RetrocesoA&ONº 197/27-I-2000SumarioDesde la feContinuar

NO ES VERDAD

Lo de Arzallus ya no es miopía; es ceguera total. ¿Para cuándo la dimisión? Porque si un ciego guía a otro ciego… Ahora, a la noble pregunta de Mayor Oreja ¿Cuántos muertos más hacen falta para que el PNV no respalde a los asesinos y, en vez de «suspender» su relación «rompa con ellos», replica con el cinismo de que «cuántos muertos más hacen falta para que Mayor Oreja se mueva». El Gobierno se ha movido hasta demasiado. ¿Se puede premiar a alguien por dejar de matar? El verdadero cáncer del terrorismo está —ha estado siempre, y ahí sigue— en los vesánicos teóricos de la tercera y, según ellos, milimétricamente medida y equidistante vía, entre la vida y la muerte. No hay tercera vía que valga: o se está con la vida y con la libertad, que son indivisibles, o se está con la muerte y con la violencia. En esto no hay, no puede haber medias tintas, ni términos medios. Si el meollo de ese cáncer se estirpa, no habrá metástasis posibles. Todo lo demás, venga de quien venga, es coartada, doblez, traición, hipocresía, por mucho que al crimen lo llamen vuelta a la actividad armada, tratando de deshonrar la noble profesión del teniente coronel asesinado en Madrid, cuyo sentido de la responsabilidad no está siendo suficientemente reconocido por todos. Siempre tiene sentido, pero ¿es eficaz mandar mensajes racionales a quien no tiene capacidad de razonar? Hay cosas que sólo se entienden desde el aislamiento absoluto. Quien renuncia a ser hombre, ¿sigue teniendo derechos humanos?

¿Pero cómo puede alguien dárselas de inteligente y demostrar lo contrario tan clamorosamente, como lo han hecho recientemente en Telecinco —por lo que leo en los periódicos, que uno se cuida y no tiene tiempo que perder en ver programas de ese jaez— los ramoncines, sardás y adriansens, de bochornoso turno en la farándula del ridículo televisado y de la nómina cutre? Pero esos pobres chicos, ¿son tan cortitos que no se dan cuenta de lo que hasta el más lerdo de sus espectadores saca en limpio: que el Papa Juan Pablo II tiene que ser abrumadoramente importante e interpelador para la conciencia de la gente de hoy, incluidos ellos, porque si no, no se molestarían en meterse tanto con él, ni en dedicarle tanto esfuerzo de sus menguados caletres? Pero, hombre, por Dios, ¿ni siquiera son capaces de entender que no ofende quien quiere, sino quien puede? ¿No se enteran de que la basura no puede llegar, no ya a la altura del Papa, sino a ninguna altura —como mucho, a algún contenedor de basura, si alguien la recoge—, porque se queda siempre a ras de tierra? Alguien ha pretendido defender al pobrecito Ramoncín argumentando que es un autodidacta que ha sabido hacerse una cultura, a pesar de venir de una familia muy humilde. Pero, por Dios bendito, ¿cabe insulto mayor a las familias humildes? ¿Y demuestra su cultura llamando al Papa farsante y caradura? ¿Cree el ladrón que todos son de su condición? Luego las cadenas (nunca mejor dicho) de televisión piden la ayuda de la gente normal para programas serios y se encuentran con la negativa más cerrada. Lógico. Que Ramoncín y Sardá les saquen las castañas del fuego, y que con su pan se lo coman...

Gonzalo de Berceo