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Mañana, 11 de febrero, día de Nuestra Señor de Lourdes, miles de enfermos de todo el mundo acudirán a Roma para celebrar el Jubileo de los Enfermos. Será una fiesta que durará todo el día: a las 10 de la mañana tendrá lugar la celebración con el Papa al aire libre, en la plaza de San Pedro, si el tiempo lo permite. Por la tarde habrá una procesión festiva de luz y sonido, en la que enfermos y personas que les cuidan avanzarán, con velas encendidas, cantando. El día 12, en el Coliseo, los enfermos celebrarán el Víacrucis, y después, en el Aula Pablo VI del Vaticano, habrá una gran fiesta.
Con este motivo, el Papa Juan Pablo II ha enviado un Mensaje a todos los enfermos del mundo. En él nos pide a todos los creyentes que nos hagamos prójimos, como el buen samaritano, de nuestros hermanos que sufren, mediante el respeto, la comprensión, la aceptación, la ternura, la compasión y la gratuidad. Juan Pablo II también nos ha recordado que Jesús no sólo curó a los enfermos, sino que también fue un incansable promotor de la salud a través de su presencia salvífica, su enseñanza y su acción. Su amor al hombre continúa el Papa se manifestaba en relaciones llenas de humanidad que lo impulsaban a comprender, mostrar compasión y llevar consuelo, uniendo armoniosamente ternura y fuerza. Se conmovía ante la belleza de la naturaleza, era sensible al sufrimiento de los hombres, y combatía el mal y la injusticia. Afrontaba los aspectos negativos de la experiencia con valentía y sin ignorar su peso, y comunicaba la certeza de un mundo nuevo. Con estas palabras, Juan Pablo II nos recuerda que Jesús trajo la esperanza para todos, sobre todo para los que sufren. Cuando pensamos en una enfermedad, igual nos acordamos de cuando tenemos gripe y estamos en la cama con fiebre y mamá nos cura. La gripe es una enfermedad pasajera, que, aunque es muy molesta, se cura en unos días. Pero muchas personas, niños y mayores, tienen enfermedades mucho más graves que la gripe y tardan mucho tiempo en curarse, y, muchos de ellos, tienen que vivir en hospitales. A ellos tenemos que cuidarlos especialmente, porque Jesús siempre estuvo cerca de ellos, los más débiles. ¿Os acordáis de la parábola del buen samaritano? Eso es lo que nos pide Jesús que hagamos: cuidar y ayudar a los que más sufren. Además, y no lo olvidéis, seguro que hablando con ellos aprenderéis muchas cosas |