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Cuando Juan Pablo II, el metropolita ortodoxo Athanasios, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y el arzobispo de Canterbury, George Carey, Presidente de la Comunión Anglicana, abrían juntos, el 18 de enero pasado, la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo Extramuros, el diálogo hacia la unidad de los cristianos dio su paso más decisivo desde la celebración del Concilio Vaticano II.Al final de su intervención durante el encuentro, el Papa no pudo contener la emoción. Ante la imponente presencia de representantes ortodoxos, Juan Pablo II recordó su inolvidable viaje a Bucarest, del pasado mes de mayo, el primero de un obispo de Roma a tierras ortodoxas. Dejando a un lado los papeles, gritó en rumano: Unidad, unidad. Y explicó: Este grito que escuché en Bucarest durante mi visita lo escucho como si fuera un eco muy fuerte. «Unitade, Unitade», gritaba el pueblo reunido durante la celebración eucarística: todos los cristianos, católicos, ortodoxos, y protestantes, evangélicos, todos, gritaban juntos: «Unitade, unitade». Gracias por este grito, por este grito consolador de nuestros hermanos y hermanas. DIÁLOGO CATÓLICO-ORTODOXO
En el encuentro se encontraban presentes prácticamente todas las Iglesias ortodoxas: desde el Patriarcado ecuménico de Constantinopla, hasta el de Moscú, sin olvidar históricas sedes como la de Alejandría, Antioquía, Serbia, Rumanía o Grecia... Al final del encuentro, monseñor Eleuterio Fortino, subsecretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ha querido hacer un balance de la situación del diálogo entre católicos y ortodoxos: El diálogo teológico ha experimentado una serie de dificultades a partir de 1990, es decir, desde la caída de los regímenes comunistas, en particular con la reorganización de las Iglesias orientales en el Este de Europa, particularmente en Rumanía y Ucrania. Surgieron problemas prácticos, como el de la propiedad y la utilización de lugares de culto que pertenecían a la Iglesia greco-católica (fiel a Roma, pero de rito bizantino). Estos templos habían sido confiscados por el régimen comunista y entregados a las Iglesias ortodoxas. En este sentido, se ha convocado del 9 al 19 de julio una reunión de una Comisión de católicos y ortodoxos que debería tener lugar en Baltimore. Se espera que en esa cita se den pasos importantes. |
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DIÁLOGO CATÓLICO-PROTESTANTE
El mundo protestante estaba representado por los anglicanos, la Federación Luterana Mundial, el Consejo Mundial Metodista y la Iglesia de los discípulos de Cristo. La delegación luterana, guiada por el Presidente de la Federación Mundial, era la más numerosa. ¿Cómo avanza el diálogo con estos cristianos? Responde el padre Matthias Türk, encargado del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos para este sector. El año pasado tuvimos grandes éxitos, en especial, con la firma de la Declaración conjunta sobre la «Justificación», resultado de una investigación teológica que ha durado más de treinta años. Muchos teólogos, a nivel nacional, han trabajado sin descanso para alcanzar este objetivo, especialmente en Estados Unidos y en Alemania. La firma del documento en Augsburgo ha supuesto un estímulo decisivo para continuar con el diálogo pastoral, teológico y eclesial. El mes de diciembre pasado, además, tuvo lugar la audiencia privada del Santo Padre al Presidente de la Federación Luterana Mundial, un paso decisivo para nuestras relaciones. Todos estamos convencidos de que tenemos que fortalecer y continuar intensamente este diálogo, que tiene un gran futuro. DIÁLOGO CATÓLICO-ANGLICANO
Por lo que se refiere al diálogo con los anglicanos, el padre Timothy Galligan, encargado de este sector en el organismo vaticano para el diálogo con las demás confesiones cristianas, aclara que, en este año pasado, el hecho más sobresaliente ha sido quizá la publicación del nuevo informe de la Comisión de católicos y anglicanos que se titula «El don de la autoridad». En este documento, los anglicanos, sin entrar en detalles, reconocen el papel insustituible que desempeña el obispo de Roma para la comunión de todas las Iglesias cristianas. En este sentido, los dos grandes obstáculos para el diálogo son la crisis interna de la misma Iglesia anglicana la práctica religiosa prácticamente está desapareciendo y la reciente decisión de ordenar a mujeres sacerdotes. Jesús Colina.Roma |