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Una entrañable familia de clase media-baja americana, compuesta por cinco miembros con personalidades perfectamente definidas, pone en evidencia la sociedad y la cultura del país más influyente del mundo. Homer, el padre, es un gordo, calvo y mediocre, que consume cerveza y eructa sin pudor ante el televisor, que marca las pautas de su vida. Es vago, torpe, ruin y chaquetero. Posee, en fin, un cúmulo de virtudes que le convierten en el modélico padre de familia, elegido por Matt Groening para protagonizar esta serie de humor. Marge, su esposa, es la juiciosa y buena madre de Burt, Lisa y Maggie. Lisa es la voz intelectual de la familia, repelentemente aplicada y encantadora, y su hermano presenta un comportamiento socialmente reprensible, pero tiene un gran corazón. Estos dibujos, de una creatividad que los mantiene desde hace años en las distintas cadenas americanas y europeas, a pesar de la censura de muchas de ellas en EE.UU., son de una complejidad tal en cuanto a sus contenidos y la psicología de los personajes, que los convierten en un producto para adultos y no para niños, que, no obstante, son sus espectadores habituales. Es recomendable, en el caso del público infantil, que los mayores estén a su lado, para explicarles lo que no pueden entender, así como para ayudarles a hacer un juicio adecuado de lo que están viendo. Sin duda es uno de los programas más inteligentes e imaginativos, que actualmente pueden verse en antena, cargado de detalles de una fina ironía. Muchos de los capítulos acaban bien, incluso sorprende a veces la positividad que muestran; pero, en general, la acidez de su visión del mundo, apenas nos deja tregua. La serie realiza una feroz crítica, en clave de humor, del sistema de enseñanza, del clasismo social, de los medios de comunicación, de la violencia, del consumismo, de los valores que promueve la sociedad americana (y por influencia la nuestra), del trato a la tercera edad, de la competitividad propia del capitalismo, de la corrupción del ser humano en todos los órdenes; que por una parte es muy acertada, pero por otra nos muestra un mundo tan inconsistente, que no permite al individuo comprometerse con ningún aspecto de él. Es, por tanto, una mirada sobre las cosas, fruto de la mentalidad liberal americana, en la que no existe ningún problema para tratar cualquier tema, pero finalmente escéptica. La realidad no tiene significado. Esto puede apreciarse con claridad en los capítulos en los que se habla de Dios o de la religión, que, según Homer, no sirven para nada. Sólo la familia y el afecto a los seres queridos permanecen intactos a lo largo de todas las entregas, y ésta es una de las facetas más interesantes y por eso quizás más dañina, al aparecer sin su raíz religiosa de esta ficción. Los Simpson se quieren y se aceptan con todos los defectos que les caracterizan y la unidad entre ellos permanece a pesar de no ser precisamente perfectos. Patricia López Schlichting
Los Simpson