RetrocesoA&ONº 197/27-I-2000SumarioDesde la feContinuar

LIBROS
Unos recuerdos muy vivos
Quién dijo que la Historia oral es un instrumento de manipulación? Que algunos, que se las dan de historiadores y de progresistas, hayan utilizado la Historia oral para manipular los hechos más recientes, y muy en concreto nuestra última guerra civil, es tan cierto como que este mismo tipo de personajes, puestos a ello, son capaces de manipular la Historia oral y la que se hace con archivos de documentos escritos. A éstos, hasta la guía de teléfonos les sirve como documentación para justificar su ideología.

Para empezar, no es cierto que el descubrimiento de la Historia oral sea algo de antes de ayer. La Historia oral es tan antigua como el nacimiento de la cultura. Y además, es tan importante en algunos casos, que la Tradición, junto con las Escrituras, es nada menos que fuente de la Revelación para la Iglesia católica. En definitiva, que hay historias mal hechas y otras que, por bien hechas, son veraces.

Pues bien, el libro que acaban de publicar, en la editorial Ariel, Alfonso Bullón de Mendoza y Álvaro de Diego, titulado Historias orales de la Guerra Civil, es riguroso, está muy bien construido, es atractivo y ha sido escrito con una agilidad, que invita a la lectura de un tirón.

Los autores son profesores de la Universidad San Pablo-CEU, y han trabajado durante años con cuestionarios que les han servido para recoger el testimonio y los recuerdos del último enfrentamiento fratricida.

En las páginas del libro cobran vida facetas de la vida común, que resulta imposible encontrarlas en los archivos, tales como los juegos de los niños, el vestido, la comida y las diversiones durante aquellos tres terribles años. Pero, sin duda, los capítulos más importantes son los dedicados a la persecución religiosa y a la práctica de la religión, tanto en la zona nacional como en la republicana, donde hubo una Iglesia de catacumba.

La Historia oral les ha permitido a estos dos autores darnos a conocer sucesos, hasta ahora desconocidos por la Historia que se escribió a base de archivos, porque hay barbaridades que, aunque no se registraron por escrito, permanecen vivas y dolorosamente inolvidables en el recuerdo de quienes la vivieron.

J. P.


Maestros

Cuando se jubiló don Pascual, mi maestro de cuando era niño, le envié una carta dándole las gracias por lo que él había sembrado en mí, y le decía:

En mi vida, querido don Pascual, yo he tenido muchos profesores; pero maestros sólo a usted. Sé que se emocionó al recibirla, como se habrán emocionado, sin duda, los maestros que hayan leído el libro, recientemente publicado por Espasa, y escrito por Raúl Cremades, quien compagina el mundo de las letras y el periodismo con el de una labor educativa intensa: se le nota que no en vano estudió Magisterio en Alcalá de Henares.

Ha escrito estas 425 páginas con lucidez, aunque no hay tenido demasiada suerte en la selección del los entrevistados. Es un testimonio veraz y muy ágil basado en las entrevistas que el autor ha mantenido con treinta personalidades españolas sobre los recuerdos contrapuestos que guardan de sus respectivos maestros.

La Condesa de Barcelona, Leopoldo Calvo-Sotelo, Julio Anguita, Carlos Cano, Luz Casal, Manuel Fraga, Antonio Garrigues Walker, Rafael Navarro Valls, Loyola de Palacio, Elías Yanes, Antonio López, Theresa Zabell, entre otros, relatan, en primera persona, sus vivencias infantiles y rescatan del anonimato, tantas veces injusto, a aquellos maestros y maestras que verdaderamente marcaron sus vidas con una influencia decisiva.

Como escribe el autor, en respuesta al prólogo de Federico Mayor Zaragoza, quien plantea la urgencia de revalorizar el papel y la figura del maestro, ha habido situaciones excepcionales en las que algunos pueblos han reconocido explícitamente la importancia del trabajo realizado por sus educadores; pero, por desgracia, la ingratitud generalizada hacia los educadores —considerados injustamente tantas veces profesionales de segunda categoría— ha sobrevivido hasta nuestros días.

M. A. V.