RetrocesoA&ONº 199/10-II-2000SumarioEn portadaContinuar
El dolor redimido
Si la tribulación es un elemento necesario de la redención, debemos esperar que no cesará hasta que Dios vea el mundo redimido o lo considere irredimible. El cristiano no puede creer, en consecuencia, a quienes prometen el cielo en la tierra con sólo hacer alguna reforma en el sistema económico, político o sanitario. Habrá quien piense que esta idea puede tener un efecto desalentador sobre las personas dedicadas a actividades sociales, pero no hay razones en la práctica para llevarlas al desánimo. La verdad es exactamente la contraria. Un agudo sentido para percibir las miserias comunes de los hombres es un estímulo para eliminar cuanta miseria nos sea posible, tan bueno como mínimo como esas insensatas esperanzas que inducen al hombre a buscar su realización quebrantando la ley moral, y que resultan ser polvo y lodo una vez cumplidas. Si la aplicáramos a la vida intelectual, la doctrina que afirma la necesidad de imaginarse el cielo en la tierra para comprometerse con la erradicación del mal actual revelaría de inmediato su incongruencia. Los hambrientos buscan comida y los enfermos curación, aun cuando sepan que tras la comida o la cura les seguirán aguardando los altibajos ordinarios de la vida. No entro en el problema de si son o no deseables cambios drásticos en nuestro sistema social. Tan sólo quiero recordar al lector que no se debe confundir una medicina particular con el elixir de la vida.

C. S. Lewis, de El problema del dolor (Rialp)