RetrocesoA&ONº 197/27-I-2000SumarioMundoContinuar
Elecciones en Chile:
Mucho más que Pinochet
La polémica en torno al proceso del general Pinochet ha contribuido a velar ante la opinión
pública mundial el significado de unas elecciones trascendentales para el futuro de Chile

Votar a favor o en contra de Lagos no puede resumirse en el efecto Pinochet, a pesar de que ésa es la lectura fácil, a primera vista. La elección de Ricardo Lagos no sólo supone la victoria moral de los opositores a Pinochet y un posible juicio contra el general: tanto Lagos como Lavín habían prometido garantizar la independencia de los jueces, y habían admitido la posibilidad de procesarlo en su país. Por otro lado, muchos analistas afirman que parte de la victoria de Lagos se debe a la moderación de sus discursos sobre Pinochet en los últimos días previos a la segunda vuelta.

En realidad, el fenómeno que ha permitido la victoria de Lagos es bastante más complejo. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que la victoria de Lagos estaba más o menos prevista: la coalición con la que se presentaba, la Concertación (Democracia Cristiana, socialistas y centro), lleva gobernando Chile desde hace una década; lo que no estaba previsto era el remonte de la Unión Democrática Independiente de Lavín (la derecha ha conseguido en estas elecciones sus mejores resultados desde la dictadura). Por tanto, no se puede hablar nítidamente de ganador y perdedor. El empuje a Lagos le ha venido de dos frentes teóricamente contrapuestos: la Democracia Cristiana y del Partido Comunista, que se abstuvo en la primera vuelta.

Por otro lado, lo que revelan estos resultados es una clara división en el electorado católico chileno entre un frente laicizante y otro más fiel a la doctrina católica. No puede hablarse de una actitud oficial, ya que el episcopado chileno se ha mantenido exquisitamente al neutral, y no ha emitido comunicados oficiales de ningún tipo. Es más: el Vaticano nombraba, poco antes de las elecciones, al nuevo rector de la influyente Universidad Católica: se trata de Pedro Russo, un candidato consensuado por unos y otros.

Según los observadores políticos, la democracia cristiana, como la masonería y los evangelistas, entre otros, ha apoyado a un candidato defensor del aborto y sobre todo del divorcio, lo cual es relevante porque Chile es el único país de Sudamérica y uno de los pocos del mundo que no lo admite. Y todo, en el contexto de una crisis moral y de un auge del relativismo que ya ha denunciado en repetidas ocasiones la Iglesia chilena. Pero eso no obsta para que, en lo político, la actitud oficial de la Iglesia haya sido el silencio y el respeto por los resultados. No en vano, el arzobispo de Chile, monseñor Errázuriz, esperó a hacer sus primeras declaraciones tras la victoria de Lagos, y afirmó que, en caso de divergencias entre la Iglesia y el Estado, se discutiría ampliamente al más alto nivel, al tiempo que pedía al nuevo Presidente que proteja los derechos humanos y la dignidad de todos los chilenos.

Inma Álvarez