia, y viendo que la gente no viene, estamos metiéndonos en sus ambientes, visitando enfermos, a las familias, y manteniendo una constante presencia en la calle, pues nos da la oportunidad de que la gente nos conozca y poder hablar con ellos. Una barrera que esperamos superar con la ayuda de Dios es el idioma. Para este fin estamos recibiendo clases dos veces por semana, pues aunque es una zona de mayoría hispana los jóvenes y los niños sólo hablan inglés. Contamos todo esto porque queremos compartir la alegría de la misión, y mantener viva la comunión. Antonio Morales |
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