|
|
Por otra parte, tampoco es verdad que los «Goya» se rinden ante Pedro Almodóvar, como ha titulado El País en portada, a todo trapo: si es verdad que de 14 candidaturas obtuvo 7 Goyas, no lo es menos que Solas, de 11 candidaturas obtuvo 5, y Goya en Burdeos, de 10 candidaturas, obtuvo otras 5; así que menos rendiciones, o, en todo caso, reparto de rendiciones, ¿no? Antonio Gala, cuando habla de los mártires de la guerra civil se pone nerviosísimo. Tanto que, para intentar desahogar su resentimiento, trata de insultar, olvidando su acreditado senequismo cordobés, y necesita recurrir a palabras sagradas pertenecientes a la realidad que pretende denigrar. ¡Pobre Gala! Ni la villanía llegó nunca a más, ni Gala a menos. Es todo lo que dan de sí estos progres de guardarropía y de boquilla, tipo Sardá quienes demandan un poquito de caridad cristiana con los mequetrefes, harían bien en pensar que la mejor caridad es decirles la verdad; o tipo Javier Bardem, que confiesa: Desconozco mis límites como actor; o tipo Santiago Segura, que confiesa: Como no tengo la suerte de ser Cary Grant, hago lo que sea; o tipo Berlanga, que hace el ridículo en los Goya (por cierto, ni se acordaron de su Tombuctú, ¿no se le caerá la cara de vergüenza?) Todos ellos, por lo visto, carecen de límites y hacen lo que sea. Todo vale. Pues no, todo no vale. Juan G. Bedoya escribe en El País: El pasado año, la Conferencia Episcopal que preside el cardenal Rouco decidió no pedir perdón para la Iglesia
ni siquiera por su implicación
en la terrible guerra incivil de 1936. No es verdad, y él sabe que no es verdad. La Conferencia Episcopal Española que preside el cardenal Rouco pidió expresamente perdón por el error de esa guerra incivil y lo hizo, obviamente, en nombre de los dos bandos. Afirmar lo contrario es mentir. Gonzalo de Berceo
corriente, pero Almodóvar no se merece todos los premios. A mi juicio, ni siquiera se merece el Goya a la mejor película del año que le acaban de regalar. Es mucho mejor, infinitamente mejor la suya, señor Zambrano. Si el cine es industria, dinero, marketing, mera técnica, virtuosismo artificial y formal
, entonces puede que la última película de Almodóvar mereciera el premio. Pero es que el cine o al menos eso es lo que yo creo es bastante más, mucho más que técnica y que dinero. Y ahí, en lo esencial, Almodóvar naufraga, por mucho que su reconocida humildad le haya hecho decir estos días esta frase que tanto le honra como desenmascara: Lo significativo no es que me premien; lo sería que no lo hicieran. Yo sé que esto que digo no sólo no es políticamente correcto, sino que políticamente es incorrectísimo. Pero, naturalmente, me importa poco. Sé que lo piensan muchas más personas, lúcidas, inteligentes y responsables, pero no se atreven a decirlo. Una sociedad cobarde, sórdida y desquiciada, da lo que tiene y premia lo sustancialmente sórdido y desquiciado, por muy maravillosamente que esté realizado desde el punto de vista técnico y formal. Lo siento.