RetrocesoA&ONº 199/10-II-2000SumarioDesde la feContinuar

De aquí y de allí
Ricos y pobres

Es una polémica eterna. ¿Son los ricos culpables de la pobreza? ¿Es conveniente limitar aquélla para que ésta disminuya? ¿Son, la una o la otra, fenómenos individuales o colectivos? ¿Son iguales la pobreza africana o centroamericana y la pobreza europea o norteamericana?

Un muy alto funcionario institucional acaba, allí, de insistir en lo que muchos colegas suyos tienen por una herejía financiera: que el poderoso Banco Mundial toma sus decisiones sin consultar a los países pobres y que los problemas de los mercados internacionales del dinero produjeron la bancarrota de muchos pequeños negocios así como la pérdida de numerosos empleos. Y quien así habla, el señor Joseph Stiglitz, es nada menos que el jefe de los economistas del Banco Mundial del que ha decidido retirarse para no sentirse (o para no ser) amordazado; fue antes Presidente del Consejo de asesores económicos del Presidente de los Estados Unidos y ahora volverá a ser profesor en una gran Universidad, la de Stanford; además, mantiene todavía buenas relaciones con el Presidente del Banco Mundial, el señor James Wolfensohn, que por cierto ha prestado mucha más atención que sus predecesores a los problemas de los pobres del mundo, aunque de las palabras de su colaborador se deduce que tal atención ha sido insuficiente.

Aquí, según los sondeos de opinión con los que empieza el año (por ejemplo, El País, 3-I-2000), los españoles tienden a creer que la situación económica ha mejorado. Comparada su opinión con la que tenían hace año y medio, aumentaron los que así lo creen y disminuyeron los que piensan que empeoró. El periódico apostilla que su consulta refleja una opinión mayoritariamente eufórica, sin precedentes, por parte de los españoles en cuanto a la situación económica. Y, aunque los opinantes coinciden con el Presidente del Gobierno en su disgusto por esa vía al enriquecimiento rápido conocida con el barbarismo de las stock options, tampoco ése es un asunto que parezca preocuparles mucho.

Ese optimismo predominante no debería impedir, antes al contrario, que empezáramos a inquietarnos seriamente por la pobreza en España. Nos preocupó en el pasado; y basten tres ejemplos: el estudio sobre La pobreza en España y sus causas, 1984, de la Fundación Ágape que dirigió don Jesús García Valcárcel, desdichadamente fallecido; el libro La nueva pobreza, 1989, de don Francisco Candel, encargado por la Generalitat de Cataluña; y el estudio colectivo La pobreza en España, hoy, 1994, de la Revista Documentación Social y la Fundación Argentaria. Convendría actualizarlos a la luz de una nueva realidad, venturosa: la de que, como demuestra un trabajo valiosísimo de próxima publicación, España ha saltado en un siglo, pese a todo, desde la pobreza a la opulencia; lo que nos obliga a no confiarnos, egoístamente, en la evangélica certeza de que siempre habrá pobres en el Valle de Lágrimas...

Carlos Robles Piquer