RetrocesoA&ONº 197/27-I-2000SumarioDesde la feContinuar

Punto de vista
Efecto 2000

Este ordenador no pasa el efecto 2000, me dijo un amigo informático. Ya me reía imaginando la humillación de la técnica, cuando un pensamiento me sorprendió inquietante: ¿Y yo? ¿Pasaré yo el efecto dos mil? ¿Quedaré yo también prisionero de este siglo, incapaz de festejar Jubileo alguno? Decidí formular las condiciones que debían cumplir quienes quisieran pasar el efecto 2000. Son éstas:

A primera vista, me pareció que el 2000 era una fiesta dedicada al futuro. Creer en el futuro, eso era. Y creer en el futuro era esperar en la técnica, en sus posibilidades, en los teléfonos móviles, en las distancias cada vez más cortas. Y así un mundo siempre más confortable, más científico, y (me parecía sinónimo) más humano. Pero...

No. En el 2000 no se festejaba el futuro. La técnica por sí sola —como la Historia de este siglo ha demostrado— puede crear, pero también puede destruir. El número 2000 no es un indicador del progreso, sino que marca la distancia de un acontecimiento único en la Historia: el nacimiento de Cristo. Por eso, sin fe en Cristo, no hay 2000 que valga. El 2000 se construye sobre una roca que es Cristo, o no se construye. Esta condición, en el lenguaje de la informática, podría ser: Es importante tener buena memoria.

Otra condición para ir al ritmo de los tiempos me parecía ser la velocidad. Pero el problema de la prisa es que hace muy estrecho el presente, nos proyecta en el futuro que queremos vivir por anticipado. El presente nuestro de cada día se hace casi inhabitable, porque la prisa nos saca violentamente de él.

No. Una fiesta no se puede celebrar deprisa. Y en el 2000 se celebra una fiesta. Se trata, está claro, de un cumpleaños. En un cumpleaños se recuerda el nacimiento del amigo para gozarse en su presencia. Por eso sólo Cristo, el amigo vivo, puede ensanchar nuestro presente. Estar con Cristo resucitado es tener un presente acogedor donde uno puede habitar tranquilo.

Quedaba sólo una cosa: ¿qué hacer con el futuro? Muchos piensan que el tiempo es como un círculo. Lo que ha pasado pasará, y lo que pasará ya ha pasado: todo se repite y gira sin novedad. Y claro, el 2000 no se celebra, porque es ya agua que dejó el molino. El futuro es tan viejo como el periódico de ayer. Y esto es así cuando el hombre se empeña en sacar la novedad de sí mismo. Porque la novedad se recibe siempre como un don. Cristo ha traido y esconde todo lo nuevo. Sólo apoyados en Cristo y viviendo con Él se puede esperar la sorpresa.

Y le traduje a mi ordenador esta nueva condición, con la esperanza de que esquivase la fatal profecía de mi amigo informático: Prepara una buena capacidad de expansión.

Y así el 2000 se convertirá en una completa catequesis cristiana. Cristo fue constituido Señor del tiempo; Cristo, que es el mismo ayer, y hoy y siempre.

José Granados, dcjm

Diez consejos para el Jubileo

- No presumas de «cristiano adulto«. Sé humilde. Reconoce que todos necesitamos perdón y misericordia. El año 2000 del nacimiento de Cristo es una buena oportunidad para renovar nuestras actitudes.

- Agradece a Dios su plan de salvación. Vivimos de su amor. Sin Cristo, sin el Calvario, sin la Resurrección, sin la Iglesia, sin el Espíritu Santo, todo sería mucho peor.

- Valora y agradece el ser cristiano católico. Alégrate de ser hijo de Dios y ciudadano del Cielo. Renueva tu fe, recita el Credo, reza el Padrenuestro.

- Tómate en serio la Misa del domingo. Prepara tu alma antes de acudir a la iglesia. Da gracias a Dios por la creación, por la esperanza de la vida eterna, por la fraternidad. Entra en Jesucris-to, vive con Él y como Él.

- Reconoce tus pecados. Nadie es del todo bueno. Atiende la llamada de Dios que nos ofrece el perdón, la alegría de la salvación. Ve a la Iglesia, confiesa tus pecados al sacerdote y recibe con gozo el perdón de Cristo.

- Invoca a la Virgen para que te ayude a creer en Jesucristo con amor, fidelidad, fortaleza. Ella es madre y modelo. Jesús la preparó para que fuera la madre espiritual de todos sus hermanos. Acude a ella con confianza de hijo.

- Vive más sobriamente. Confórmate con lo que tienes, frena ambiciones y caprichos. Piensa en quienes tienen menos que tú, ayúdales con tu tiempo y tu dinero. Con tu amor.

- Habla de Jesucristo a tus vecinos, a tus compañeros de trabajo. Háblales de la bondad de Dios, de la esperanza de la salvación, de la posibilidad y la alegría de ser mejores amando a Dios y haciendo el bien.

- Cumple tus obligaciones de cada día, con amor, con el gozo de ayudar a vivir a los demás y de ir construyendo un mundo de fraternidad y de esperanza. En el nombre de Jesús.

- Ama tu mundo, defiende y protege la vida. Ponte a favor de los necesitados, los pobres, los niños, los ancianos, los enfermos, los inmigrantes...

Da gracias a Dios por haberte llamado a colaborar con Él en la construcción de un mundo de hermanos. Hasta que nos llame.

Monseñor Fernando Sebastián Aguilar