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Muy especialmente se ha preocupado Juan Pablo II a lo largo de su pontificado por los inmigrantes, que se han visto forzados a abandonar el hogar, por las causas que motivan el éxodo de millones de personas, por el deber cristiano y moral que no pueden eludir las sociedades receptoras... He aquí alguna de sus intervenciones más significativas:- Los trabajadores extranjeros viven puerta con puerta con vosotros. Abrid esas puertas. Nadie es extranjero en la Iglesia. Los moradores de la casa de Dios viven todos bajo un mismo techo (Bottrop, Alemania.1987) - El cierre de las fronteras a menudo no está motivado simplemente por el hecho de que ha disminuido o ya no existe la necesidad de la aportación de mano de obra de los inmigrantes, sino porque se afirma un sistema productivo organizado según la lógica de la explotación del trabajo« (9 de octubre de 1998). - La condición de irregularidad no comporta ninguna mengua de la dignidad del migrante: Éste posee unos derechos inalienables que no pueden ser violados ni ignorados. Como sacramento de unidad y, en consecuencia, signo y fuerza que congrega a todo el género humano, la Iglesia es el lugar en el que también los inmigrantes ilegales son reconocidos y acogidos como hermanos (Jornada Mundial de Migraciones 1996). - Es necesario tomar medidas específicas que favorezcan y hagan más fáciles los trámites para que los familiares puedan reunirse y para que se adopten normas jurídicas que aseguren una igualdad de trato efectiva con los trabajadores autóctonos (agosto de 1992). - Las migraciones han de considerarse como la avanzadilla de los pueblos en camino hacia la fraternidad universal. Los países ricos no pueden desinteresarse del problema migratorio y aún menos cerrar las fronteras y hacer leyes más restrictivas, sobre todo porque aumenta cada vez más la diferencia entre ellos y los países pobres de donde las migraciones traen su origen (Mensaje para la jornada de Migraciones 1987). |