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El injusto reparto de las tierras y su creciente deterioro es una de las causas por las que cada vez más la propiedad de las tierras productivas está en manos de un número muy reducido de personas que viven en la opulencia, a la vez que las grandes masas de población se ven excluidas del acceso a los bienes básicos. Estos últimos poseen cada vez menos terrenos, y, en el caso de tenerlos, son de muy baja calidad. Los hay incluso que ni poseen una mínima parcela para poder subsistir. Todo esto provoca una pobreza rural que ya sufren más de mil millones de campesinos en todo el mundo.Países y vidas de personas se ven afectados de una forma directa y grave de la actual tendencia a la concentración de la tierra. Algunas consecuencias son la desigualdad económica y social, o la carestía de alimentos, ya que las tierras están infrautilizadas, y las mejores se dedican a los productos de exportación. Por ejemplo, 840 millones de personas ven limitado su acceso a las mismas tierras que producen alimentos a gran escala, dejando sin satisfacer sus necesidades locales. No hablemos de la opresión cultural por la que muchos grupos humanos se ven expulsados de forma legal que no legítima de sus tierras ancestrales que les pertenecen desde mucho antes de que se crearan los latifundios. Ahora se ven obligados a trabajar para éstos. Éste es el caso de los ogoni en Nigeria, de los tagaeri de Ecuador y de otros grupos indígenas que están perdiendo sus territorios para la explotación maderera, implantación de nuevos cultivos o extracción de petróleo. Otras consecuencias de esta concentración son el desempleo (ya que las grandes explotaciones generan pocos puestos de trabajo) y el deterioro ambiental. En algunos lugares, la deforestación ya no sólo la originan las transnacionales de madera, sino los campesinos que tienen que roturar nuevas zonas selváticas para sobrevivir. Brasil es un ejemplo concreto de la mala distribución de la renta. Aquí la propiedad de la tierra es sinónimo de poder, que hace que unos cuantos latifundistas la conquisten, empleando a veces la violencia contra aquellos que las lleguen a atravesar. En este país el 78 por ciento de la tierra cultivable lo tienen tan sólo un diez por ciento de los propietarios. En realidad, los grandes terratenientes (no llegan al uno por ciento) acaparan el 44 por ciento de las tierras. En Paraguay, menos del 1 por ciento de los propietarios posee el 78 por ciento de las tierras. Y en toda Iberoamérica, los pequeños propietarios (con parcelas inferiores a 5 hectáreas) poseen tan sólo el 1,6 por ciento del total de las tierras agrícolas del continente. |
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LOS NÚMEROS HABLAN
La riqueza crea pobreza. De otro modo no se explica la paradoja que se desprende del último informe de la FAO. Éste muestra cómo la producción de alimentos básicos creció en casi todo el mundo entre 1985 y 1995; y en 1997 se alcanzó una cifra récord en la de cereales. Todo esto en el mismo planeta en el que cada vez crece más el número de personas que padecen hambre. Cerca de 24.000 personas mueren cada día (una cada 3«6 segundos) de hambre o por causas relacionadas con ella. Como se ha visto, éste es un problema perfectamente remediable, y no es tanto un problema de alimentos, mas de distribución. Cuántas veces, a falta de iniciativas originales, se destruyen las excendencias con el fin de mantener unos ciertos niveles de producción. Mientras la mitad de los seis mil millones de habitantes de la Tierra sobreviven con unas 500 pesetas diarias. De éstos, mil quinientos millones no alcanza las 165 pesetas al día. Manos Unidas participó en la Eucaristía presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio M» Rouco Varela, por el lanzamiento de esta campaña contribuye a una mejor distribución de la tierra a través de algunos proyectos en el Sur. Su Delegación de Madrid financiará un total de 39 proyectos a través de la llamada Operación Enlace, para los que se necesitan 195.577.899 pesetas. Trece de estos proyectos están destinados al continente africano, doce se desarrollarán en Ámerica y catorce en Asia. Entre los diferentes actos organizados, que aún no se han celebrado, destacan las charlas en los centros de enseñanza, parroquias y asociaciones que se llevarán a cabo a lo largo de todo el mes. El pasado 11 de febrero Manos Unidas nos invitó al Día del Ayuno Voluntario con el fin de solidarizarnos simbólicamente por un día con los millones que ayunan a diario por necesidad. Hubó también dos gestos: un minuto de silencio a las doce del mediodía, y concentraciones a las 20 horas en la plaza mayor de cada lugar, llevando velas, en las que se leyó el Manifiesto contra el hambre y la desigualdad. La tierra no es un asunto de títulos de propiedad, ni sólo un lugar de cultivo. Para un africano el lugar al que pertenece es donde le han de enterrar. Y es que, todo hombre tiene derecho a su tierra, esa raíz a la que se siente ligado por diversos vínculos, por ser el lugar de sus antepasados, el que le ha visto crecer o por el que ha llegado a luchar. Benjamín R. Manzanares |