RetrocesoA&ONº 198/3-II-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Adiós del Nuncio a los españoles
Acepto con mucho gusto la oportunidad que me brinda el director de Alfa y Omega para escribir unas líneas en este precioso semanario, a modo de despedida, al finalizar mi misión pastoral en España. Ha sido un período lleno de acontecimientos diversos y variados, unos muy agradables y otros menos gratos.

Cabe destacar, en primer lugar, el trienio dedicado a la progresiva preparación del acontecimiento del Gran Jubileo, con motivo del 2.000 aniversario del misterio de la Encarnación, que estamos gozosamente celebrando este año en toda la Iglesia. Las emotivas aperturas de las Puertas Santas de las cuatro grandes basílicas romanas, con solemnes ritos ejecutados y presididos por el mismo Santo Padre, subrayan, por sí solas, la extraordinaria importancia y trascendencia de este acontecimiento jubilar, aumentado por la masiva participación de una multitud de peregrinos que han querido aprovechar, y seguirán aprovechando, las gracias especiales del Año Jubilar en Roma, en Jerusalén y en tantísimos otros lugares destinados a tal práctica devocional. ¡Quiera el Señor que el aniversario del nacimiento de su Hijo sea para muchísimos un tiempo de conversión y de santificación, portador de paz y de reconciliación!

No puedo omitir el hacer una particular mención del Año Jacobeo. Peregrinos —casi ocho millones, cifra récord que supera todas las estadísticas anteriores— de toda España y del extranjero, muchas veces con no pocos sacrificios, se han dado cita en Santiago de Compostela para venerar la tumba del Apóstol, lucrar las indulgencias del santo Jubileo y conseguir el perdón de sus pecados.

Para las Iglesias en los países europeos ha sido de gran importancia la segunda Asamblea para Europa del Sínodo de los Obispos, en el que ha tenido un papel relevante, como Relator General, el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela. Ha sido un Sínodo que ha trazado líneas muy claras para la tarea pastoral y evangelizadora en estos próximos años.

30 NUEVOS OBISPOS


Con gran satisfacción quiero resaltar los treinta nombramientos episcopales, con los que el Santo Padre ha resuelto la provisión de las diversas diócesis españolas vacantes, o ha querido dotar de obispos auxiliares a ordinarios de determinadas demarcaciones de gran extensión territorial o de complejidad pastoral. Quiera Dios que estos nuevos obispos puedan ser mediaciones eficaces para la revitalización de la fe y de las sanas tradiciones populares, llenando de entusiasmo a los fieles, particularmente a los jóvenes, e incorporarlos al quehacer evangelizador y misionero de la construcción del Reino de Dios.

Por la grave crisis de valores que atravesamos y por los peculiares modos de convivencia que van surgiendo en la sociedad de nuestros días, siento la urgencia de llamar la atención de los padres de familia sobre su extraordinaria responsabilidad en la educación de sus hijos. Con sus gestos y palabras, con su presencia cariñosa y, sobre todo, con el testimonio de vida, deben hacer que la familia sea un verdadero santuario y una pequeña Iglesia doméstica. España podría dejar de ser una nación católica si continúa el dramático descenso de la natalidad, si los padres no educan en la fe cristiana a sus hijos y si persiste la preocupante sequía vocacional a la vida sacerdotal y religiosa.

En otro orden de cosas, me gustaría advertir a los lectores de estas sencillas palabras y a los católicos españoles, en general, la necesidad de conocer y valorar los numerosos documentos, muchos de ellos de gran actualidad coyuntural y rico contenido doctrinal, elaborados en estos últimos años por la Conferencia Episcopal Española. La lectura, reflexión y vivencia testimonial de los mismos podrían marcar pautas de comportamiento y criterios de actuación sumamente prácticos, no sólo para la vida religiosa, sino también para la vida social, política, económica...

PROMESAS INCUMPLIDAS


Con honda preocupación y lamentándolo mucho, tengo que referirme al problema de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Durante esta última legislatura, a punto de terminar, no se han cumplido las promesas de solucionar esta cuestión tan importante. La sociedad española, las familias (padres e hijos) han perdido cuatro años preciosos de difícil compensación. Los actuales gobernantes asumieron, en su momento, graves responsabilidades con resultados hasta ahora fallidos. Si les es posible, tendrán que reparar en el futuro lo que han omitido en el pasado.

España ha hecho durante estos cuatro últimos años un gran esfuerzo y ha experimentado un considerable progreso. Creció su peso específico y participación en el foro internacional, en el campo de las finanzas, con notables logros económicos y comerciales. Hay que construirla sobre unos sólidos cimientos de principios éticos, morales y religiosos, si es que verdaderamente quiere subsistir.

Para conseguir estas metas, hay que hacer todo lo posible para fortalecer la familia, base fundamental de la sociedad civil y de la comunidad eclesial. Sin la consolidación y robustecimiento de la familia, el futuro de España no podrá ser muy prometedor.

Quiero terminar estas líneas con unas palabras de comunión y agradecimiento a la Conferencia Espicopal Española, por la deferencia y buen trato que siempre me han dispensado. Nunca podré olvidar estos años, en los que he procurado trabajar en estrecha unión con los obispos españoles. Llevo conmigo un gratísimo recuerdo de la Iglesia en España, de todas y cada una de sus diócesis, de sus pueblos y de sus gentes... ¡de toda España!, a la que he aprendido a amar y a respetar.

Agradecido al Señor por tantas cosas, puedo asegurar que esta querida Nación española estará siempre en mi recuerdo y en mis oraciones.

+Lajos Kada