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Mi crimen? ¿Qué crimen? ¿Es un crimen matar a un parásito vil y nocivo? Es la respuesta evasiva de Raskólnikov el joven protagonista de Crimen y castigo, del literato ruso Fiódor Dostoyevsky cuando se le reprocha su asesinato de una anciana usurera. ¿Qué hay de malo? ¿Por qué no? ¿No hemos quedado en que todo vale, que lo moral es siempre relativo, opinable? La antropología cristiana afirma, en cambio, que todo ser humano posee una dignidad sagrada e inviolable, absoluta; que el modo adecuado de tratar a cualquier hombre es el respeto incondicionado. ¿Por qué? Consideremos algunos rasgos esenciales de la identidad humana a la luz del mensaje y de la obra de Jesucristo.HIJO, AMADO, HERMANO
En primer lugar, el hombre es hijo.Se trata de una experiencia básica y fundamental, en el amanecer de nuestra conciencia. Sin formularla, la vivimos así: No soy un producto, una mercancía, ni un individuo más de la especie. Yo soy hijo/a:he recibido la vida de mis padres, que me cuidan porque me quieren; soy único para ellos; soy el desbordarse de su amor mutuo. Los padres, por su parte, tienen conciencia de que el hijo no es meramente algo que ellos han fabricado; saben que es alguien, una persona que trasciende radicalmente lo material.En su amor conyugal ha fructificado, ha florecido el hijo, asombrosamente, como una perla preciosa, como un tesoro escondido. Además, la Revelación bíblica nos ayuda a descubrir que la fuente última de toda paternidad está en elCreador. El hontanar de cada persona se halla en una lejanía misteriosa y eterna, en el seno amoroso y omnipotente de la Trinidad. Cada ser humano existe porque ha sido pensado y amado por Dios; y destinado a la vida plenamente feliz con Dios. El hombre nos enseña la Biblia fue creado a imagen y semejanza de Dios.El nosotros dentro de Dios quiere reflejarse en el nosotros esponsal, familiar y social. En Cristo, Hijo amado, todo hombre es invitado a saberse en íntima relación con el Padre Eterno, a reconocerse hijo amado de Dios. El hombre dice Juan Pablo II en su primera encíclica, Redemptor hominis no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible; su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto, precisamente, Cristo redentor revela plenamente el hombre al mismo hombre. |
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Quien descubre su profunda identidad filial comprende que los otros son también hijos; que cualquier prójimo no es un extraño, sino otro yo, igual a mí, mi hermano, familiar mío. Y la sensibilidad, la finura humana, le lleva a percibir el lenguaje de la persona y del amor en la presencia del hermano: ¡No me maltrates, acógeme, ámame, vivamos tú y yo en fraternidad, en comunión!
PARA PROMOVER LA CULTURA DE LA VIDA
Al final, después de mucho vagar en las tinieblas, Raskólnikov despierta felizmente de su pesadilla. Descubre la verdad de su horrible crimen y la verdad de sí mismo. Gracias precisamente al amor de su hermana, Dunia, y de su novia, Sonia. Un amor intenso, tozudo, fiel, generoso, hondamente cristiano. Su prometida le acompañará en el presidio de Siberia. Debajo de la almohada tenía unos Evangelios. Sacó maquinalmente el libro.Pertenecía a Sonia:era el mismo donde le había leído la resurrección de Lázaro. El Papa nos invita hoy a todos a contrarrestar las manifestaciones de anticultura de muerte y a fomentar el Evangelio de la vida. El único método para descubrir y promover el sentido pleno de la vida del hombre sigue siendo el amor auténtico, cuya forma más grande es el amor cristiano. José Miguel |