RetrocesoA&ONº 197/27-I-2000SumarioEspañaContinuar
31 de enero: San Juan Bosco, mediador
Amagar y dar
Hoy todo es un pugilato raro:amagar y no dar. El que pregunta no escucha las respuestas, y el interrogado contesta antes de oirlo, y el ofendido, lo fue, por la simple sospecha de haber oído que le ofendían.

Todo son, aquí y allá, monólogos y griterío. Eso, eso, que los decibelios sustituyan a los razonamientos. Vencer sin convencer. Descalificar y dar el tostón, en nombre de Dios o de los dioses, al adversario.

En la compleja, apasionante e increíble biografía de san Juan Bosco hay un aspecto muy poco conocido: sus funciones de diplomático. No de carrera, claro está, sino de ejercicio de poder de mediación, en momentos particularmente difíciles y agitados de Italia.

La verdadera cultura diplomática, la previa a la otra, don Bosco la acompañaba de humor y tolerancia. Tanto que era capaz de reírse de sí mismo, porque se sentía afirmado y enriquecido con la del contrario, asimilándola.

En su época se dijo: La política de don Bosco es muy sencilla:no tener ninguna; observar, buscar sólo el bien y aprovechar las ocasiones. Es decir, desterrar todo interés personal, eso que se llama hoy erótica del poder. Amagar y dar.

Con su tolerancia y su silencioso humor, don Bosco enseñó política a los políticos del Risorgimento: Cavour, Ratazzi o Siccardi, hombres de Estado, quienes le consultaban y obedecían, como los mismo Papas Pío IX o León XIII.

Yo no he aspirado a ser otra cosa —escribía de viejo— que a ser un buen niño, un buen joven, un buen estudiante y un buen sacerdote. Naturalmente que, como italiano, cultivó las voces que corrían por la masa de su sangre, pero con la mesura que da el sentido común. ¿Que unos elegían la barricada para lograr la unidad del país? Él escribía una bonita y digerible Historia de Italia, encajable en la cabecita de los pequeños. ¿Que otros propinaban soflamas políticos en el púlpito? Él divulgaba una sencilla Historia de los Papas, escrita de su puño y letra, para uso de valdenses, o de masones. Así de fácil. ¿Así de fácil? ¡Ah! Y todos fueron best-seller.

¿Tan difícil será el secreto de la mirada limpia, de tener en cuenta al otro, de ir siempre por derecho y con generosidad a los problemas que nos acechan?

Pues ésta fue la oferta genuina de don Bosco:calendarios con recetas de cocina para las señoras; libros de bolsillo, pintureros y amables, para estudiantes; cabriolas y juegos de manos para la chiquillería; catecismo sonriente y serio a la vez, importante y sin barba para todos en su sitio (calle, tertulia, diligencias). Que la tolerancia no es cobardía, que el humor no es cachondeo, que la delicadeza no es debilidad. Amagar... y dar.

Porque sepa usted, señor ministro —decía el santo— que yo soy sacerdote en la clase y en la iglesia, en la calle y en el taller, en Roma y en Florencia, en mi casa y en la del señor ministro. Con este oreo de gentileza y de elegancia moral, tirios y troyanos delegaron en él muchas de sus decisiones y acuerdos, y la Nueva Italia de Mazzini podía comprender que todo hombre está en exceso desvalido como para no declararlo.

F.Rodríguez de Coro