RetrocesoA&ONº 199/10-II-2000SumarioDesde la feContinuar
Francis Fukuyama
«La familia salvará el futuro
gracias a Internet»
Por su interés, ofrecemos una interesante entrevista publicada en Il Corriere della Sera,
al famoso politólogo norteamericano Francis Fukuyama, más conocido
como el autor de la teoría del final de la Historia

La familia ha muerto? No, no ha muerto. Al contrario, nunca había sido tan importante como pilar de la estabilidad social. Internet nos ofrece la oportunidad de contactar a miles de personas de todo el mundo; de almacenar información, intercambiar opiniones, aprender, discutir. Pero en la relación con nuestros interlocutores invisibles no hay pasión, alegría o sacrificio. La necesidad de la comunicación no virtual, del contacto, de las emociones, volverá a dar a la familia su verdadero valor. Ya se advierten importantes signos de esto.

El experto Francis Fukuyama, de la George Mason University, profesor de Política pública, rechaza la etiqueta de conservador, a pesar de que sus opiniones han desencadenado vivos debates y han hecho surgir numerosos intelectuales progresistas. Su visión de los problemas no es apasionada, sino analítica y extremadamente puntillosa. Su seminario sobre La familia como corazón de la civilización, ha sido uno de los acontecimientos más seguidos: las localidades estaban agotadas desde la apertura del Forum de Davos, lo que confirma el gran interés que este tema ha suscitado también aquí, donde se nada en las aguas de la globalización, de la crisis del euro, de los felices negocios del mundo rico y de las protestas de los gobernantes de los países más pobres.

El valor de la familia, en una sociedad dominada por la incertidumbre, se convierte en sujeto de ansiosas preguntas. También porque —afirma Fukuyama— la más atribulada es precisamente la familia occidental. Tomemos todo lo que ha sucedido en los últimos 30 años, en los Estados Unidos y en Europa. En Escandinavia, dos terceras partes de los niños nacen de parejas que cohabitan y que se han separado, o de divorciados. Se puede decir que, en general, el número de los chicos de 18 años crecidos en el ambiente biológico del que proceden es inferior al 50%. El fenómeno, que en Escandinavia tiene proporciones macroscópicas, está fuertemente presente en el mundo anglosajón, en la misma Italia. Las consecuencias, para los hijos, son muy serias. Porque la familia es la institución social que forja su carácter, que les educa para afrontar los desafíos del mundo. La causa de todo esto, creo yo, está contenida en otra que se considera una gran conquista: el ingreso masivo de la mujer en el mundo del trabajo. Desde hace al menos dos generaciones, en resumen, las mujeres han encontrado una nueva realización.

— ¿Y no lo encuentra positivo, profesor?

— Cierto, es una cosa absolutamente positiva. Pero, al mismo tiempo, todo esto ha provocado una fractura dentro de la familia, reduciendo el papel tradicional de la mujer, que era cuidar del crecimiento de los hijos. Pero hay también otro aspecto, también muy importante, que va unido a la contracepción. En los años 60, la llegada de la píldora fue exaltada como un paso fundamental hacia la liberación de la mujer, al desligar la reproducción, del acto sexual. La paradoja es que los anticonceptivos han contribuido a multiplicar los divorcios, separaciones de las parejas, madres solteras, dando la vuelta por tanto a la idea inicial. Al contrario que la liberación de la mujer, de hecho, lo que hemos visto es la liberación del hombre. Antes, si una mujer se quedaba embarazada, el hombre sentía el deber social de casarse con ella. Con la llegada de la píldora, el hombre se siente libre de realizar el acto sexual sin peligro de provocar embarazos. Consecuentemente, se ha vuelto menos responsable. Yo no soy tradicionalista, en el sentido de que no afirmo que la mujer deba renunciar a sus conquistas en el mundo del trabajo y en el control de la natalidad; pero yo creo que hace falta reconstruir el ambiente social en el cual los hijos puedan crecer sanos. Creo, por tanto, que es el hombre el que debe recrear su responsabilidad familiar.

— ¿Pero sobre qué bases Fukuyama cree posible, en la era de Internet, un relanzamiento de la familia, cambiando el cuadro que acaba de trazar?

— Si se me pregunta qué pueden hacer los Gobiernos, respondo: bastante poco. Pero la sociedad civil y la cultura pueden hacer mucho, y no sólo con la amplia difusión de mensajes sobre el valor del matrimonio y sobre la responsabilidad del hombre. Una ayuda puede venir de la tecnología. En los tiempos de la sociedad agrícola, la casa y el trabajo eran una única cosa. Después, con el desarrollo industrial, casa y trabajo se separaron. La gente abandonó el campo. En la ciudad, se salía por la mañana y se volvía por la noche. Hoy, con la revolución informática y el triunfo del ordenador, que te permite producir sin moverte, existe la posibilidad de ver reintegrado, al menos hasta un cierto punto, el binomio logístico casa-trabajo.

Pero el punto fundamental para el relanzamiento de la familia, lo repito, es el de la responsabilidad. En los Estados Unidos hay movimientos e instituciones muy activos. No estoy de acuerdo con los conservadores, que dicen que la religión es indispensable, pero una mayor sensibilidad religiosa puede ser útil. La sociedad estadounidense me parece aventajada respecto a la europea: la religiosidad, entre nosotros, está más acentuada.

Antonio Ferrari