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«Este hombre era inocente»



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El pasado sábado, 22 de enero, el arzobispo castrense, monseñor José Manuel Estepa, presidió la misa funeral por el eterno descanso del teniente coronel Pedro Antonio Blanco García, en el patio de armas del Cuartel General del Ejército. Recogemos algunos párrafos no conocidos de su homilía:
«A quienes pertenecéis a este Cuartel os debe estallar el corazón en rabia y llanto al veros obligados a congregaros de nuevo, después de un cierto período de sosiego y de vigilante confianza, en este solemne Patio de Armas, convertido en Salón de Homenaje y en lugar sagrado de oración, para rendir honores al compañero asesinado, y para celebrar la Eucaristía por su alma, mientras queréis compartir vuestra tristeza con la esposa, los hijos y los padres de Pedro Antonio Blanco, con sus otros familiares más cercanos y con sus amigos más íntimos. Ayer, en las primeras horas de la mañana, Caín el fratricida, que buscaba desde hacía días por la ciudad de Madrid víctimas inermes para su cosecha de muerte, hizo alto en la barriada predominantemente militar de Virgen del Puerto; alcanzando su horrible objetivo y huyendo cargado con su inhumana carga de odio y de demencia. Yo os invito a todos a hacer un esfuerzo grande, por duro que resulte, frente a esa obra de demencia destructora y de odio fratricida que ha venido de nuevo a herirnos, para que no demos pasos atrás en la necesidad de estar unidos, en el mantenimiento de una serenidad espiritual y de un sentido de fe y de confianza en Dios, actitudes que deben predominar sobre cualquier otro sentimiento, mientras mostramos nuestra estima y condolencia a la familia de don Pedro Antonio Blanco García. Si nos abandonamos a la mera e instintiva emoción, seremos invadidos por el rencor y por el deseo de revancha, o por el abatimiento y la sensación de inutilidad, ante acontecimientos que a nosotros, los sencillos, quizá nos sobrepasan en sus estrategias más hondas. ¿Nos damos cuenta de la profundidad de ruptura con Dios y con los auténticos valores de la vida que significa el que individuos y grupos humanos, movidos en este caso por una ideología y reivindicaciones confusas, lleguen a tal nivel en el desprecio y en el pisoteamiento de la vida del prójimo? En el pasaje del evangelio de san Lucas que acabamos de oír se nos ha invitado a volver la mirada al Monte Calvario. Antes de expirar en la Cruz, Jesús gritó con gran fuerza: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Y el evangelista anota que el centurión romano que había dirigido la operación, glorificó a Dios diciendo: Realmente, este hombre era inocente» |