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Uno lee el título El hombre espiritual y el subtítulo Etica, moral y religión ante el nuevo milenio, y ve quién es el autor, Javier Sádaba, y lógicamente dice para sus adentros: Éste tiene que ser por fuerza un libro interesante. A medida que uno lo va leyendo, le entra a uno un progresivo desencanto al irse acrecentando la impresión que al final del libro es mucho más que una impresión de que el autor, tras un infumable prólogo de más de 20 páginas, se pierde, en la primera parte del libro, en una especie de batiburrillo en el que mezcla, sin ton ni son, a los vascos con China y con Toro Sentado y con una barahúnda de milenarismos, calendarios, pseudomovimientos religiosos, mesianismos secularizados a lo Marx, chimpancés, Mircea Elíade, cabalística
, y un uso muy reiterado de las palabras mito y fundamentalismo.
En la segunda parte se acumulan citas y más citas de pensamiento no débil, sino debilísimo, de intento de buscarle una lógica al misterio, y de mucho juego, un tanto pedante, de palabras; por ejemplo: Sabemos que las teorías formalistas de la utilidad económica quedan arruinadas por lo que se entiende bajo la denominación de «disonancias cognitivas». ¡Ah!, bueno, pues entonces nada Curiosa idea la que tiene de la moral (separada de la religión) este autor que da la impresión de creer que Dios funciona con la lógica humana y se enmaraña al tratar de explicarlo. Da también un poco la impresión de que el autor añora lo que critica, y ha de reconocer que la moral sola no tiene en su mano resolver el sentido de la vida. La tercera parte del libro contiene algunas divagaciones lúcidas sobre amistad, solidaridad, y nacionalismo. |
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